El abogado de José Luis Rodríguez Zapatero, Víctor Moreno Catena, asegura haber intentado dos veces que testigos del protocolo real den fe de que las joyas encontradas en el despacho del expresidente fueron un regalo de Arabia Saudí, concretamente del rey ya difunto Abdalá Bin Abdulaziz durante una visita a España en 2007.
Sin embargo, lo que ha obtenido la defensa de Zapatero por parte de las autoridades saudíes durante más de tres meses ha sido el más absoluto de los silencios, aunque el expresidente afirmó en su primera comparecencia que en una semana o diez días podría acreditar su origen.
El letrado del exdirigente socialista ha pedido al juez instructor que dicte una comisión rogatoria a Arabia Saudí para que el país certifique que, efectivamente, fue el monarca saudí, fallecido en 2015, quien regaló las joyas al otrora máximo responsable del PSOE durante un viaje a nuestro país en 2007 para recibir el Toisón de Oro, pero todo apunta a que la colaboración de las administraciones árabes no será fácil. Y eso, en el mejor de los casos. Es decir, que se dicha colaboración termine por darse.
La experiencia con Juan Carlos I
Aunque se trata de circunstancias diferentes, Arabia Saudí tampoco respondió a la solicitud de Juan Carlos I para que el exministro de Asuntos Exteriores de este territorio, Abdel Al Jubeir, certificara por escrito o declarara a algún medio de comunicación que los cien millones de dólares que recibió en una cuenta a nombre de la fundación panameña Lucum en el banco Mirabaud & Cie en Ginebra, eran un regalo del monarca Abdalá Bin Abdulaziz, el mismo que entregó las joyas encontradas en una caja fuerte en el despacho de Zapatero.
Personas próximas al rey emérito hicieron gestiones durante meses para que alguien refrendara la versión del Jefe de Estado español, pero nadie dio explicación alguna al respecto. En aquel caso, no existía ningún documento que justificara la transferencia, más allá de una hoja del know your client (‘conoce a tu cliente’) que el gestor externo de la cuenta, Arturo Fasana, tuvo que rellenar en el banco de Ginebra cuando llegó el montante. En él se limitaba a señalar que se trataba de un obsequio del rey Abdalá, pero en un párrafo breve y sin aportar muchos más detalles.
Fasana declaró en el transcurso de la instrucción del caso que el ingreso no tenía que ver con ninguna contraprestación y que la persona encargada de gestionar la transferencia fue Abdel Al Jubeir, entonces embajador en Washington. Pero no hubo una declaración pública que permitiese despejar las sospechas sobre un pago por supuestas gestiones del padre de Felipe VI para que empresas españolas obtuvieran un contrato del AVE a la Meca.
El fiscal suizo que investigó durante tres años el “regalo” recibido por el rey emérito en 2008, Yves Bertossa, sentenció en 2021 que la investigación no había permitido “establecer un vínculo suficiente entre la cantidad recibida de Arabia Saudí y la celebración de los contratos para la construcción del tren de alta velocidad”. Y añadió en el mismo auto, con el que archivó el caso por falta de pruebas, que “el envío de la comisión rogatoria a Arabia Saudí en este punto con toda probabilidad estaría condenada al fracaso”, dejando claro que “la obtención de pruebas en este Estado se considera muy difícil”.
El del rey emérito fue uno de los innumerables casos en los que los fiscales suizos han obtenido el silencio de las autoridades saudíes, pues la ayuda de estas cuando remiten comisiones rogatorias en casi inexistente, a menos en la mayoría de las ocasiones. Todo hace presagiar que el hecho de que el país colabore en la investigación a Zapatero tampoco será sencillo.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.