En Sevilla, el Partido Popular ha unido a su alcalde, José Luis Sanz, y a la consejera de Economía del ejecutivo andaluz, Carolina España, para glosar las maravillas de la recalificación de los terrenos del Canal de la Expo o de Los Descubrimientos, en la Isla de la Cartuja, y abrir la puerta a la construcción de infraestructuras terciarias, sobre todo oficinas y hoteles; aunque ambos dan su palabra, solo su palabra, de que estos últimos serán pocos. Ninguna otra formación política apoya este acuerdo y piden garantías por escrito, más allá del acto publicitario y de permanente campaña electoral  de la semana pasada.

Estamos hablando de más de 40.000 metros cuadrados que, además, incluyen la cesión al Ayuntamiento de los aledaños Jardines del Guadalquivir, muy desconocidos por los sevillanos, de otros 80.000 (la cuarta parte de la extensión del Parque de María Luisa). El argumento principal que se pone sobre la mesa es salvar de la degradación y el olvido a estos terrenos, sin uso desde hace más de 30 años y donde no se ha invertido un céntimo desde entonces. Como símbolo, puede visitarse la chatarra que queda de la torre giratoria que triunfó en 1992 como excelente mirador, o también la noticia de la reciente expulsión de okupas de esos terrenos, con enganches eléctricos muy sofisticados a las farolas que alumbran el Camino de los Descubrimientos.

Dicho de otro modo, como ha ocurrido en muchas otras ocasiones, dejo que se deteriore un bien hasta el límite de lo imposible y luego reivindico que hay que recalificarlo. Yo soy el problema y la solución al mismo tiempo. Nada se dice de otros graves problemas de la zona, como la discoteca existente a las puertas de los Jardines, antiguo Pabellón del COI, que genera serios problemas de salubridad y tráfico, con montañas ingentes de basura y, de vez en cuando, violencia fruto del alcohol. Pasar por esa zona a las 7 de la mañana de un fin de semana es un retrato de lo peor, en términos de consumo de alcohol; aunque, para el Ayuntamiento, probablemente es preferible que se produzca en ese punto, sin viviendas colindantes y molestos vecinos que llamen a la Policía Local para garantizar su descanso.

Tampoco se informa que allí se está trasladando actualmente el Archivo General de Andalucía, en el antiguo y gigantesco Pabellón del Futuro; una infraestructura que bien podría estar acompañada de otras más sociales y menos terciarias, como las que necesita la cercana Universidad de Sevilla, por ejemplo; o empresas líderes de I+D+I, que llevan años solicitando mejoras de los antiguos pabellones de la Exposición Universal de 1992. Poner el acento únicamente en el ladrillo terciario, desoyendo al resto de formaciones políticas y apretando el acelerador para conseguirlo cuanto antes, es de lo más sospechoso.

Así lo ha puesto de manifiesto también la Asociación Legado Expo, que ha rechazado esta recalificación unilateral no negociada, con prisas y venta publicitaria. No hay que olvidar que esa zona es el llamado “PCT Cartuja”, el heredero legítimo de Expo 92. Es decir, un Parque Científico y Tecnológico, donde, obviamente, no cabe un sector terciario turístico.

Ya hemos tratado aquí el tema de los otros terrenos portuarios de Sevilla, que también aspiran a convertirse en hoteles y viviendas de lujo. Un proyecto que, por ahora, sigue el mismo camino que el de la Isla de la Cartuja: decisión unilateral, protesta social y política consecuente y, por lo tanto, más que previsible decisión final retrasada, aparcada o judicializada, para desesperación de determinadas constructoras.

Al final, el diálogo, basado en concesiones de todas las partes, es la mejor forma de avanzar. Lo primero, por lo tanto, es comerse el orgullo y negociar hasta la extenuación. Es la única manera de seguir adelante. La consejera Carolina España, muy malagueña ella, no le ha hecho ningún favor al alcalde.

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