Agag, el promotor en democracia
Recientemente hemos tenido ejemplo en familiares del dictador y más recientemente en yernos que amenazaban con demandar al que dijera que era amigo de Correa. Finalmente el “yernísmo” ha llegado a la cúpula de esta democracia, a la crême, a la nata, a la única familia mencionada en la constitución, a ese entramado de intereses espurios por seguir al frente de lo indefendible, el yernísmo ha llegado a Zarzuela, a los tálamos de las hijas de los borbones: cáncer, desorden, duelo. No sé yo si una República sería mejor o peor que esta farsa que vivimos, pero desde luego sí sería más saludable democráticamente hablando.

Hoy es el máximo representante de esta línea de enriquecimiento, el yernísimo Urdangarín, egregio deportista que una vez ensalzado y aderezado por la púrpura real, decidió que eso de los negocios eran pan comido, y así, con su apellido, y la imagen de la consorte y familia en el reverso de la tarjeta de presentación, se lanzó al proceloso mar de los negocios, tuvo suerte y al parecer, dicen las malas lenguas que no sólo hinchaba facturas sino que todo era un tinglado para llevárselo crudo.

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