La escritora asturiana Mayte Uceda (Oviedo, 1967) aborda en su nueva novela, 'Los amores paralelos' (Planeta), uno de los episodios más controvertidos de la historia contemporánea: la Revolución de Asturias de 1934, que se saldó con miles de muertos, la mayoría mineros, 30.000 encarcelados y una brutal represión posterior. Los nostálgicos del franquismo, apoyándose en autores revisionistas como Pío Moa, utilizan este episodio para negar el golpe de Franco del 36 y justificar la dictadura. Entre otras cosas, aseguran que ese fue el verdadero levantamiento y responsabilizan al PSOE y a la izquierda, que había perdido las elecciones de 1933 en favor de la derecha.
“Quería comprender a los mineros y buscar una explicación a la violencia”, nos explica la autora en una entrevista. Lejos de ofrecer una visión simplista, reivindica una mirada empática y contextualizada sobre aquellos acontecimientos. “Yo me niego a culpar a los mineros”, afirma, recordando “las condiciones inhumanas” en las que vivían y trabajaban. Su novela muestra el contraste entre la vida en las cuencas mineras y la capital, y cómo “las esperanzas se van perdiendo” en un clima de frustración colectiva.
Un golpe de Estado es un golpe de Estado y no hay nada que lo justifique
La autora se muestra especialmente crítica con quienes utilizan la Revolución del 34 para legitimar el golpe militar y la posterior dictadura. “Se intenta justificar la Guerra Civil por la violencia que hubo en la República”, lamenta, pero es tajante: “Un golpe de Estado es un golpe de Estado y una sublevación es una sublevación militar, no hay nada que lo justifique”. A su juicio, "la República hubiera encontrado la forma de controlar la situación, pero no les dieron tiempo”.
Con raíces familiares en la minería, Uceda reconoce que, como asturiana, esta historia le “toca mucho el corazón”. La novela nace también de una necesidad personal de comprender el pasado. Frente a la nostalgia franquista, que está calando en las generaciones más jóvenes, lanza un mensaje claro: “Que lean, pensar así es puro desconocimiento”.
Entrevista completa a Mayte Uceda: "He querido sentar en la misma mesa a un minero y a un guardia civil"
P.- Abordas en esta novela la revolución de Asturias de 1934, en un momento de polarización.
R.- No es intencionado. Me interesaba investigar la revolución de octubre del 34 porque soy asturiana, porque tengo familia de mineros y porque quería profundizar. Sabemos lo que pasó a grandes rasgos: los mineros cansados de sufrir, se fueron al asalto de la ciudad, asaltaron los cuarteles... Pero yo quería saber la verdad, el fondo, qué fue lo que motivó a una masa de mineros de 20.000-30.000 mineros para irse en tromba a la ciudad de Oviedo y dinamitarla, prácticamente. Quería saber por qué se produjo ese estallido de violencia. Empecé ahí ese proceso de documentación de los años 30, que me llevó a la Segunda República inevitablemente. Decidí contarlo a través de dos familias. Todos sabemos que lo primero que hicieron los mineros fue asaltar los cuarteles de la Guardia Civil con dinamita. Una de mis intenciones desde el principio fue sentar a la misma mesa, un minero y un guardia civil. ¿Qué necesitaba? Bueno, pues dos hermanas y que una se enamorara de un minero y otra de un guardia civil.
P.- Este episodio ha sido utilizado por los revisionistas para negar el golpe de estado de Franco.
R.- Yo no lo veo así. Eso lo sufrí en la documentación, yo soy una persona muy moderada, en todo en la vida. No me gustan los extremos para nada. Me acerqué con el afán investigador, porque yo no soy historiadora, yo cada vez que armo una novela tengo que investigar ese periodo de tiempo y normalmente me lleva un par de años, estar a diario en los periódicos, en las memorias de los protagonistas, en cronistas. como en este caso Josep Pla o Manuel Chávez Nogales, mi querida Clara Campoamor, todos ellos me dieron una visión.
Con los hispanistas tuve que hacer malabares para llegar a la verdad. Tuve la ventaja de que abuelos de mis amigos vivieron la represión que llegó que llegó tras los sucesos y todo el drama que se vivió en las cuencas. Entonces, digamos que es una novela que a mí me toca mucho el corazón porque quería comprender a los mineros y buscar una explicación a la violencia posterior que se ejerció sobre ellos desde las alturas. A la falta de piedad.
Los mineros vivían en condiciones inhumanas
Cuando uno investiga esa época, ves las condiciones en las que vivían, que respiraban carbón, no solamente los que trabajaban dentro de las minas, sino los que estaban fuera y se prolongó hasta los años 80, 90, los ríos de las cuencas mineras hasta hace nada bajaban contaminados de metales pesados y de todos los vertidos de la minería. En La Felguera, por ejemplo, que es uno de los sitios que sale en la novela, en la cuenca del Nalón, había una industria, la Duro Felguera, que se alimentaba a base de carbón, que tenía 12 chimeneas echando humo continuamente. Los tejados negros, las casas negras, los sueldos en aquella época eran miserables... Las condiciones en las que entraban aquellos pobres a las minas eran inhumanas, la explotación infantil. Las mujeres también trabajaban en las minas, en los lavaderos de carbón, que ahí se ve el contraste con las mujeres de la ciudad, que si querían trabajar la sociedad se echaba las manos a la cabeza porque su misión era casarse y dedicarse a los hijos. Ese paternalismo desaparecía en las cuencas obreras.
Quería mostrar esos dos mundos con dos familias, en dos lugares distintos, uno la capital, otro la cuenca minera separadas por 20 km. Está muy cerca. Quería ver como esa ese clima de polarización va en aumento, como las esperanzas se van perdiendo. Tenemos una masa de mineros, muchos analfabetos, pero que frecuentaban el Centro Obrero y las casas del pueblo. Entonces tenemos unos líderes sindicales que también pelean entre ellos por llevarse la bandera de la lucha obrera. Pero yo me niego a culpar a los mineros.
P.- Uno de los episodios que abordar son los sucesos de Casas Viejas y la brutalidad con la que la Guardia Civil reprimió la rebelión campesina
R.- Ese fue uno, pero podía contar también Castilblanco, en Badajoz, o la insurrección anarquista del Alt Llobregat, entre otras. Hubo varias insurrecciones anarquistas y todas fueron duramente reprimidas, sobre todo la de Casas Viejas, que marcó un antes y después y provocó la dimisión de Manuel Azaña.
El teatro Campoamor quedó destruido, solo se mantuvieron en pie las cuatro paredes
Mayte Uceda, en el Teatro Campoamor de Oviedo, que quedó completamente destruido durante la Revolución de Asturias de 1934 (Foto: Javier Ocaña)
P.- ¿Hay rastro en Oviedo de todo aquello?
R.- El teatro Campoamor quedó destruido, solo se mantuvieron en pie las cuatro paredes. Siempre se pensó que habían sido los mineros los que lo reventaron, pero no fue así. La sede de la Guardia de Asalto, que fue la fuerza que se creó durante la República para combatir los disturbios y la violencia callejera estaba justo detrás del teatro, en el convento de Santa Clara. Los mineros lanzaban a la guardia dinamita desde el tejado del teatro y la guardia de Asalto acabó quemándolo. Se conservó gran parte de las fachadas y se ven los impactos de los disparos. Hay una cosa muy curiosa: se ve perfectamente dónde se refugiaron los mineros, porque alrededor de las ventanas estaba todo lleno de disparos. Ellos no sabían disparar y no afinaban bien, así que donde estaban los guardias hay disparos por toda la fachada. Hasta en esto había diferencias, era una lucha desigual.
El primer Gobierno de la República fracasó, pero porque era muy complejo llevar a cabo las reformas prometidas
P.- ¿Qué te ha aportado esta historia en lo personal?
R.- La pobreza genera violencia y la violencia genera polarización, pero no podemos comparar la situación actual con aquellos. En España, afortunadamente, vivimos en democracia y, aunque haya cierta violencia, no tiene nada que ver con lo de entonces. Fueron años muy complejos, que se vieron afectados por el crack del 29, que provocó la vuelta de muchos de los que emigraron en el último tercio del siglo XIX, cuando salió de España en busca de un futuro mejor el 25% de la población. En cuestión de pocos años aumentó el paro de 200.000 a 600.000 y en lugares de industria como el País Vasco, y Cataluña se convirtieron en un polvorín. Si tienes a una masa de gente que quiere trabajar y no puede, se les reprime, los sindicatos aprietan al Gobierno y los desencantados con la República critican que hubieran prometido cosas que luego no cumplieron. Es que era muy difícil, el primer Gobierno de la República fracasó, pero porque era muy complejo llevar a cabo las reformas prometidas.
P.- Algunas cosas sí se consiguieron, como el voto femenino, un episodio que sale relatado en la novela desde el punto de vista de su protagonista. Hubo avances sociales muy importantes durante la República.
R.- Sí. Siempre se pone de manifiesto también la educación, que se intentó con todas las fuerzas, pero es muy largo de explicar.
Allí se vivió una pequeña guerra: hubo venganzas personales y una represión brutal después
P.- ¿Cómo ves desde la distancia el conflicto?
R.- En las cuencas mineras se instaló el anticlericalismo. Pero es más complejo de lo que parece y también dentro de los curos había de todo. No ha querido caer en los tópicos del cura o guardia civil malo. Cada uno defiende su posición. Por otro lado, se intentó mostrar a los mineros como bestias que se comían a sus oponentes y no lo eran tanto. Si es cierto que hubo una diferencia entre el primer comité revolucionario, más socialista, que el que hubo después, con gente muy joven afiliada al Sindicato Único del Partido Comunista, que sí fue más violento no tanto por el partido sino por su juventud. Se creo alrededor de ellos un discurso feroz, llegándose a decir que se habían comido a un cura, pero está demostrado que era mentira. Allí se vivió una pequeña guerra: hubo venganzas personales y una represión brutal después, cuando llegaron las tropas, especialmente las que venían de África comandadas por Franco. Abuelas de mis amigos me han contado que les llamaban la tropa mora y les tenían un miedo atroz. Venían haciendo limpieza de revolucionarios y llegaron a matar a familias enteras cuando ya la causa estaba perdida. La represión fue muy dura, con 30.000 mineros en la cárcel.
No sales igual que entraste, todo te afecta y más siendo asturiana
P.- ¿Qué sensación te deja esta historia en la que tanto deseabas profundizar?
R.- Tengo un sentimiento agridulce. Por un lado, bien, porque llego a comprender muchas cosas que no sabía y a entender el contexto. No sales igual que entraste, todo te afecta y más siendo asturiana. Parte de mi familia pues fueron mineros y, por ejemplo, mi tío, que fue minero toda la vida, murió con los pulmones reventados.
P.- ¿Qué les dirías a esos chavales que hoy en día se han convertido en nostálgicos del franquismo?
R.- Que lean, pensar así es puro desconocimiento. No puedes vivir mejor una dictadura. Se intenta justificar la Guerra Civil por la violencia que hubo en la República, pero un régimen que acababa de nacer con toda la problemática que venía detrás de pobreza y analfabetismo necesita un tiempo que no tuvieron. La República no tuvo tiempo de moderarse, pasó lo que pasó y se cortó de raíz.
Algunos de esos políticos de la República, que tuvieron que exiliarse, entonaron el mea culpa y reconocieron que lo hicieron mal. Es el caso, por ejemplo, de Indalecio Prieto, que pidió perdón por haber estado en la planificación de los sucesos de 1934 y eso me reconcilia con ese pasado. Si no hubiera ese arrepentimiento por parte de algunos políticos, yo miraría esa época con resentimiento y reparo.
Clara Campoamor en sus intervenciones en el Parlamento lo advertía: 'vais a acabar con ella como sigamos por aquí'. También Alcalá Zamora y el propio Azaña veían la deriva, pero era un tren que se puso en marcha a toda velocidad que no había forma de pararlo.
Estoy convencida de que la República hubiera encontrado la forma de controlar la situación, pero no les dieron tiempo
P.- Pero eso no puede ser tampoco la excusa para luego justificar o negar incluso el golpe de estado.
R.- Un golpe de estado es un golpe de estado y una sublevación es una sublevación militar y no hay nada que lo justifique. Estás queriendo quitar un régimen democrático para imponer ¿qué? Por mucho descontrol y violencia que hubiera en las calles, al final, estoy convencida de que la República hubiera encontrado la forma de controlar la situación, pero no les dieron tiempo.