El taxímetro está en marcha. Aún queda para las elecciones generales del 2027, pero a la izquierda alternativa no quiere que la convocatoria le pille con el pie cambiado y ya aparece el otoño como época clave para despejar buena parte de su futuro. Después de meses de conversaciones, actos conjuntos y propuestas difuntas antes de nacer, el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo, ha fijado un calendario más concreto. Aunque no quiere decir que sea la hoja de ruta a seguir, el dirigente andaluz cree que septiembre y octubre deben ser los meses en los que se defina el proyecto, se le dé un nombre y se resuelva la incógnita de su liderazgo. Para esto último, de hecho, no se parte desde la nada, pues el propio Maíllo reconoció en El País que ya se han producido contactos.

En una entrevista concedida al citado medio, Maíllo expuso el calendario ideal para que la izquierda a la izquierda del PSOE pueda rearmarse antes de la gran cita del próximo ejercicio. Parte de una previsión propia, habida cuenta de que concibe la posibilidad de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anticipe los comicios antes de las municipales y autonómicas del próximo mes de mayo, por lo que sitúa marzo como fecha más que plausible. Es el escenario que el dirigente de Izquierda Unida tiene en la cabeza para justificar la necesidad de acelerar el proceso de reconstrucción de su espacio.

La operación tampoco implica formalmente la desaparición de Movimiento Sumar ni existe todavía una candidatura cerrada. En cambio, sí está en marcha la búsqueda de una fórmula electoral en torno a Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Mas Madrid y Catalunya En Comú. Una entente de partidos que ya escenificó el pasado mes de febrero el inicio de una nueva etapa bajo el lema Un paso al frente. Desde entonces, el proceso ha avanzado a cuentagotas, sin resolver las cuestiones troncales.

Otoño como horizonte

No es la primera vez que Maíllo mete presión para mover a las fuerzas progresistas. El pasado mes de julio ya reivindicó la necesidad de resolver cuanto antes tanto el liderazgo como la marca electoral. El coordinador federal de Izquierda Unida defendió entonces que el objetivo no debía ceñirse a una recomposición exacta del espacio que concurrió bajo el paraguas de Sumar en 2023, sino a construir una nueva confluencia.

Ahora acota los plazos. Preguntado por el futuro de la izquierda, sostiene que septiembre y octubre deben servir para culminar el proyecto, presentar su denominación y definir quién lo encabezará. Cuando se le interroga directamente si ya se ha contactado con esa posible figura, responde afirmativamente, aunque evita dar nombres.

El abanico permanece abierto hasta el punto de que las fuerzas implicadas no exigen que el candidato pertenezca a alguno de los partidos. Maíllo y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, explicaron en julio que contemplan recurrir a una personalidad ajena a las organizaciones si existe consenso suficiente. La búsqueda se produce además sin Yolanda Díaz como candidata. Su renuncia a repetir como cabeza de cartel dejó al espacio sin la figura con la que concurrió a las generales de 2023 y obligó a repartir el peso de la reconstrucción entre las organizaciones que lo integran.

Maíllo insiste en que el proyecto debe definirse antes que el liderazgo. En su entrevista calcula que entre el 11% y el 18% de la población podría identificarse con esa propuesta; una cifra que corresponde a una estimación del propio dirigente y no sugiere el respaldo de una metodología que permita tratarla como una previsión electoral.

Un espacio todavía por ordenar

La nueva fórmula tiene un núcleo reconocible, pero sus límites siguen abiertos. IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y los Comuns protagonizan el proceso desde principios de año. En julio también seguían abiertos contactos con organizaciones como Compromís, Ara Més, Chunta Aragonesista y el Partido Verde, sin que esas conversaciones hubieran desembocado aún en una integración definitiva.

Ese planteamiento supone una corrección respecto a la construcción original de Sumar, muy vinculada al liderazgo de Yolanda Díaz. IU lleva tiempo defendiendo una estructura en la que los partidos mantengan mayor autonomía y el proyecto común se articule mediante acuerdos entre organizaciones y desde los territorios. Precisamente ese encaje territorial será uno de los asuntos a resolver. Más Madrid, por ejemplo, anunció en junio su intención de concurrir por separado a las elecciones autonómicas madrileñas, aunque participa en la construcción de la alianza estatal. La futura candidatura tendrá que compatibilizar, por tanto, estrategias diferentes según su emplazamiento.

Podemos sigue fuera del núcleo

La mayor incógnita continúa siendo Podemos. La formación de Ione Belarra no forma parte del grupo que impulsa Un paso al frente y mantiene una relación complicada con Sumar desde la ruptura producida durante la legislatura iniciada en 2023. Eso no significa que cualquier acuerdo sea imposible. La experiencia andaluza demostró esta primavera que Podemos, IU y Movimiento Sumar pueden compartir candidatura cuando existe un pacto territorial. Las tres organizaciones concurrieron juntas dentro de Por Andalucía, aunque el resultado quedó por debajo de sus expectativas.

Podemos mantiene, por ahora, una estrategia propia a escala estatal. Ione Belarra tampoco ha cerrado completamente la puerta a acuerdos con IU, pero no existe un pacto que permita dar por hecha la incorporación de los morados a la futura candidatura. Para Maíllo, ampliar el espacio sería una de las condiciones para reforzar la alternativa electoral. El problema sigue siendo cómo reconstruir una alianza después de años de enfrentamientos sin reproducir las tensiones que terminaron debilitando las experiencias anteriores.

Más distancia con el PSOE

La reorganización coincide además con un momento de mayor diferenciación respecto al PSOE. El ejemplo más inmediato es Almaraz. Sumar acusó este viernes a su socio de incumplir el acuerdo de Gobierno después de que el Ejecutivo prorrogase hasta 2030 el funcionamiento de la central nuclear extremeña. El pacto firmado en 2023 contempla un cierre escalonado del parque nuclear entre 2027 y 2035, mientras el PSOE defiende que la modificación de Almaraz no altera el horizonte final.

Marruecos ofrece otro terreno de discrepancia. En la misma entrevista, Maíllo reclama revisar la relación bilateral tras la crisis de Ceuta, cuestiona el giro de Sánchez sobre el Sáhara Occidental y defiende excluir a Marruecos de la organización del Mundial de 2030 junto a España y Portugal. Estas diferencias no implican por sí solas una ruptura del Gobierno, pero sí ofrecen a las fuerzas de Sumar espacios desde los que reforzar un perfil propio mientras preparan su siguiente proyecto electoral.

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