España

Amnistía Internacional destapa el grado de las torturas y agresiones a los migrantes en Ceuta: "Son persistentes y muestran impunidad"

Tres meses después de la entrada masiva de migrantes desde Marruecos, la realidad de los migrantes que aún permanecen en Ceuta

Un migrante en Ceuta con un cartel dirigido a los militares tras los episodios de violencia. Imagen: Amnistía Internacional.
Un migrante en Ceuta con un cartel dirigido a los militares tras los episodios de violencia. Imagen: Amnistía Internacional.

Pese al paso de los meses de una imagen que caló hondo en la realidad migratoria de España, la entrada masiva de 80.000 migrantes desde Marruecos a Ceuta, la situación en la ciudad autónoma aún no se ha resuelto, siendo la situación de los inmigrantes irregulares que aún permanecen en ella de elevada tensión. Y es que, siguiendo la denuncia de Amnistía Internacional, son muchos y contados los casos en los que denuncian agresiones, torturas y amenazas por parte de militares. 

A raíz de una nueva investigación, la organización ha documentado palizas, agresiones frecuentes, patadas, golpes y el uso de taser por parte de los militares desplegados en Ceuta a personas durmiendo en las calles y en distintas zonas de la ciudad. Una serie de sucesos documentados de manera posterior al 30 de septiembre que muestran “fracturas de extremidades y también de órbitas, contusiones o poli contusiones, heridas erosivas, hematomas en la zona lumbar o brechas en la cabeza compatibles con golpes de porra”, todas ellas producidas de noche, “en lugares donde duermen las personas migrantes”. 

Amnistía Internacional recoge incluso actuaciones más peligrosas que vulnerarían los Derechos Humanos como “torturas y humillaciones” por parte de militares. La organización lamenta en este sentido “desconocer la respuesta de las autoridades hasta el momento ante un crimen de derecho internacional como la tortura” que, de haberse producido, “no ha impedido la comisión de nuevos actos de violencia”. Pero estos malos tratos también se habrían dado por parte de agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil “que también deben ser investigados”. 

Pese a la investigación en curso, la violencia persiste

Y es que cabe recordar que el Ministerio de Defensa, a cargo de Margarita Robles, abrió una investigación sobre estas violencias -que se dieron a conocer por los audios en los que se escuchan a a militares presumiendo de dar palizas a migrantes- pero, a pesar de ello, no han cesado en este último mes: “Son persistentes y muestran la impunidad con la que los perpetradores de violaciones de derechos humanos han actuado y, en algunas ocasiones, siguen actuando”, denuncia Esteban Beltrán, director de la organización. 

De esta manera, reprochan que aquellos cargos involucrados no han sufrido consecuencias a raíz de estos comportamientos. Los propios migrantes aseguran a la organización que “reconocen a sus agresores y han contado cómo los amenazan para impedir que cuenten o denuncien las torturas sufridas”; mismas personas que “no pueden dormir por la noche por miedo a que los despiertan a porrazos, puñetazos y patadas”. 

Según las cifras que maneja Amnistía Internacional, tres meses después de la crisis migratoria, se estima que unos 500 menores migrantes siguen a la intemperie en Ceuta, aunque los datos del Gobierno ceutí lo estiman en 3.626 los que están registrados y sacados de las calles. 

Testimonios que estremecen

Bajo este prisma de acontecimientos, Amnistía Internacional recoge algunos de los testimonios de migrantes en Ceuta, de diferente edad y nacionalidad, que han sido víctimas de estos episodios. Es el caso de R., padre de tres hijos que, mientras dormía, se despertó por el contacto de un arma taser en su pecho: “Me mareé, vomité y me desvanecí, pero nadie me llevó al hospital. Cuando volví a despertar me fui andando, pero no conté lo que había pasado por miedo a preocupar a mi familia”, relata. 

En la situación de M., hombre tunecino de unos 40 años, estaba durmiendo en la playa de Benítez cuando fue sorprendido a base de golpes por soldados, aunque esta no fue la primera vez que sufría un episodio de este calibre: “Cuando les vi venir, mis compañeros me dijeron que huyera, pero yo pensaba que no tenía nada que ocultar, así que me quedé. Un soldado rajó mi tienda y me robaron el móvil, la documentación, 50 euros, el tabaco y los teléfonos”. 

Incluso los menores de edad son objetivos para los militares que actúan violentamente. “El móvil es la única forma que tengo de hablar con mi madre, pero cuando les pregunté por qué me lo rompían dijeron que me callara o me rompían a mí también”, relata M., de 15 años, quien vivió estos hechos a principios de septiembre. 

Asimismo, los hermanos saharauis de 16 y 17 años A. y H. fueron sorprendidos a principios de octubre por una decena de militares que los despertaron a patadas, siendo éste uno de los casos que trascendió de la primera denuncia de Amnistía Internacional. El primero de ellos es una de las víctimas que dice reconocer a su agresor: “Me dijo: ‘¿Te acuerdas de mí? Te voy a pegar otra vez’. Sin saber todavía que existía le hablé de un vídeo grabado sobre su agresión y parece que (al militar) le entró algo de miedo”. 

La organización también apunta a otros diez casos, cuatro de ellos sobre menores, de torturas o trato inhumano previo a la investigación de Defensa. Cuatro de ellos, especialmente, de carácter muy grave que siguen un patrón similar al documentado al principio de la crisis. B. se encontraba comprando tabaco cuando vio aparecer a un grupo de soldados a los que luego se unieron más, quienes le llevaron a las escaleras cercanas a la playa Benítez, donde lo ataron con bridas y le comenzaron a propinar puñetazos en el ojo, patadas en las costillas, golpes en la cabeza con una carcasa de móvil metálica, pinchazos en la nuca con una navaja sin llegar a cortar la piel. Sacaron una pistola, la cargaron y le apuntaron en la cabeza, "te voy a pegar un tiro en la cabeza, te voy a enterrar y nadie va a saber dónde estás". Otro soldado le amenazó con que le iban a violar. También le apagaron cigarros en la piel.

Sin olvidar otros siete casos documentados de malos tratos proferidos por cargos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado durante operaciones de desalojo. R., es uno de estos casos, debido a que terminó con las dos piernas dañadas -una vendada y la otra escayolada- después de haber salido corriendo de los porrazos de los agentes al saltar de un muro, desde el que cayó y notó que se rompió algo. Finalmente fue atendido en el hospital.

Exigen actuaciones al Gobierno y a Defensa

La organización global, ante esta retahíla de acontecimientos violentos, ha emplazado a ordenar a las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad al cesar inmediatamente todo ataque u hostigamiento contra migrantes, reiterando que pueden ser consideradas “crímenes de derecho internacional derivándose en un deber directo de investigación”. 

Por este motivo, Amnistía Internacional ha remitido por carta su denuncia e inquietudes tanto a Presidencia del Gobierno como a Defensa, reclamando “órdenes expresas para el cese de la violencia” y solicitando una actualización de la investigación en marcha, sin obtener respuesta hasta la fecha.

Exigen bajo este marco la necesidad imperiosa de impulsar “de manera pronta, imparcial, independiente y exhaustiva” una investigación, además de apartar a los militares implicados y pedir las responsabilidades penales pertinentes. 

Sobre el papel de la Fiscalía al respecto, le ha reclamado la concesión de autorizaciones temporales de residencia a aquellos que interpongan denuncias por la violencia sufrida.

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Etiquetas Ceuta Inmigración