El PSOE atraviesa uno de los peores momentos de su historia reciente. La actualidad judicial, marcada por la reciente imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra, la delirante causa sostenida por el juez Juan Carlos Peinado contra Begoña Gómez o el desfile por tribunales del hermano del presidente del Gobierno, está agravando los temores en las filas socialistas. Tiempo es lo que pide Ferraz, pero la cercanía de la próxima etapa electoral, que afecta a nuevas Comunidades Autónomas y a la totalidad de los Ayuntamientos, está agitando el gallinero.
Cuatro comicios (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) se han sucedido en el último medio año y en todos los territorios se ha dado el mismo resultado: el Partido Popular (PP) se ha impuesto como claro ganador, aunque requiere del apoyo de Vox en todos los escenarios. Las previsiones en el resto de zonas no son buenas y los socialistas presencian con malestar la posibilidad de que vuelva a repetirse la situación de 2011, con un mapa entero teñido de azul, pero más verdoso, y el PP en La Moncloa.
Las encuestas no son halagüeñas en casi ningún territorio. Los archipiélagos, tanto Baleares como Canarias, parecen casi imposibles de recuperar, según la mayoría de encuestas. Lo mismo sucede en La Rioja o Cantabria. Ni qué decir de la Región de Murcia o la Comunidad de Madrid, dominadas con mano de hierro por la derecha. Además, el Principado de Asturias, Navarra, y Castilla – La Mancha penden de un hilo. Incluso la Comunidad Valenciana, marcada por la gestión de Carlos Mazón de la Dana, podría volver a elevar al PP.
Este mal augurio puede estar detrás del endurecimiento de la oposición de Emiliano García-Page, barón habitualmente díscolo con la dirección de Ferraz, y de la aparición de más voces crítica. Situación adversa a la vivida en territorios como Cataluña, con una proyección electoral totalmente diferente, donde el actual presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha optado por el apoyo leal a Pedro Sánchez. Los territorios con mayor peso del nacionalismo se resisten a la catástrofe dibujada por el PP, pero Génova ha visto una ventana de oportunidad.
Feijóo se lanza por Cataluña y País Vasco
Los de Alberto Núñez Feijóo no están sufriendo el efecto de los juicios de los mayores escándalos de corrupción de la historia (caso Kitchen o caso Púnica), que se están juzgando en estos momentos, a la par que las causas que afectan al PSOE, pese a circunscribirse los hechos a hace más de una década. Génova y sus votantes dan por amortizada la operación para espiar y difamar a rivales políticos o robar pruebas de la Gürtel a Bárcenas utilizando los recursos y fuerzas del Estado.
Si bien ya no son tan libres como en aquellos tiempos de martillos. Los de Santiago Abascal son llave en todas las autonomías donde se han abierto urnas y ya han accedido a dos Gobiernos (Extremadura y Aragón), con la previsión de que suceda lo mismo en Castilla y León y la duda de cómo se materializará en Andalucía. La prioridad nacional y otras tesis racistas, además del cercenado de otros avances, está presente en todos los pactos suscritos por ambas marcas hermanadas.
La mochila ultraderechista plagada de banderas de España lastra a Feijóo en Cataluña, donde sí convence la misma extrema derecha envuelta en esteladas, y País Vasco. Génova es consciente de que su mínimo peso en estas autonomías ha frustrado en más de una ocasión sus pretensiones de llegar a la Moncloa, razón por la que algunos cañones han dejado de apuntar al PSOE para dirigirse al Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Junts per Catalunya, a quienes busca responsabilizar de mantener a Sánchez en la actual situación convulsa.
Desde hace varias semanas, Feijóo y sus principales voces, especialmente Miguel Tellado y Ester Muñoz, señalan con el dedo a las derechas vasca y catalana. En estos territorios, el resultado del PP es muy malo, por lo que Génova considera que es relativamente fácil mejorarlo si consiguen aprovechar la tesitura. Si bien también supone un peligro a la larga, pues la lógica electoral podría obligarles a necesitar los apoyos de los Carles Puigdemont y/o Aitor Esteban. Un nuevo volantazo que podría suponer la ansiada victoria de Feijóo, pero también su derrota futura.
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