El Papa León XIV ha concluido su gira por Madrid, Barcelona y Canarias dejando un fuerte contenido político y civil que ha sacudido el tablero político de nuestro país. Este viaje, diseñado originalmente por Francisco I antes de fallecer, ha servido para que su sucesor continúe con fidelidad el legado de cercanía hacia los más desfavorecidos. Para el espacio progresista, el balance obliga a reflexionar con honestidad entre el aplauso a su valentía social y la crítica a sus deudas históricas.
Su gran acierto ha sido la coherencia: el discurso a favor de los migrantes y los colectivos vulnerables fue el hilo conductor inalterable de toda la semana. En Barcelona, antes de bendecir la colosal Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia (172,5 metros), el Pontífice protagonizó una de las postales más conmovedoras al saltarse el protocolo para escuchar a Valentina Sánchez, una niña de trece años afiliada a la ONCE. Ella le describió la estructura tocando una maqueta y le regaló un dibujo de cómo la percibe con el corazón. Este carácter humano e inclusivo, coronado por drones nocturnos con el lema de Gaudí (“Primero el amor, después la técnica”), culminó en Canarias. Su rotunda condena en los centros de acogida a la “industria de la muerte” y su exigencia de vías seguras no solo confrontan los discursos basados en el miedo y la exclusión, sino que validan los valores universales de solidaridad y derechos humanos.
Ese freno a la crispación lo llevó también al Congreso, donde su alegato contra la polarización defendió que la política debe construir puentes y no destruir al adversario. Sin embargo, la perspectiva de la justicia social impide caer en la complacencia. El viaje cierra con la dolorosa sombra de los abusos en la Iglesia católica española. León XIV perdió una oportunidad de oro para la reparación al dejar fuera de la agenda oficial a las principales asociaciones de víctimas, limitando el encuentro a colectivos seleccionados previamente. No escuchar sus testimonios, en un momento donde informes institucionales como el del Defensor del Pueblo exigen la máxima transparencia, contribuye a mantener el muro de opacidad de los sectores eclesiásticos más retrógrados.
Tras un accidentado cierre en Tenerife, donde una avería provocada por el viento en su avión de Iberia obligó a S.M. el Rey Felipe VI a ceder el Falcon de la Corona para su traslado, el balance final es claro. El incidente logístico no opaca una visita por momentos brillante y valiente. León XIV demostró sentido común y sensibilidad con la diversidad, aunque las deudas pendientes recuerdan que el camino hacia la plena justicia social aún no ha terminado. Para construir esa sociedad más digna, fraterna y libre de intolerancia, conviene recoger la máxima con la que el Pontífice bautizó esta histórica gira: “Alzad la mirada”. Una poderosa invitación tomada del Evangelio según San Juan (4,35) que nos empuja a levantar los ojos de nuestro propio ombligo y del cortoplacismo partidista para descubrir y proteger, de una vez por todas, la dignidad del prójimo. Solo elevando la perspectiva seremos capaces de reordenar con madurez las fichas de ese tablero político que el Papa, con su visita, ha vuelto a agitar.
Diego Ruiz Ruiz es militante del PSOE de Toledo capital
Síguenos en Google Discover y no te pierdas las noticias, vídeos y artículos más interesantes
Síguenos en Google Discover
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.