Encontrar un hueco para charlar con Emilio Delgado este jueves fue tarea dificil. El diputado de Más Madrid en la Asamblea está muy solicitado. De hecho, llega apresurado de hacerse fotografías para otra entrevista. Entiende que es lo normal. Delgado está en el centro de la conversación sobre el futuro de la izquierda estos días, después de que la charla que dará el próximo 18 con Gabriel Rufián haya coincidido con el paso al frente del republicano para reunir a las fuerzas progresistas. Y más aún desde que Sumar, la coalición de la que forma parte su partido, haya tomado la iniciativa para reinventarse y liderar esta transformación.

Delgado no cree que sea una voz discordante dentro de Más Madrid. Asegura que tanto él como su partido -que dejó claro en la Asamblea que Mónica García no va a postularse, de boca de su portavoz, Manuela Bergerot- están en el mismo barco. Quiere dejar claro, en su charla con ElPlural.com, que esto no va de siglas: "Conseguir que la gente deje de bostezar ante las intervenciones de la izquierda. Ese es el gran reto". Delgado pone el foco en el ascenso de la ultraderecha en las urnas, y el reto de que a la izquierda no le roben la palabra en "cuestiones como la identidad nacional, los espacios populares, o el sentimiento religioso". Asegura que de eso es lo que tratará su charla junto a Gabriel Rufián.

El diputado es muy crítico con la deriva de Podemos. El partido de Ione Belarra se ha cerrado en banda con este carrusel de iniciativas. No quieren saber nada, ni de Sumar ni de Rufián. Delgado lamenta que "Podemos ha hecho tres cosas que le han conducido a una situación de soledad absoluta" en el espectro de izquierdas.

PREGUNTA (P): Estamos ahora en la conversación sobre el estado de la izquierda a la izquierda del PSOE, que viene a raíz del ascenso de la ultraderecha en las últimas elecciones. En este contexto has anunciado que vas a participar en una charla con Gabriel Rufián, que está postulándose como la alternativa a lo que hay ahora. Habéis dejado claro que la charla no tiene nada que ver con un posible proyecto, pero ¿en qué va a consistir esa charla?

RESPUESTA (R): Lo primero que voy a plantear es la expresión de "izquierda a la izquierda del PSOE". Yo formo parte de Más Madrid, que es la primera fuerza de la oposición en Madrid y que no se autodefine en función de dónde se ponga el PSOE. A partir de ahí, efectivamente, he invitado a Gabriel Rufián a tener un encuentro en Madrid para hablar del 98% de lo que no se está hablando en torno a los problemas o a las dificultades que está mostrando la izquierda para conectar con mayorías sociales. Aquí se está hablando mucho de las siglas, de si van dos partidos o tres o cuatro, pero es una conversación que compete a las direcciones de los partidos y a los partidos. Yo lo que estoy planteando es que, independientemente de la fórmula que busquemos para presentarnos a unas elecciones, el problema es de mayor calado y es mucho más complejo. Y tiene que ver con la dificultad que tiene la izquierda de que sus propuestas claramente beneficiarían a una mayoría social que finalmente no las avala cuando se abren las urnas.

Y ahí creo que tenemos que plantearnos cuestiones como las banderas que hemos ido regalando a la derecha por el camino, que tienen que ver en muchos casos con cuestiones como la identidad nacional, los espacios populares, cierto sentimiento religioso sobre el que la izquierda parece que no tiene nada que decir, la familia, la seguridad... Para que se me entienda el símil informático, hablamos de la carcasa del ordenador, de los componentes. Pero por muy bueno que sea el ordenador, si el sistema operativo no está actualizado, si no sabe para qué funciona el ordenador, al final se cuelga y la gente deja de usarlo. Sobre esos temas son sobre los que vamos a hablar Rufián y yo el próximo 18.

P: ¿Crees que el problema que hay ahora mismo en la izquierda, incluyendo en este caso también al PSOE, es la falta de autocrítica?

R: Claro. Yo no creo que la izquierda entre en crisis porque pierda votos, creo que entra en crisis porque no se está planteando por qué los pierde. Aquí de lo que se trata es de poner de acuerdo a una mayoría de gente transversal, muy diferente entre sí, que tiene muchas contradicciones, pero que está de acuerdo en lo fundamental. ¿Qué es lo fundamental? Justicia, libertad, seguridad, las grandes palabras que en muchas ocasiones hemos abandonado. No basta con un proyecto reactivo de "que viene la derecha", porque parece que a la gente no le preocupa. Lo que le preocupa es que tú no seas capaz de ofrecerles un horizonte alternativo más seductor, que tenga su componente épico, que tenga un componente de transformación de la sociedad de calado, no solamente que se limite a subir un poco el salario mínimo o a bajar la jornada laboral, sino que apunte a una transformación profunda de la sociedad en clave de emancipación humana, en clave del reparto del trabajo, del tiempo y de la riqueza.

P: Para llevar a cabo esas iniciativas, ¿coincides con Rufián en que hace falta más unión entre fuerzas, más allá de las siglas, de cara a la gente? ¿o confías en que el planteamiento actual puede encabezar esa transformación?

R: Creo que son dos discusiones distintas. Una tiene que ver con la unidad de la izquierda, que puede ser útil o no en función de lo que los partidos ofrezcan a la sociedad. Si esos partidos ofrecen es lo de siempre, da igual que sean cinco, diez o quince. Si ofrecen algo distinto, puede tener mucho sentido para optimizar el resultado electoral según qué circunscripciones, por ejemplo. No es lo mismo que se federen fuerzas que tienen peso en su territorio a federar cosas que no tengan ese peso. Por eso creo que no es una respuesta de sí o no, sino un depende.

Y luego hay otra cuestión, y es la de los partidos vs la gente. A mí me está llamando mucho la atención que un acto como el que hemos planteado, que está desbordando todas las previsiones y que está teniendo un impacto que creo que es innegable y que ha insuflado esperanza, alegría y atención por parte del pueblo progresista, se ha recibido con muchas cautelas por parte de la burocracia de los partidos. Y creo que eso es revelador y que merece una reflexión. Cuando lo que ofrecen los partidos va en sintonía con lo que la gente pide en la calle, la cosa funciona. Cuando los partidos se separan de lo que la gente pide en la calle, hay más dificultades.

Conseguir que la gente deje de bostezar ante las intervenciones de la izquierda. Ese es el gran reto.

P: Sobre los territorios y lo que cada partido hace en su federación, en todo este planteamiento estamos hablando de una votación en concreto, no algo más ambiguo como 'el futuro de la izquierda'. Es algo tangible de cara a una fecha electoral, unas generales.

R: Correcto. Yo creo que se trata de tomar nota de que las posiciones reaccionarias van ganando terreno en cada convocatoria electoral. En relación a las generales, se trata de cómo nos organizamos para que no suceda lo mismo, y este país no caiga en manos de gente que no viene aquí solo a privatizar un poco más, que no solamente viene aquí a atacar los derechos de los trabajadores, a poner la vivienda en manos de especuladores. Además trae debajo del brazo un nuevo proyecto reaccionario que estamos viendo los resultados que tiene en Estados Unidos, por ejemplo, deteniendo niños de cinco años. El plan es que los Desokupa de hoy sean el ICE de mañana.

¿Cómo paramos eso en unas elecciones generales? Eso es un carril corto en el que están trabajando las direcciones de los partidos políticos. Y yo ahí no entro, tengo mi opinión, pero no voy a entrar. Y luego hay un carril más largo que tiene que ver con, una vez hecha esa propuesta de convocatoria electoral, ¿qué van a decirle esos partidos a la gente? ¿cómo van a conseguir esos partidos que haya una mayoría social que se sienta interpelada por lo que cuentan y que vote con ilusión y con ganas de parar el proyecto reaccionario? Conseguir que la gente deje de bostezar ante las intervenciones de la izquierda. Ese es el gran reto.

P: Te quería preguntar también por la presentación del nuevo proyecto de Sumar -la fecha, estaba planeada con anterioridad a lo que ha hecho Rufián-. Lo primero, ¿Rufián se puso antes en contacto con vosotros?

R: Son dos cosas distintas. Está la propuesta de Rufián de cara a unir a la izquierda, que lleva haciéndola muchos meses, y que yo creo que cuando menos merece la pena pararse a escucharla, en vista de cómo está el patio. No creo que estemos sobrados de soluciones, yo creo que hay que escuchar a todo el mundo. También a las fuerzas que el día 21 van a poner sobre la mesa una propuesta. Y luego está el acto, en el que no vamos a hablar de propuestas, de fórmulas electorales. Se trata de que esos dos carriles no solo son contradictorios, sino que son compatibles.

P: Y dentro de ese nuevo proyecto de Sumar, que se va a presentar el día 21, ¿dónde está Emilio Delgado?

R: Emilio Delgado va a estar donde quiera la gente que esté. Yo no he venido a estar en política, he venido a hacer política. Y eso es lo que he ido haciendo desde muchísimo antes de estar en instituciones. Mi vida entera ha sido hacer política. Me gusta hacer política, la voy a seguir haciendo. Y el día que no la pueda hacer, pues me iré a mi casa, que yo no tengo problema. O sea que tengo más vida laboral fuera de la política que Ayuso y Abascal juntos. No es ese mi problema. Mientras yo pueda hacer política, la voy a hacer donde quiera la gente. Si la gente entiende que soy útil en el Congreso, pues estaré encantado. Si la gente entiende que soy útil en la Comunidad de Madrid, pues estaré encantado. Y si la gente entiende que soy útil yéndome a mi casa, pues me iré a mi casa.

P: Durante estos días, ¿te has sentido una voz discordante dentro de Más Madrid? ¿O vas en sintonía con el partido?

R: No, yo creo que en Más Madrid hay hueco para muchísimos planteamientos. Y sería absurdo pensar que por hacer política, que es por lo que a mí se me llamó y por lo que estoy en Más Madrid, alguien se iba a sentir incómodo. Yo creo que, como digo, el planteamiento que hago, en el caso del día 18 con el acto que hemos planteado, no solo no va en contra de nadie, sino que beneficia a todo el mundo. Y ante eso, me extrañaría mucho que alguien pudiera ponerle pegas.

P: Toda esta deriva a la que ha llegado la izquierda tiene como punto de partida a Podemos. Es llamativo cómo, tanto en el proyecto de Sumar como en lo que acabe siendo lo de Rufián, Podemos se está desmarcando totalmente, y ya ha dicho que no va a participar en ninguno de los dos. ¿Cómo ves tú la postura de Podemos y cómo está la relación ahora mismo con el partido?

R: A mí no me corresponde hablar de otros partidos, de la vida interna o de las decisiones que tengan que tomar. Si me preguntas por mi percepción, creo que Podemos ha hecho tres cosas que le han conducido a una situación de soledad absoluta en relación al resto de la izquierda. La primera de ellas fue abandonar los planteamientos transversales que dieron origen al partido, y que consiguió que tuvieran setenta y tantos diputados [71, en 2016]. La segunda de ellas, un cierre autoritario del partido hacia adentro, en el que todo el mundo se convirtió en un traidor si discrepaba lo más mínimo de la línea oficial. Y la tercera de ellas, organizar campañas de acoso en redes sistemáticas contra muchas personas, yo entre ellas, pero no soy el más importante. Yo creo que hay prácticas que deberán ser desterradas de la vida política española. No es de recibo que se organicen razzias [del francés: 'incursiones'] en redes sociales con gente acosando a políticos o periodistas porque no coincidan con lo que quieren que digan algunas personas de la dirección de Podemos. Dicho esto, yo tengo el máximo respeto por los votantes y por muchísimos militantes de Podemos. Creo que, que haya un entendimiento entre todas las fuerzas políticas, no es tan difícil, pero no vale solo por la voluntad de una parte, debería haber voluntad por todas.

P: Y, tengan o no voluntad, ¿crees que habría que hacer lo posible por intentar contar con Podemos?

R: Yo creo que ellos ya han dejado claro que no quieren estar en ningún sitio y creo que los partidos de lo que tienen que hablar es de los problemas de la gente, porque cuando los problemas de los partidos se convierten en el protagonista la gente deja de prestar atención. Yo creo que lo que toca es volver a hablar de por qué la gente trabaja como una mula y no es capaz de pagar un alquiler, de por qué aquí venía la gente del campo y con el tiempo conseguía comprarse una casa y con el tiempo otra en la playa y sacar una familia adelante, y ahora con dos sueldos de funcionario prácticamente es imposible pagar un alquiler. De por qué están avanzando oposiciones que amenazan derechos, libertades, derechos laborales, sociales, políticos, de todo tipo. Y qué tenemos que decir ante eso, de todas esas cuestiones es de lo que hay que hablar. Los problemas de los partidos políticos suponen un culebrón que lo que hace es espantar a todo el mundo.

P: Y ya para terminar. Has dicho que vas a estar donde la gente quiera que estés. ¿En dos años te ves en Móstoles, en la Asamblea o en el Congreso?

R: Es una pregunta que está llena de matices. Depende de cómo vayan sucediendo las cosas. Yo no sé qué se va a presentar a las elecciones generales, no sé cómo va a ser la situación en Madrid, es difícil como concretar algo así. Yo lo que puedo decir es que tengo la voluntad absoluta de defender las posiciones en las que creo allá donde pueda ser útil. Y lo que te comentaba antes: si alguien entiende que puedo ser útil en el Congreso diciéndole a Abascal y a Feijóo lo que le estoy diciendo ahora a Ayuso, perfecto. Y si alguien cree que soy útil en Madrid defendiendo los servicios públicos, el acceso a la vivienda y un Madrid distinto, también perfecto. Y si se decide que soy útil yéndome a mi casa, pues para Mostoles que siempre hay que estar allí.

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