En el marco de una jornada sobre America Latina organizada por la fundación que preside, la FAES, Aznar ha cuestionado el funcionamiento de organismos económicos multilaterales como el G8 y el G20, pues, a su juicio, resultan "mecanismos formales, de adorno" y sin "capacidad de decisión". En su discurso, según recoge EFE, el expresidente también ha declarado que "la principal potencia, Norteamérica, ya no es la misma que la que era".

Desprecio al G20 y volcado con el G8
El desprecio del expresidente al G20 era bien conocido, pues durante su mandato desdeñó integrar a España en él a pesar de que no era sino una extensión del G8 con las 20 principales economías mundiales y la presencia de potencias emergentes como China, Brasil o India. Eso llevó a que el Gobierno de Zapatero tuviera que ser invitado de forma extraordinaria cuando se convocaron las primeras reuniones del grupo multilateral con las que abordar la crisis, como la cumbre de Washington de 2008.

Dispuesto a todo por su sueño
En realidad, la pretensión de Aznar era entrar en el G8, ya fuera con la ampliación del grupo en un hipotético G9 o arrebatándole a Italia uno de los puestos. En este selecto club además de los criterios económicos e industriales pesan los políticos -por PIB China o Brasil deberían formar parte de él y no están- y esa es la baza que jugó el expresidente. De hecho, cuando acudió en junio de 2002 a una reunión del G8 en calidad de presidente de turno de la Unión Europea (UE), Aznar sacó pecho sobre la próxima inclusión de España en el grupo: "No estoy llamando a la puerta, pero pronto llamaremos”. Y defendió como absultamente normal la aspiración de su país a entrar como "una de las economías más importantes del mundo, como es la española".

Esfuerzo valdío
¿A qué puertas iba a llamar para conseguir su sueño? Meses después, España se ponía a disposición total de EEUU en la guerra de Irak, y Aznar intentó utilizar su supuesta influencia en America Látina para vender las bondades de la intervención, una tarea en la que recibió vergonzosas negativas como las de su compañero conservador Vicente Fox, expresidente de México, que a pesar de la influencia de su vecino norteamericano se negó a participar en su aventura bélica. La solicitud entonces de España hacia Bush llevó a que en EEUU se apuntara a que una de las contrapartidas podía ser la de abrir las puertas del G8 para Aznar, una pregunta que le llegaron a plantear a la entonces ministra de Exteriores, Ana Palacio, cuando participaba en foro en aquel país. Palacio desmintió ese extremo diciendo que "no se trata de cantidades homologables" y pidió "no mezclar churras con merinas", ya que entre otras cosas EEUU no quería aumentar la cuota europea en ese grupo. Es decir, que a pesar de todo, Aznar estaba lejos de alcanzar su preciado sueño, ese que ahora presenta como un "adorno".