En un artículo difundido en Religión Digital, el Foro de Curas de Madrid instaba a “alzar la voz para denunciar palabras y actitudes de una Iglesia que no es fiel al Evangelio ni útil para el siglo XXI”, aclarando que “no se está hablando del conjunto de la Iglesia sino de la jerarquía, de sus seguidores y sus corifeos”.

Agresividad y beligerancia desde el búnker
Este foro, que reclama recuperar el espíritu aperturista del Concilio Vaticano II, aplica el término búnker a la jerarquía episcopal porque “tiene resonancias bélicas y designa un reducto en el que alguien se encierra para defenderse de quienes buscan acabar con él pero es a la vez un lugar desde el que atacar con ventaja al enemigo”, y es que “las dos posturas definen a la Iglesia de hoy”. “Se siente -y así lo proclama- atacada y acosada pero a la vez toma posiciones agresivas y beligerantes”, explican.

Consejos para el cardenal arzobispo
Este artículo ha enfurecido al encargado de asuntos religiosos del grupo Intereconomía, Francisco José Fernández de la Cigoña, que replica desde La Gaceta con un texto en el que empieza diciendo que no va “a decirle al cardenal Rouco como tiene que gobernar su archidiócesis” para a continuación apuntar lo que tiene que hacer con lo que define como “un reducto contestatario que constantemente le está poniendo a parir” cuando “él la única persona que podría acabar con ese espectáculo”.

“Termitas” en la Iglesia de Rouco
De la Cigoña carga contra el foro progresista diciendo que son “una entelequia apenas sin componentes” o que son “ectoplasmas refugiados en el anonimato”, por lo que advierte de que “Rouco tiene termitas en su Iglesia”.

Reclama “el tratamiento debido”
“Y él [Rouco] es quien puede aplicarles el tratamiento debido para que dejen de socavar el edificio que el arzobispo tiene el deber de conservar y legar acrecido”, dice el encargado de asuntos religiosos de Intereconomía, que advierte al cardenal si sigue “sosteniéndolas y alimentándolas en un absurdo masoquismo en el que un día sí y otro también es insultado por sus curas, aunque sea por una ínfima minoría de estos”. Concluye alertando de nuevo al cardenal que “más vale ponerse una vez colorado que cien amarillo” y que “estos están dispuestos a que no sean cien sino mil”.