Andalucía tiene un rico y diverso patrimonio industrial que se ha desaprovechado hasta ahora salvo en las honrosas excepciones en que se han acometido proyectos de recuperación y rehabilitación de antiguas fábricas, minas y obras públicas. Cerca de un millar de empresas andaluzas han abierto las puertas de sus fábricas e instalaciones a las visitas turísticas desde que en 2013 se pusieron en marcha las primeras redes de turismo industrial en nuestra comunidad.
El patrimonio industrial histórico o arqueológico es todavía una asignatura pendiente para las administraciones responsables de su custodia porque la presión ciudadana en este ámbito no es tan fuerte como en el caso del patrimonio histórico, cultural o arquitectónico. La minería es una de las actividades industriales que ha dejado un mayor número de inmuebles, yacimientos y vías férreas abandonadas por toda la geografía andaluza y española.
El documental Los Ríos del Metal, participado por Canal Sur y cuyo estreno en televisión está previsto para esta primavera, se centra en la búsqueda de los vestigios de las líneas de ferrocarril que en los siglos XIX y XX se construyeron en las provincias de Huelva y Sevilla para llevar el mineral de hierro a terminales portuarias en los ríos Guadiana y Guadalquivir.
En el caso onubense, el transporte de mineral terminaba en el puerto de la Laja en el último tramo navegable del Guadiana; y en el caso de Sevilla, en la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache, donde se encontraba el cargadero fluvial del ferrocarril de las minas de Cala.
En la hora y 11 minutos del documental de Tomás Lloret se puede ver el inmenso patrimonio que se ha dejado morir por la desidia y la incuria de propietarios y administraciones públicas. Vías de tren, puentes, naves industriales, viviendas, pozos mineros y un largo etcétera de infraestructuras diversas constituyen un legado patrimonial de un valor incalculable para revitalizar esa España vacía a la que tanto miran nuestros políticos en la actualidad.
Aunque se han hecho notables avances en la recuperación de terrenos degradados por la explotación minera, queda mucho por hacer para cuidar el paisaje y evitar nuevas construcciones en parajes que ya cuentan con antiguas edificaciones.
La sostenibilidad pasa incuestionablemente por reducir la huella y el impacto en nuestro entorno natural. Cuando los restos del pasado industrial ya no existen, la única actuación posible es la señalización para dar a conocer lo que hubo en esos lugares de interés por razones diversas y aquí sí que hay margen de mejora en la inmensa mayoría de nuestros pueblos y ciudades. El patrimonio industrial no es sólo un recurso turístico más, es sobre todo una fuente de riqueza y desarrollo endógeno en muchas comarcas andaluzas.
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