Capítulo XVIII. Una semana después del 8 de marzo, de llenar las calles de feminismo, de reivindicación, de esperanza morada, la realidad es la misma de siempre. Las mujeres estamos en peligro, pero especialmente algunas, especialmente las mujeres izquierdas, abiertamente antifascistas.
En los últimos días, en las últimas horas, hemos conocido noticias espeluznantes. Dos detenidos por acosar a la política Ione Belarra, el testimonio y la denuncia de Rita Maestre con hombres llamando a altas horas de la madrugada a su casa porque veían su dirección en una página porno pidiendo, solicitando, servicios sexuales, incluso también amenazas por parte de un grupo neonazi a la política Irene Montero, un grupo que el FBI tiene en su lista de terrorismo, de organizaciones terroristas. Esto le está pasando a mujeres en política, pero también a mujeres periodistas, a mujeres analistas, a mujeres activistas, a mujeres que en definitiva están ocupando el espacio público, un espacio que los hombres de extrema derecha y de derecha cada vez más extrema creen que les pertenece, creen que son suyos.
Ellos, que no son tontos, saben cuál es el enemigo a abatir. Una mujer que no se calla, una mujer que denuncia sus corruptelas y una mujer que no tiene miedo a decir cuáles son los nombres y los apellidos de sus agresores, de sus violadores o de los asesinos que están asesinando a mujeres en este país. Este es el nuevo y el viejo enemigo de la ultraderecha.
Por eso es importante poner en lugar lo que hacen las mujeres en los espacios públicos, por eso es importante crear una red que no las deje solas y por eso es importante que ninguna mujer renuncie nunca a ocupar un espacio que le pertenece igual o más que a todos sus agresores.