1. Paradoja de la ley y el orden

Históricamente, la izquierda se ha mostrado más laxa y flexible en la aplicación de las leyes penales, mientras que la derecha solía ser mucho más rigorista: la ley es la ley y hay que cumplirla. En el caso de Ceuta ocurre, paradójicamente, lo contrario: la izquierda se ampara en que la ley debe cumplirse y por eso no es posible la expulsión exprés de los inmigrantes; la derecha, en cambio, propugna saltarse la ley para resolver la crisis. Amantes, pues, de la ley y el orden… pero dentro de un orden.

2. Paradoja del buen samaritano

Si a los inmigrantes llegados ilegalmente se les trata demasiado bien, no se irán, y naturalmente otros tomarán desde el otro lado de la frontera buena nota de la conducta samaritana. Pero si se los trata demasiado mal, la izquierda estaría desautorizándose a sí misma, tirando por la borda del oportunismo político y el pánico electoral todo cuanto ha defendido sobre la dignidad inviolable de todo ser humano. ¿La inmigración acabará por volver de derechas a la izquierda europea?

3. Paradoja de la culpabilidad

El Gobierno de España necesita a Marruecos para restaurar la normalidad quebrada en Ceuta quizá -por ahora solo quizá- por culpa precisamente de Marruecos. Si Sánchez señala abiertamente a Rabat, este no moverá un dedo para absorber a los inmigrantes que malviven en Ceuta y cuya presencia inquieta y atemoriza, no sin razón, a los vecinos. Pero si no lo señala, que es lo que está haciendo, toma cuerpo la sospecha de que no lo hace por apocamiento, por debilidad, por falta de temple.

4. Paradoja de los patriotas

La derecha proclama sin cesar su defensa de la patria y su solidaridad con Ceuta, pero no está dispuesta a echar una mano para paliar la crisis, por ejemplo aceptando sus comunidades, según exige la ley, la acogida de los menores inmigrantes que siguen en la ciudad. Es obvio que la prioridad de la derecha es acabar con el Gobierno de Sánchez, no acabar con la crisis ceutí, de modo que si agravarla contribuye a la caída del Gobierno…

5. Paradoja de los espías

El Gobierno dice que sus servicios de inteligencia no le avisaron de la avalancha, pero en tal caso debería despedirlos a todos, tanto a los jefes como a los indios, pues su negligencia habría sido de tal envergadura que solo la guillotina podría restaurar la confianza en un cuerpo que tiene encomendadas tareas tan delicadas. Por desgracia, todo gobierno se tienta la ropa antes de criticar a sus policías o a sus espías: sabe que si lo hace corre el riesgo de que los policías dejen de vigilar y los espías de espiar.

6. Paradoja del silencio marroquí

En España, toda la oposición y parte del Gobierno señala abiertamente a Marruecos como instigador y posibilitador de la avalancha de julio; pese a la reiteración y verosimilitud de las acusaciones, paradójicamente Marruecos no se está defendiendo, no se defiende en absoluto, como si tan grave acusación no fuera con él: ese silencio oficial de Rabat es altamente sospechoso en su país tan obsesivamente celoso de su honorabilidad como Estado.

7. Paradoja de la Unión desunida

El PP y su líder Feijóo acusan a Marruecos de lo sucedido, pero no mueven un dedo para convencer a los populares europeos, que son mayoría en el Parlamento y en la Comisión, de que le apriete las tuercas diplomáticas a Rabat. La indignación de Feijóo con Marruecos tiene, pues, freno y marcha atrás: para echársela en cara a Sánchez, circula a toda velocidad; para trasladarla a Bruselas, frena, para, se toma un respiro, mira para otro lado. El farisaísmo del PP es fácil de explicar: si Bruselas se involucrara en contra de Marruecos, ese escenario favorecería a Sánchez, que es lo último que el PP está dispuesto a hacer. Mientras, el dontancredismo de Ursula von der Leyen es descorazonador: ¿cuándo presidirá la Comisión Europea un político con hechuras de líder y no simplemente un burócrata cuyo principal mérito es saber idiomas?

8. Paradoja del Supremo

El Supremo y el efecto llamada. Si en vez de una sentencia del Supremo hubiera sido una decisión del Gobierno, llevaríamos semanas sin hablar de otra cosa, de cómo la irresponsable decisión del ‘Perro’ de no considerar violación de la frontera el acceso a nado a Ceuta habría propiciado la invasión de la ciudad. Al haber sido el Tribunal Supremo y no el Gobierno (o el Tribunal Constitucional) el autor de ese presumible efecto llamada, la oposición ha optado por un silencio más que sospechoso. Así pues, los efectos llamada, como tantas cosas, van por barrios.

9. Paradoja del lobo y el cordero

La fábula de Fedro ‘El lobo y el cordero’ retrata al PP. Sedientos, lobo y cordero habían llegado al mismo río, aunque el primero estaba algo más arriba que el segundo; aun así el lobo le preguntó al cordero: “¿Por qué has enturbiado el agua mientras yo bebía?”, a lo que el interpelado contestó: “¿Pero cómo puedo hacer lo que dices si el agua baja de ti a mi garganta?”. Aquel, irritado por la sensatez de la respuesta, dijo entonces: “Bueno, pero hace seis meses me hablaste mal”. El cordero respondió: “Pero si no había nacido”. A lo que el lobo replicó, cada vez más enfadado: “Pero tu padre, maldita sea, ¡en cierta ocasión me habló mal!”. Dicho lo cual, procedió a devorar al cordero.

10. Paradoja del milano y las palomas

La fábula de Fedro ‘El milano y las palomas’ retrata a Bruselas (o a Madrid) frente a Rabat. Como las palomas huían del veloz milano para evitar ser atrapadas por él, este decidió cambiar de estrategia y, en vez de perseguirlas, les propuso un pacto: “¿Por qué en lugar de llevar una vida tan angustiosa no firmamos una alianza y me hacéis a mí rey para que, seguras, os libre de toda ofensa?”. Ellas, confiadas, se entregaron al milano, quien, una vez con la situación bajo control, empezó a devorar a las palomas una a una.

La sospecha

Una explicación plausible de lo sucedido el 30 y 31 de julio en Ceuta es la que apunta Máximo Pradera (¡cuántas cosas es capaz de hacer bien, y hasta muy bien, este hombre, entre ellas escribir!). Marruecos habría desplegado la estrategia conocida como negación plausible o denegación plausible (plausible deniability), un concepto creado en la Guerra Fría referido a la capacidad de un gobierno de negar de forma creíble su participación o conocimiento de una acción al no existir pruebas directas o documentación que lo vinculen con esa acción. Y lo que vale para Marruecos valdría para Estados Unidos o Israel. España podría desenmascararlos si tuviera una buena red de espionaje o la tecnología adecuada para investigar qué pasado, pero no tiene ni una cosa ni otra. La UE podría ayudar, pero nada por ahora indica que vaya a hacerlo. A Sánchez no le está siendo nada fácil lidiar con tal sospecha.

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