Durante los tres últimos años, la derecha política, económica y mediática se ha empleado a fondo para hacer calar la convicción de que los programas intensos de consolidación fiscal, los impuestos bajos, los tipos altos y los sacrificios sociales bastarían para sortear la crisis. No ha sido así. Las caídas drásticas de la inversión pública, el gasto social y el consumo interno han abortado la recuperación incipiente y amenazan con llevarnos a una recesión brutal.

Krugman alude en estos días a la metáfora de las sangrías en la práctica médica del siglo XIX. Cuánto más debilitado estaba el enfermo, más se le sangraba para “limpiar” su sangre. El resultado habitual solía ser la muerte del paciente por desangramiento. La medicina ha avanzado lo suficiente como para abandonar estas técnicas deplorables que, según parece, aún resultan populares entre los economistas más conservadores.

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