Recientemente, el mundo del periodismo se ha visto obligado a decir adiós a Carlos Hernández. Durante sus años en la profesión, su trayectoria se caracterizó por cómo combinó el rigor informativo con una profunda preocupación por la memoria histórica y los derechos humanos. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera como cronista parlamentario en Antena 3 y se consolidó como corresponsal de guerra en conflictos como Kosovo, Palestina, Afganistán e Irak, donde fue testigo del asesinato del cámara José Couso. Hernández dedicó buena parte de su obra a investigar la represión franquista y la deportación de republicanos a campos nazis, publicando libros como Los últimos españoles de Mauthausen y Los campos de concentración de Franco.
Ese compromiso que mantuvo con la verdad y con la memoria seguirá perdurando tras su muerte. Tal es así, que Carlos Hernández encontró una última forma de expresarse en la carta que dejó escrita antes de fallecer y que decidió hacer pública en elDiario.es a modo de despedida. El texto, que es un llamamiento a la profesión periodística a no dejarse llevar por la crispación política, también deja una nueva muestra de su sentimiento de responsabilidad con la sociedad y el futuro.
Desde el inicio, el periodista se mostraba agradecido de poder haber vivido en un país como España, haber nacido, como él mismo dice, en un Estado que vio progresar "de manera económica, social y políticamente hasta convertirse en una nación del primer mundo". De esta manera, sentía dicha porque "el azar y solo el azar" hiciera que su destino "fuera infinitamente más cómodo y fácil que el de cientos de millones de niños y niñas que ven la primera luz en regiones azotadas por el hambre, la pobreza y la guerra. En este momento tan duro por el que estoy pasando, creo que no tengo derecho a quejarme ni a lamentarme. ¿Cómo voy a victimizarme conociendo estas desigualdades e injusticias históricas? ¿Cómo puedo lamentar mi suerte viendo lo que está ocurriendo, ahora mismo, en África, Afganistán, Ucrania, Yemen, Irán o Gaza? Gaza, Cisjordania… Palestina…".
Carlos Hernández ponía en valor la infancia que pudo vivir, en un barrio obrero de Madrid, y en la que sus padres le inculcaron unos valores que le "marcaron para siempre", además de haber sido educado "para ser libre y tener una mentalidad crítica". Así, resaltaba que decidió aventurarse en la aventura periodística porque creía con certeza, y lo ha hecho hasta sus últimos días, que "informando con rigor y honestidad se podía mejorar este mundo". Sobre todo, expresó marcharse con la conciencia tranquila, ya que, asegura, nunca ha mentido, manipulado u ocultado ninguna información.
En la carta, Carlos Hernández dejaba un par de consejos para los que hayan llegado de forma más reciente al mundo del periodismo, trasladando, tras la experiencia adquirida, que "objetividad no es sinónimo de neutralidad" y que "para ser buen periodista es imprescindible ser una buena persona".
Apuntó a un aspecto que forma parte del debate social actual, apuntando con rotundidad a que "no todos los políticos son iguales". Así, escribía que "hay hombres y mujeres que, realmente, creen que su misión es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas que les votaron y que no les votaron. Para ellos, estar en política no es ningún chollo: estar expuesto permanentemente al foco mediático, a los insultos, al escrutinio de cada uno de sus actos, al acoso a sus familias… Casi todos podrían ganar más dinero en la empresa privada sin tener que soportar ese desorbitado precio personal que les supone el cargo".
Entre otros puntos, Hernández habló sobre uno de los asuntos que tanto trató en su carrera, como fueron a las víctimas del nazismo o el franquismo. Destacaba que le expresaban que el fascismo no ha muerto, "que seguía agazapado esperando el momento de resurgir". En este sentido, expresaba que es esencial conocer la historia para evitar tropezar con las mismas piedras. "Mirar atrás te demuestra que la libertad, la vida y la democracia nunca están garantizadas y, por tanto, debemos luchar, cada día, por preservarlas", concluía sobre este asunto.