Jorge Mario Bergoglio, el 266 Papa de la Iglesia Católica, está demostrando poseer una inteligencia política que ya hubieran querido para sí sus dos antecesores en el sillón de San Pedro. La última jugada maestra de Francisco (por algo es argentino, aunque ni del River Plate ni del Boca Juniors, sino del San Lorenzo) tiene a España como destacada protagonista. El Papa bonaerense ha logrado de una sola tacada deshacerse del cardenal conservador Antonio Cañizares, nombrado por Benedicto XVI Prefecto de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de Sacramentos, y del no menos ultracatólico Antonio María Rouco Varela, a quien el hasta ahora ministro de la curia romana sustituirá al frente del Arzobispado de Madrid, según apuntan todos los analistas vaticanos, que señalan a este lunes, 9 de diciembre, como el día elegido por el sumo pontífice para anunciar el cese del purpurado valenciano de la élite de la curia romana y su nombramiento como máximo dirigente de la Iglesia madrileña.

Cañizares el día de su entronación en Roma como cardenal Antonio Cañizares durante la ostentosa ordenación de dos sacerdotes, celebrada en 2007 en el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, en Italia, luciendo una magna capa. (Foto: Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote)



La caída en desgracia de Rouco…
La fecha del 9 de diciembre no es baladí ya que se trata del día de la patrona de Toledo, Santa Leocadia, archidiócesis de la que Antonio Cañizares fue cardenal primado entre 2002 y 2008, ni tampoco es casual que sea el elegido para sustituir a Rouco Varela, del que es enemigo íntimo a pesar de que ambos están cortados por el mismo patrón neoconservador, lo que no les impidió enfrentarse abiertamente en la Conferencia Episcopal y por el control de la Cadena Cope. En ambos casos se hizo con las riendas el ahora caído en desgracia arzobispo de Madrid, que dada su edad, 77 años (diez más que Cañizares), tendrá que dejar todos sus cargos antes del próximo verano.

…El regreso controlado de Cañizares…
Analistas vaticanos que también coinciden en apuntar que el regreso de Antonio Cañizares a la Iglesia española está controlado directamente por el Papa Francisco, conocedor como es de la militancia conservadora del cardenal valenciano que, sin embargo, mantiene extraordinarias relaciones con destacados miembros del PP (Sáenz de Santamaría, Jorge Fernández, Gallardón) y del POSE (Bono, Zapatero), un hecho valorado por el Vaticano que quiere equilibrar la balanza episcopal en España, donde hasta ahora la ultraortodoxia impuesta por Rouco Varela era el pan nuestro de cada día. Cañizares tendrá poder, sí, pero controlado por Roma y por la Conferencia Episcopal, que ya no llegará a presidir, a pesar de haberlo intentando en otras ocasiones, porque el Papa ha pensado en otro obispo.

Cañizares, Blázquez y Rouco Cañizares, Blázquez y Rouco



…Y la confirmación de Blázquez
Obispo que no es otro que Ricardo Blázquez, actual vicepresidente de la Conferencia Episcopal, que con la ayuda indirecta de Cañizares llegó a presidir entre 2005 y 2008. Ahora, el arzobispo de Valladolid, del que se habla como nuevo cardenal junto al valenciano Carlos Osoro y del castrense Juan del Río, vuelve por sus propios fueros y se hará cargo del gobierno de la Iglesia española con todas las bendiciones de Roma. De esta forma, el Papa Francisco consigue un equilibrio entre los obispos progresistas y conservadores, pero aleja definitivamente a los hooligans que como Rouco Varela han estigmatizado a la institución eclesiástica en España.

El cardenal de jet set
De cualquier forma, no hay que olvidar que el llamado a suceder a Rouco Varela no es, precisamente, el pastor austero que necesita la Iglesia española para convencer a los que han decidido abandonar esta doctrina por los excesos de la élite eclesiástica, ya que Antonio Cañizares es conocido entre los purpurados como el “cardenal de la jet set”, como lo prueban sus inclinaciones por oficiar bodorrios de las hijas e hijos de los poderosos (Lara, El Pocero, Molina…), o de sus extravagantes preferencias por la moda decimonónica cardenalicia, muy del gusto, por cierto, del Papa emérito Ratzinger.