Entre los pliegues suaves de montañas que parecen susurrar historias antiguas, y los valles por los que corren ríos como si tuvieran prisa por contar secretos, aparece Taramundi,un rincón mágico de Asturias perfecto como colofón del verano. Al llegar, el aire cambia radicalmente, volviéndose más limpio y más húmedo. Allí el paisaje te envuelve con aldeas colgadas de laderas, tejados de pizarra que brillan al sol o se esconden tras la niebla, bosques verdes e interminables, y un rumor constante de agua que se convierte en banda sonora del viaje. En Taramundi todo parece sacado de un cuento, y es que tras cada paso en sus interminables bosques, creerás que te está persiguiendo un travieso animal que quiere llevarte por los secretos más escondidos del lugar y las cascadas más verdes y brillantes que vas a poder contemplar nunca.

Pasos que devuelven a la Edad del Bronce

La villa de Taramundi, capital del concejo, tiene el don de hacerte olvidar el reloj. El tiempo, simplemente, transcurre de otra forma.

La iglesia parroquial se alza orgullosa sobre el pueblo, y muy cerca de ella, La Rectoral, un hotel rural que fue la antigua casa del cura, se asoma como un mirador privilegiado al valle. Desde ahí, aunque cada rincón parece una postal, lo mejor no es lo que se ve, sino lo que se siente.

Cada paso te lleva más lejos del ruido del mundo y más cerca de algo esencial. Como en Os Castros, un yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce, incrustado en el corazón del pueblo, que recuerda que aquí la historia se palpa, se pisa y se respira.


El hierro y el agua, protagonistas de la vida en Taramundi, motores de una cultura que resiste al tiempo sin convertirse en decorado

Donde el hierro canta y el agua baila

Taramundi es, sin duda, un museo al aire libre. El hierro y el agua no son solo elementos, sino protagonistas de la vida cotidiana y motores de una cultura que ha sabido resistir al tiempo sin convertirse en decorado.

Aquí, la cuchillería no es un oficio, es arte. Y es que en su taller artesanal verás cómo manos sabias transforman el acero en piezas únicas, llenas de identidad. Estas navajas no solo cortan, sino que cuentan historias, y por supuesto, podrás llevarte una de recuerdo, grabada con tu nombre.

A escasos tres kilómetros de Taramundi, en Pardiñas, la tradición cuchillera alcanza su punto más simbólico, con la navaja más grande del mundo. Siete metros y pico de hoja, casi tonelada y media de peso, y el alma de Juan Carlos, su creador, que te guiará por la Casa Museo de la Cuchillería Tradicional. No es solo una exposición, sino un emocionante homenaje a los ferreiros, a la evolución del oficio, y a ese lazo entre tierra, herramientas y personas que define a Taramundi.

La cascada más verde del mundo

Continuando con el recorrido, llegamos al punto más especial de Taramundi: La Salgueira, una cascada escondida entre árboles y helechos, con una caída de unos 50 metros que te hace pensar en xanas y leyendas que nacen del agua.


La cascada de La Salgueira, un salto de agua rodeado de helechos que parece sacado de una leyenda de xanas. Turismo Asturias

El sendero parte desde Esquíos y es fácil de recorrer. Lo que no será fácil es olvidar la imagen de esa cascada donde todo es verde, húmedo y vibrante.

Además, los deslumbrantes ríos Turia y Cabreira que cruzan el valle, y las casas adornadas con flores, consiguen completar un escenario de cuento en el que la magia parece brotar de la propia tierra.

Molinos vivos y aldeas detenidas en el tiempo

Un paseo hasta O Mazonovo te lleva al mayor museo de molinos de toda España. Diecinueve ingenios que te hablan del poder del agua como energía vital, donde no solo podrás observar estos auténticos molinos, sino que podrás tocarlos, probarlos y aprender gracias a los grandes expertos de la villa.

En medio del rumor del río Cabreira, puedes convertirte en molinero por un día, obtener tu diploma y, sobre todo, maravillarte con cómo funcionaban estos sistemas hidráulicos que fueron el corazón de muchas comunidades durante siglos.

El recorrido no se queda aquí, hay mucho más. En una ladera que parece acariciar el cielo se encuentra Os Esquíos, una aldea que atesora un museo etnográfico cargado de cariño y de objetos con alma. Más de mil piezas recopiladas por Martín y Demelza, que cuentan cómo era la vida en estas tierras no hace tanto tiempo. Cada sala es una escena detenida del pasado y cada objeto tiene una historia que, si escuchas con atención, te susurra entre las paredes.

Pero si quieres entender lo que fue y es Taramundi, tienes que ir a Os Teixois. A solo cuatro kilómetros de la villa, esta aldea parece suspendida en el tiempo. Y no solo por su belleza, sino por el conjunto etnográfico, todo movido por el agua, como un corazón que no deja de latir. Allí, Luis –hijo del mítico Melchor, el ferreiro– te mostrará cómo estos ingenios transformaban la vida gracias a la fuerza del agua, que era aliada, herramienta, recurso y propia vida.


Conjunto etnográfico de Os Teixois, donde el agua mueve los ingenios hidráulicos como hace siglos

Finalmente, llegar a As Veigas es como abrir un libro antiguo de ilustraciones. El camino serpentea entre montañas hasta descender al fondo de un valle donde el tiempo parece haberse detenido y donde hay un pequeño núcleo de turismo rural.


As Veigas, un rincón escondido en el fondo del valle de Taramundi que parece detenido en el tiempo

Nuberu, Trasgu y Xanas: los seres que habitan en Taramundi

Pero si algo convierte a Taramundi en un lugar único en el mundo, son las criaturas mágicas que lo habitan, haciendo de este un lugar intocable.

Los lugareños hablan de Nuberu, el señor de las tormentas, un viejo tuerto de barba larga capaz de traer granizo sin previo aviso. Otros aseguran haber topado con Trasgu, ese pequeño personaje burlón que entra en las casas para gastar bromas pesadas y que se reconoce porque tiene un agujero en la palma de la mano. Y si uno se fija bien entre cuevas y fuentes, puede que se encuentre con una Xana, una joven de cabellos dorados vinculada al agua, siempre rodeada de pequeños polluelos de oro.

No faltan tampoco relatos de hombres lobo que salen en noches de luna llena, ni de criaturas como el Busgonu, un semihombre con cuernos de cabra que acecha en la penumbra. Son historias que se transmiten de generación en generación y que siguen latiendo en la memoria colectiva.

El queso que sabe a tierra

Finalmente, no podemos olvidarnos de hablar sobre las delicias de Taramundi, con uno de sus sabores más característicos: el queso artesanal. Elaborado con esmero y sin prisas, sus ingredientes combinan leche de vaca y cabra, aunque algunos incorporan avellanas o nueces, una rareza deliciosa en el panorama asturiano.

Visitar la quesería local es una forma de completar el viaje. Porque si bien la belleza entra por los ojos, en esta mágica villa también conquista el paladar.

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