Momento histórico el que tendrá lugar este martes, cuando el Consejo de Ministros apruebe definitivamente la desclasificación de los documentos relacionados con el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23-F) que hizo tambalear los pilares de una democracia todavía en pañales y que algunos intentaron volver a apropiarse por la fuerza.
45 años después, la ciudadanía española espera que la decisión del Ejecutivo dé respuestas a cuestiones que nunca se han resuelto, seguramente la principal de estas preguntas pasa por conocer qué papel desempeñó realmente el rey ahora emérito, Juan Carlos I, una de las figuras clave en aquella jornada y que, según ampara la Historia, dejó en nada en alzamiento militar.
El papel del rey Juan Carlos
A la pregunta formulada por este periódico sobre si la información que verá la luz puede hacer tambalear el sistema actual, sostenido por la monarquía, el historiador Francisco J. Leira Castiñeira considera que no, si bien no descarta que pueda generarse un “momento de crisis” en el seno de la realeza “si sale algún papel relacionado con la Corona”. “De ahí a que se tambalee o haya la posibilidad de que surja una república, no lo creo porque todo quedó atado y bien atado”, explica.
Refuerza esta idea con el hecho de que Juan Carlos se encuentre fuera de España y poco menos que desterrado por su hijo Felipe en tanto en cuanto el actual rey ha hecho su camino en la medida de lo posible sin atender a su padre, al que rodean infinidad de polémicas y lleva tiempo en el extranjero. “Estando el rey emérito fuera de todo tipo de actividad oficial, pienso que es muy complicado cualquier tipo de estructura, pero sí que puede generar un momento de crisis”, refrena.
En este sentido, el protagonista de las presentes líneas, profesor a su vez de la Universidad Carlos III, recuerda que el 23F fue un momento en el que “la democracia adquiere esa legitimidad de ejercicio”, y “parte de la posibilidad de realizar una Constitución se adquiere cuando el monarca sale en TVE a decir que el golpe de Estado ha fracasado y a defender la democracia”. “
Autor de varios libros, en el último de ellos Leira habla, precisamente, de la Transición. Se trata de Retrato de la Transición. La memoria que escondimos en el desván (siglo XXI de España Editores). Por tanto, conocedor de los hechos que ahora vuelven a estar de manifiesto -si bien, nunca han dejado de estarlo- celebra que el último movimiento gubernamental “supone la consecución de algo que nos debía la democracia”.
“Ahora parece que podremos conocer lo que sucedió en el momento más tenso que pudo hacer retroceder todo el proceso que había conducido a una democracia 40 años después”, concreta, dejando claro que “un sistema político que quiera llamarse demócrata tiene que sacar a la luz toda su documentación, tanto la más positiva como la más negativa, para que todos podamos analizarla, interpretarla y que la sociedad pueda conocer lo que significó”.
“Pueden salir muchas cosas”
Otra de las preguntas que ronda más allá de la figura de Juan Carlos I es qué tipos de informes verán la luz. Hasta dónde alcanzará la desclasificación. “Pueden salir muchas cosas”, emite la persona que se encuentra al otro lado del teléfono, que se muestra cauto en este punto: “Habría que saber qué tipo de documentos y de qué organismos. En función de eso, saldrá una cosa u otra. Puede ser una desclasificación completa, de los diferentes ministerios, tanto del ejército como de los estamentos públicos, e incluso locales, porque que Millán Astray sacara los tanques a la calle ya implica una connivencia con los poderes locales”.
“Puede salir cuál ha sido la organización real del golpe de Estado”, añade, “ver qué papel ha tenido realmente Alfonso Armada en todo este proceso…” y “el gobierno de concentración que supuestamente iba a estar liderado por Armada y que algunos defendían incluso en los momentos previos, así como los partidos que estaban entonces en el hemiciclo”. En definitiva, “si la desclasificación es completa, nos permitirá tener un cuadro mucho más completo y complejo de lo que fue el 23F y de quiénes fueron sus causantes”.
Como es demasiado habitual, el anuncio de Moncloa no ha sentado bien a la derecha del PP, ni a la extrema derecha de Vox, pero a estas alturas no sorprende. “Se han instaurado en una negativa constante a poder hablar del pasado”, refrenda Castiñeira, que concluye con una afirmación demoledora, en el buen sentido del concepto: “No hay nada más positivo para la consolidación real de una democracia que trabajarla día a día y mirar al pasado. No es algo que esté ya cerrado con candado”.