Opinión

Moreno Bonilla, acorralado: se agravan los problemas en los comedores escolares y los padres plantan cara por la comida de sus hijos

El desgaste político que afronta Moreno Bonilla en este asunto es inocultable

El presidente del PP de Andalucía y de la Junta, Juanma Moreno, este martes en Granada. EP.
El presidente del PP de Andalucía y de la Junta, Juanma Moreno, este martes en Granada. EP.

La crisis de los comedores escolares en Andalucía se ha agravado de forma alarmante, extendiéndose de norte a sur y desatando una auténtica oleada de indignación entre las familias. Lo que en su día comenzó como quejas aisladas en algunos puntos se ha convertido en un clamor generalizado en múltiples provincias andaluzas, convirtiendo las puertas de los colegios en un hervidor de protestas, huelgas y pícnics reivindicativos. Lejos de ser un incidente local, el deterioro del servicio se multiplica con menús de ínfima calidad, raciones insuficientes y casos tan graves como la aparición de larvas o alimentos en mal estado que ponen en riesgo la salud de los menores.

Frente a esta situación límite que afecta ya a gran parte de la región, desde Málaga y Córdoba hasta Granada y Cádiz, el Gobierno de Moreno Bonilla opta por la pasividad y la autocomplacencia. Mientras la Junta defiende que los alumnos comen estupendamente, los padres sufren subidas de precios abusivas y una desatención total. La comunidad educativa exige dejar atrás las multas cosméticas y reclama medidas drásticas: retirar de inmediato las concesiones a las empresas infractoras y apostar de manera decidida por cocinas propias en los centros.  

La situación en los comedores escolares ha empeorado de forma importante en las últimas semanas, evidenciando que el colapso del sistema no es un problema reducido a una o dos provincias, sino un mal estructural que golpea a todo el territorio andaluz. Las denuncias de las asociaciones de padres y madres se multiplican simultáneamente de forma alarmante: desde los graves incidentes con larvas en la provincia de Granada o el célebre pisto sin pisto en Córdoba, hasta las masivas huelgas de comedor, concentraciones y pícnics de protesta organizados en Málaga, Cádiz y otras comarcas de la comunidad.

Las familias se han plantado en la calle para demostrar que la comida que se sirve bajo el modelo de la línea fría es inaceptable. Las quejas diarias retratan platos catalogados como auténticos mazacotes, purés tan aguados que parecen agua sucia sin ningún nutriente o porciones ridículas que obligan a los menores a regresar a casa con hambre. Sin embargo, la respuesta del Gobierno de Moreno Bonilla sigue anclada en la indiferencia, obviando las quejas de las familias y ninguneando un problema grave que afecta a la salud y a la alimentación diaria de los niños y niñas andaluces

El desconcierto de la comunidad educativa es absoluto al escuchar las declaraciones de la consejera de Educación asegurando en el Parlamento que los menús escolares son seguros, nutritivos y saludables. Afirmar semejantes palabras tras semanas marcadas por la presencia de larvas en el arroz en Granada, expedientes sancionadores en Córdoba y protestas generalizadas en Málaga y Cádiz demuestra que los máximos responsables de la Junta jamás han pisado un comedor escolar.

Aunque la propia administración andaluza ha tenido que confirmar más de veinte multas y abrir decenas de expedientes a las empresas concesionarias por irregularidades detectadas en colegios de distintas provincias, las sanciones se quedan en un papel mojado que no frena la degradación del servicio. Los padres no quieren más excusas de despacho ni expedientes de escaparate; exigen responsabilidades políticas directas y soluciones reales que garanticen la seguridad alimentaria en los centros.  

A la pésima calidad de la comida se le une un hachazo económico insostenible para los hogares andaluces en todas las provincias. En plena escalada de precios, las familias sufren un encarecimiento constante de las tarifas de comedor que supera el 20% acumulado bajo la batuta del Partido Popular -habiendo pasado de 4,58 euros a más de 5,54 euros por día y alumno tras tres subidas consecutivas aplicadas en los últimos años-.

Pagar más de 5,50 euros diarios por un menú deficiente supone un esfuerzo titánico para las rentas trabajadoras. Este abuso económico dinamita además la conciliación familiar. Los padres pagan religiosamente un servicio público esencial con la angustia constante de saber si sus hijos están bien alimentados. La Junta actúa como cómplice silencioso al permitir que las grandes corporaciones de la restauración engorden sus márgenes de beneficio a costa de recortar de recortar porciones y calidades en los platos escolares.  

Ante la gravedad de los hechos extendidos por toda la región, las familias tienen muy claro que las penalizaciones económicas a las empresas de cátering no sirven de nada, ya que estas compañías asumen las multas como un coste más de su negocio especulativo. Por ello, la comunidad educativa exige un cambio radical que pasa inexorablemente por dos actuaciones de obligado cumplimiento.

En primer lugar, si una empresa incumple sistemáticamente los pliegos y sirve comida en mal estado, la Junta debe retirarle la concesión de manera fulminante. En segundo lugar, es urgente abandonar la comida transportada desde cientos de kilómetros y apostar por la recuperación de cocinas in situ en los colegios andaluces. Solo mediante la gestión directa y productos frescos se garantizará una alimentación digna y de calidad para los menores.

El desgaste político que afronta Moreno Bonilla en este asunto es inocultable. El presidente de la Junta no puede continuar parapetado detrás de sus consejeros ni disimulando ante un problema muy grave en los comedores de toda la comunidad andaluza. La ciudadanía comprueba cada día la gran asimetría de un Ejecutivo que recorta en los servicios públicos esenciales mientras derrocha en lujos y eventos elitistas, llegando al extremo de subvencionar con 36.000 euros de dinero público una cena VIP para ricos y aristócratas a los pies de la Giralda de Sevilla mientras se escatima en la comida de los colegios.

Los niños y niñas de Andalucía merecen unos comedores públicos seguros, dignos y de calidad, y no menús basura gestionados por multinacionales ávidas de beneficios. Las protestas en los colegios de todas las provincias no cesarán hasta que el Gobierno autonómico asuma su responsabilidad, abandone la soberbia y devuelva a la escuela pública andaluza el respeto alimentario que le ha arrebatado.

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