Un jefe de gabinete es la persona de máxima confianza de un cargo institucional, con control sobre su agenda, que se ocupa de asesorarlo, dirigir su estrategia política, de coordinar su equipo más inmediato y de trabajar su proyección pública de vara a asegurarse que el líder solo piensa en gobernar. Pero, además, un jefe de gabinete debe ser un parapeto infranqueable e inquebrantable y ha de entregar su vida por su asesorado siempre que fuera necesario. Un fiel lugarteniente.
Cuando un político queda atrapado en las arenas movedizas de una polémica encarnizada o crisis irreversible, su jefe de gabinete deberá estar al quite. Bien lo sabe Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete y responsable de comunicación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Si bien no cuenta con cartera en el Consejo de Gobierno, MÁR forma parte del núcleo de máxima confianza de Ayuso y goza de plena capacidad de actuación en la Real Casa de Correos. Susurra, orienta y alienta las andadas de la baronesa ‘popular’ más atrevida de las autonomías.
La presidenta madrileña suele lucir pertrecha ante presiones, controversias y fuegos amigos, pero ese hándicap se desconectó durante su último viaje a México. Ahora, el partido en Madrid vive un verano tormentoso a cuenta del ático que compró el Gobierno de Madrid en el barrio de Chamberí por 6,3 millones de euros, una operación inmobiliaria que no aparecía en el presupuesto de Planifica Madrid, la empresa pública a través de la cual se adquirió, ni en el Portal de Transparencia.
El hombre detrás del relato de Ayuso
Habitualmente, MÁR ha destacado precisamente por su capacidad para desplazar el foco de los descosidos de Ayuso y marcar el terreno del debate público. En esta ocasión, esa estrategia no habría obtenido el mismo resultado.
“Da vergüenza la caradura de esta gente que anda todo el verano, junto a activistas y despistaos, pendientes de una oficina…”, publicó en sus redes sociales la tarde del eclipse en referencia a los ministros Fernando Grande Marlaska, Ángel Víctor Torres, Diana Morant y Óscar López. “Todos esos que gritan por un ático están de vacaciones. No les veo recorrer como Díaz Ayuso los pueblos devastados. La Comunidad de Madrid trabaja en la reconstrucción y los que gritan desean la destrucción. Ella recorre los pueblos; Sánchez no puede salir de su palacio blindado”, reescribió en su perfil de X.
El asesor de Ayuso cuenta con una larga experiencia en la construcción de discursos políticos y en la gestión de crisis comunicativas. Su actuación durante anteriores controversias, entre ellas las relacionadas con la situación fiscal de la pareja de la presidenta, reforzó esa reputación ‘aznarista’. El episodio actual, sin embargo, ha resistido hasta ahora ese intento de cambiar el eje de la discusión.
Todos esos que gritan por un ático están de vacaciones. No les veo recorrer como Díaz Ayuso los pueblos devastados. La Comunidad de Madrid trabaja en la reconstrucción y los que gritan desean la destrucción. Ella recorre los pueblos; Sánchez no puede salir de su palacio blindado
— MÁR (@marodriguezb) August 2, 2026
La presidenta y su principal asesor han optado fundamentalmente por defender su posición a través de las redes sociales, evitando su exposición pública y limitando las explicaciones y la transparencia a este respecto. El respaldo público del partido, sin embargo, no ha sido inicialmente tan amplio como deseaban en Sol, hasta el punto de que el PP madrileño habría reclamado a sus cargos y diputados una mayor implicación en la defensa de Ayuso.
El movimiento evidencia una preocupación creciente dentro de la formación por una crisis que no ha quedado circunscrita al ámbito digital y que empieza a generar debate en las propias estructuras del partido.
Rodríguez, mientras tanto, ha intentado trasladar la conversación hacia los problemas del Gobierno central. En mensajes dirigidos a personas de su entorno, contrapone la polémica inmobiliaria de Madrid con cuestiones como la inmigración, la evolución de los precios, las disputas internas del Ejecutivo o las vacaciones del presidente y su familia.
Un cambio de foco que no termina de funcionar
La estrategia consiste en presentar el caso del inmueble como un asunto menor frente a otros problemas de mayor dimensión política. Sin embargo, el argumento no parece haber conseguido desplazar la atención hacia La Moncloa.
El problema para el PP madrileño es que la crisis afecta directamente a un entorno político que hasta ahora había mantenido una imagen de control y fortaleza. La cuestión del ático, además, ha situado bajo observación a áreas de la Administración regional que hasta este momento permanecían alejadas de las principales crisis que han acompañado a Ayuso.
Con el inicio del nuevo curso político a la vuelta de la esquina, la prioridad para el PP de Madrid pasa por contener una polémica que, lejos de desaparecer, amenaza con prolongarse y adquirir una dimensión política mayor.
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