España

La lección de Óscar Puente que la derecha no supo dar

Un buen socialista jamás pronunciaría frases tan indignas y dolorosas como aquel "se iban a morir igual"

Diego Ruiz Ruiz
El exministro de Transportes, Óscar Puente, en su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso. EP
El exministro de Transportes, Óscar Puente, en su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso. EP

Hoy, en el día después, escribo estas líneas con una mezcla de sentimientos: por un lado, un profundo agradecimiento y el orgullo de pertenecer al mismo partido que Óscar Puente; por otro, la pena, la tristeza y el dolor en recuerdo a las víctimas de los accidentes de Adamuz y Urda. Jamás podremos olvidarles. Jamás permitiremos que dejen de ocupar el lugar de respeto que merecen en nuestra memoria colectiva. Porque si algo diferencia a la gente como Óscar Puente, o como yo mismo, es que jamás haremos un uso partidista del luto ni de las víctimas.

Un buen socialista jamás pronunciaría frases tan indignas y dolorosas como aquel "se iban a morir igual". ¿Le recuerda a alguien esa frase? Sí, pertenece a una señora que hace carroñerismo político cada vez que pisa una baldosa, aunque sea la de su propio dormitorio. Frente a esa deshumanización, hemos tenido a un ministro de Transportes que ha sabido plantar cara a lo peor que tiene este país: una extrema derecha jaleada por muchos que la votan ciegamente, como quien sigue a una manada o a un equipo de fútbol, capaces de perdonarles absolutamente todo aunque sus políticas sean dañinas para la mayoría.

La fulminante comparecencia de Óscar Puente en la Diputación Permanente del Congreso (a petición propia, recuerdo) y su posterior dimisión tras la catástrofe ferroviaria de Urda operan como un espejo incómodo para el bloque reaccionario, pero también como una lección de integridad para propios y extraños. Y esto no lo digo por decir; no me escondo. Lo expreso firmemente en estas líneas del mismo modo que lo he dejado reflejado estas últimas horas como respuesta directa en redes a los perfiles de ciertas personas que han sido muy relevantes hasta hace poco en el Partido Socialista, y que ante verdades como puños se quedan sin argumentos y respondiendo con simples signos de interrogación. Con todo el dolor del mundo, tengo que reconocer que sus actitudes actuales desde la barrera me entristecen enormemente.

Su renuncia nos duele profundamente a todos los socialistas, pero a su vez nos enorgullece. Al asumir el coste en primera persona, Puente se retira con la cabeza alta y descoloca por completo la cacería que PP y Vox tenían perfectamente diseñada. Mientras desde el Partido Popular nos acostumbran a ver a dirigentes como Carlos Mazón aferrándose al cargo tras una catástrofe, el socialismo responde con decencia en el minuto uno. Quienes celebraron antes de tiempo y ya se estaban repartiendo ministerios de cara al 29-N van a sufrir muchísimo hasta ese día. Ahora empieza una etapa nueva y diferente donde quien mejor sepa colocar la memoria, los sentimientos y el corazón en la campaña demostrando verdad, sentido y sensibilidad humana, ganará la partida aunque en la vida por mucho que algunos se empeñen deben importar más las personas y contar con ellos como son en cuerpo y alma que hacerlo como simples votos.

 

Diego Ruiz Ruiz es militante del PSOE de Toledo capital

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