Hay momentos en los que un presidente autonómico debe decidir de qué lado está. Si del lado de su tierra o del lado de su partido. Si del lado de la paz o del lado del cálculo electoral. Juanma Moreno Bonilla ha decidido. Y su decisión no es Andalucía.

En plena escalada internacional, con Estados Unidos bombardeando Irán al margen del derecho internacional y con una tensión que afecta directamente a suelo andaluz por la presencia de las bases de Rota y Morón, el presidente de la Junta ha optado por cargar contra el Gobierno de España en Bruselas. No para defender a los andaluces. No para pedir garantías de seguridad. Sino para repetir el argumentario de Feijóo y alinearse con el trumpismo más agresivo. Eso, en política, tiene un nombre: deslealtad.

Moreno ha ido a Europa a decir que España está aislada. Lo ha hecho mientras la Comisión Europea respaldaba la posición del Gobierno de Pedro Sánchez frente a las amenazas comerciales de Donald Trump. Lo ha hecho mientras Bruselas recordaba que si se ataca a un Estado miembro, se responde como Unión. Decir que España está sola no es una opinión. Es una falsedad. Y no es inocente.

Porque cuando un presidente autonómico desacredita a su propio país fuera, en un momento delicado, no está defendiendo intereses económicos. Está haciendo oposición. Y eso es grave.

Más grave aún cuando ese mismo presidente guarda silencio en su tierra. Cuando utiliza su mayoría absoluta para impedir un debate en el Parlamento andaluz sobre las bases militares de Rota y Morón. Bases que están en Andalucía. Bases que convierten a esta comunidad en un territorio especialmente sensible en caso de escalada bélica.

Si Moreno cree que Estados Unidos debe poder utilizar esas instalaciones para una guerra ilegal, que lo diga. Si está a favor de que Andalucía forme parte de un engranaje militar que bombardea sin cobertura internacional, que lo explique. Pero que no se esconda.

La izquierda andaluza le ha pedido claridad. Le ha preguntado si está con la paz o con la guerra. Si está con el derecho internacional o con el “todo vale” de Trump. No ha habido respuesta. Solo ataques a Sánchez y advertencias catastrofistas sobre la economía.

Hablar de economía para justificar una posición política ante una guerra es una coartada demasiado vieja. Ya la escuchamos cuando José María Aznar nos metió en Irak. También entonces se apeló a alianzas estratégicas. También entonces se ocultó información. Las consecuencias fueron terribles.

¿Está Moreno Bonilla a favor de aquella guerra ilegal e injusta? ¿Comparte hoy esa lógica? Porque cuando evita el debate parlamentario sobre las bases, cuando no exige garantías claras sobre su uso, cuando critica al Gobierno por negarse a autorizar operaciones militares al margen del derecho internacional, el mensaje que traslada es preocupante.

Los y las socialistas lo tenemos claro. Como la inmensa mayoría de Andalucía, estamos con el no a la guerra. Lo dicen las movilizaciones. Lo dice la historia reciente. Lo dicen también las encuestas, que muestran que la ciudadanía tiene otras prioridades: vivienda, empleo, servicios públicos. No más conflictos armados.

Moreno, en cambio, ha preferido subirse al barco de Feijóo y Abascal. Ha repetido que enemistarse con Estados Unidos es una irresponsabilidad. Ha insinuado que el problema no es Trump, sino Sánchez. Y ha llegado a deslizar que el mandatario norteamericano debería distinguir entre “el pueblo español” y su Gobierno. Un mensaje que suena más a súplica que a liderazgo. Ese tono no defiende Andalucía. La debilita.

Porque las amenazas comerciales de Trump no se resuelven señalando a tu propio país. Se afrontan con unidad europea. Y la Unión Europea ha dejado claro que España no está sola. Lo que sí está solo es Moreno en su relato.

Mientras tanto, la secretaria general del PSOE andaluz, vicepresidenta primera del Gobierno de España y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha sido clara: el Gobierno no autorizará que las bases en territorio andaluz se utilicen para incrementar una escalada bélica fuera del derecho internacional. Esa es una posición coherente. Puede gustar más o menos, pero es coherente.

Lo incoherente es criticar al Gobierno por “aislar” a España y, al mismo tiempo, vetar en Andalucía cualquier discusión sobre cómo nos afecta el conflicto. Lo incoherente es hablar en París como estadista y actuar en Sevilla como delegado de Génova.

Hay otra cuestión que no se puede ignorar. Las últimas encuestas apuntan a que Moreno Bonilla podría perder la mayoría absoluta. En ese escenario, necesitaría a Vox. Y Vox no es neutral en este debate. Vox está claramente alineado con el trumpismo y con una visión belicista de las relaciones internacionales.

¿Está Moreno preparando el terreno? ¿Está endureciendo su discurso exterior para no incomodar a quien puede darle la investidura? No sería la primera vez que el PP ajusta su posición internacional por cálculos internos. Si es así, el precio lo pagará Andalucía.

Porque convertir la política exterior en moneda de cambio electoral es peligroso. Jugar con el miedo a los aranceles, agitar la amenaza económica y señalar al Gobierno central como culpable mientras se blanquea a quien bombardea sin cobertura legal es una estrategia cortoplacista.

Ayer hablábamos de falsos patriotas. De quienes envuelven sus discursos en banderas mientras anteponen intereses partidistas al interés general. Hoy el ejemplo es claro. Patriotismo no es aplaudir a Trump cuando amenaza. Patriotismo no es atacar a tu país en Bruselas. Patriotismo es defender a tu gente, incluso cuando eso implica plantar cara a los poderosos.

Moreno Bonilla tiene derecho a discrepar del Gobierno de España. Faltaría más. Pero no tiene derecho a debilitar la posición del país en plena crisis internacional ni a silenciar el debate en su propio Parlamento.

Andalucía merece un presidente que explique qué papel quiere para esta tierra en un mundo convulso. Que diga claramente si está con la paz o con la guerra. Que no se esconda tras argumentos económicos cuando lo que está en juego es la seguridad y la dignidad institucional.

Hoy, la pregunta no es si España está aislada. La pregunta es si Andalucía está bien defendida. Y la respuesta, viendo la actitud de Moreno Bonilla, deja demasiadas dudas.

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