El escritor y colaborador televisivo Máximo Pradera ha protagonizado en las últimas horas un duro enfrentamiento en redes sociales con el periodista David Alandete a raíz de la interpretación de un artículo publicado en The Washington Post sobre la evolución económica de Argentina bajo el mandato de Javier Milei.
El origen de la polémica se sitúa en un mensaje difundido por Alandete, en el que celebraba lo que calificaba como un “decisivo espaldarazo” al presidente argentino por parte de la prensa internacional. En concreto, el periodista hacía referencia a una pieza de opinión del rotativo estadounidense en la que se destacaba la caída de la pobreza en el país sudamericano, pasando del 53% al 28% en un periodo de dos años, atribuyendo ese descenso a las reformas económicas impulsadas por el líder libertario.
A partir de ese punto, Pradera construye un hilo en la red social X - antes Twitter - en el que desmonta tanto el enfoque como la interpretación de esos datos. En su primer mensaje, acusa a Alandete - y a Antonio Naranjo por extensión - de incurrir en lo que denomina “periodismo cuántico”, una práctica que, según su descripción, consistiría en convertir una única pieza de opinión en la voz unánime de la comunidad internacional cuando resulta conveniente para la línea editorial de ABC.
"Periodismo cuántico"
El escritor no se queda ahí y profundiza en lo que considera una manipulación interesada de las cifras. Según sostiene, el dato del 53% de pobreza que se utiliza como punto de partida corresponde ya a un periodo en el que Milei había asumido el poder, lo que, a su juicio, desmontaría la narrativa de una mejora atribuible exclusivamente a las políticas del mandatario. “Lo mejor no es el entusiasmo, es el truco de trilero con las cifras”, ironiza Pradera en su hilo.
En esa misma línea, el autor plantea una crítica más amplia sobre la interpretación de los datos económicos en el debate público. A su entender, existe un doble rasero en el análisis: cuando los indicadores negativos coinciden con el mandato de Milei, se presentan como herencia de etapas anteriores; sin embargo, cuando se registran mejoras, se atribuyen directamente a la acción del presidente argentino y a su programa económico de corte liberal.
El tono del hilo se endurece en los siguientes mensajes, en los que Pradera dirige ataques directos tanto a Alandete como al también periodista Antonio Naranjo, a quien sitúa en una línea de actuación similar. El escritor llega a calificar a ambos como “pistoleros mediáticos” y cuestiona la ética profesional de este tipo de prácticas, señalando que en un contexto de mayor exigencia deontológica no tendrían cabida en la cobertura informativa.
Además, Pradera introduce un elemento adicional en su crítica al recordar que, según afirma, Alandete habría sido señalado por la Casa Blanca por difundir informaciones falsas en el pasado, un extremo que utiliza para reforzar su acusación de falta de rigor. Esta referencia sirve como base para intensificar su reproche, que no se limita al periodista sino que se extiende al medio en el que trabaja.
En ese sentido, el escritor apunta directamente a ABC, cuestionando que mantenga en su plantilla a profesionales que, desde su punto de vista, incurren en prácticas alejadas de los estándares periodísticos.
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