Hay localidades conocidas por su popularidad turística, otras por sus grandes rutas de senderismo, e incluso algunas que destacan por sus magníficos recuerdos históricos. Sin embargo, hoy vamos a hablar de un pueblo conocido por algo único y profundamente ligado a la identidad de España: el jamón ibérico. En Guijuelo, una pequeña localidad de Salamanca, el tiempo se mide de otra manera. No lo marcan los relojes ni el calendario, sino el aire frío del invierno, el silencio de los secaderos y la paciencia que exige un buen jamón. Este municipio salmantino, situado a 48 kilómetros al sureste de la capital por la Autovía de la Plata (A-66), ha construido su identidad, su economía y su forma de vida alrededor de un único producto que lo ha hecho nacionalmente reconocido.
Rodeado por las sierras de Béjar, Francia y Gredos, y junto al río Tormes, Guijuelo es, además de una referencia gastronómica, un ejemplo de cómo un pueblo ha sabido transformar una tradición artesanal en una potente industria, sin perder el vínculo con su pasado ni con las personas que la sostienen generación tras generación. No hablamos únicamente desde un punto de vista gastronómico, sino también de sus rincones más interesantes para visitar, su historia, su entorno rural y, por supuesto, sus auténticas festividades, que invitan a descubrir el municipio en cualquier época del año.
Un lugar moldeado por la historia
Los orígenes de Guijuelo se remontan a épocas anteriores a la llegada de los romanos, como atestiguan los restos arqueológicos hallados en la zona. Tras el paso de suevos, visigodos y musulmanes, el municipio fue repoblado en el año 1100 por Ramón de Borgoña y pasó a formar parte del Señorío de Salvatierra de Tormes, integrado más tarde en el Ducado de Alba.
Durante siglos, Guijuelo sufrió hambrunas, epidemias y conflictos que frenaron su crecimiento. El verdadero punto de inflexión llegó a finales del siglo XIX con la llegada del ferrocarril y, ya en el siglo XX, con la modernización de infraestructuras. Este progreso sentó las bases de la villa industrial que hoy conocemos.
Qué ver en Guijuelo: un paseo entre tradición y modernidad
Recorrer Guijuelo es hacerlo sin prisas, dejándose llevar por un urbanismo que mezcla historia, vida cotidiana y actividad comercial. Nada más llegar, el Torreón domina el paisaje desde lo alto. La iglesia parroquial “Nuestra Señora de la Asunción”, de estilo gótico tardío, se ha convertido en uno de los grandes símbolos del municipio, visible desde casi cualquier punto.
La iglesia parroquial “Nuestra Señora de la Asunción”, convertida en uno de los grandes símbolos arquitectónicos de Guijuelo (Salamanca). AYUNTAMIENTO DE GUIJUELO
En el centro se alza el Edificio del Reloj, inaugurado en 1909. Antiguamente albergó un teatro, un café y el Ayuntamiento, y hoy sigue siendo un punto de referencia para vecinos y visitantes. Muy cerca se encuentra la Plaza Mayor, amplia y porticada, corazón social del pueblo y escenario del tradicional mercado de los sábados, que se celebra desde 1880 y sigue siendo uno de los pilares de la economía local.
La calle Alfonso XIII concentra buena parte del comercio, mientras que la larga calle Filiberto Villalobos refleja la evolución arquitectónica de Guijuelo, con edificios históricos conviviendo con construcciones más modernas. La Plaza de Toros, también de 1909, recuerda una etapa de prosperidad en la que el municipio comenzó a invertir no solo en industria, sino también en cultura y ocio.
El jamón como forma de vida
Hablar de Guijuelo es hablar de jamón. Aquí no es solo un producto: es un lenguaje común, una herencia y una forma de entender el trabajo. El clima frío y seco del invierno, unido a la altitud y a la tradición artesanal, crea las condiciones perfectas para la curación lenta del jamón ibérico, una de las claves de su sabor inconfundible.
Durante los meses de enero, febrero y marzo, el frío se convierte en protagonista. Son unas temperaturas intensas que sorprenden al visitante, pero imprescindible para lograr una curación natural y pausada. Este clima ha marcado el ritmo de la industria y también la vida diaria del pueblo.
Hoy, Guijuelo alberga decenas de empresas jamoneras, secaderos y fábricas de embutidos que generan miles de empleos directos e indirectos. Muchas familias cuentan con varios de sus miembros vinculados al sector, desde el despiece hasta la comercialización. El jamón sostiene la economía local, fija población y ha permitido que Guijuelo crezca sin renunciar a su esencia.
En los últimos años, el municipio ha dado un paso más al abrir su industria al visitante a través del jamonturismo, una propuesta que combina gastronomía, cultura y experiencia sensorial. Una de las rutas más conocidas es la visita a la fábrica de jamones Julián Martín, donde se puede conocer de primera mano todo el proceso de elaboración.
El recorrido comienza con la entrada de la canal del cerdo y continúa por las salas de despiece, salazón, secado y reposo en bodega. Durante unos 45 minutos —o varias horas en las visitas más completas— se explica cómo influyen el tiempo, la temperatura y la experiencia del maestro jamonero en cada pieza.
Además, se enseñan las partes del jamón, cómo se cala, cómo reconocer su punto óptimo de curación y calidad, e incluso se ofrecen nociones básicas de corte. La experiencia suele culminar con una degustación de productos ibéricos acompañados de vinos de Ribera del Duero o Rueda. No es solo una visita, sino una auténtica inmersión en el corazón gastronómico y humano de Guijuelo.
Mucho más que industria: cultura y vida local
Aunque el jamón lo impregna todo, Guijuelo no es un pueblo monotemático. A lo largo del año, la actividad cultural es constante: talleres de música, certámenes de pintura, actividades deportivas, un certamen de cortometrajes y hasta un rally de tierra forman parte de su agenda habitual.
Esta oferta demuestra que la prosperidad económica ha ido acompañada de una firme apuesta por la vida cultural y social. Aquí, la industria no ha borrado la identidad local, sino que la ha reforzado, manteniendo al municipio como un lugar vivo y dinámico.
Tradiciones que se celebran en la calle y se viven en comunidad
Las fiestas patronales, en honor a Nuestra Señora de la Asunción, comienzan cada 14 de agosto con el tradicional chupinazo y se prolongan durante una semana repleta de actividades. Música, festejos taurinos, fuegos artificiales y el colorido de las peñas llenan las calles de Guijuelo de alegría y convivencia.
A principios de agosto se celebra el festival folclórico “Noches del Pozuelo”, que reúne a grupos de toda España y Portugal y pone en valor la tradición cultural. El Carnaval, muy arraigado, destaca por los disfraces, los pasacalles y la tradicional sardinada del Miércoles de Ceniza.
Otras celebraciones como San José Obrero, la Noche de San Juan o el Lunes de Aguas refuerzan el sentimiento comunitario. Especial mención merecen las Jornadas de la Matanza Típica, declaradas Fiesta de Interés Turístico Regional, que recrean con realismo el origen de la industria del ibérico y atraen cada año a miles de visitantes.
Desfile en el Festival folclórico de Guijuelo. AYUNTAMIENTO DE GUIJUELO
Festividad de San José Obrero de Guijuelo. AYUNTAMIENTO DE GUIJUELO
El fuego protagoniza la Noche de San Juan de Guijuelo. AYUNTAMIENTO DE GUIJUELO
El Lunes de Aguas convierte parques y zonas verdes en puntos de encuentro para familias y cuadrillas. AYUNTAMIENTO DE GUIJUELO
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