El efecto Rubalcaba se había estrellado ante una realidad escalofriante. La aparición en escena de Felipe González reforzó al candidato socialista y devolvió alguna esperanza que lamentablemente llega con retraso. Mientras tanto, el caso Campeón, que apunta al número dos del PSOE, José Blanco –portavoz del Gobierno y ministro de Fomento-, no ha hecho otra cosa más que empeorar la gravísima situación en la que se encuentra el partido socialista, aunque más tarde el asunto pueda terminar bien en los Tribunales. Ni los más sabios hechiceros de las más acreditadas tribus hubieran sido capaces de acumular tantos factores letales para los socialistas y tan gratificantes para los populares.

A mejor vida
El sueño épico de la remontada ha pasado a mejor vida. Los milagros ni están ni se les espera. ¿Los millones de ciudadanos indecisos pueden todavía proporcionar oxígeno a un enfermo destinado -probablemente muy pronto- a ingresar en la UCI? En teoría, sí. En la práctica, y después del batacazo televisivo de Rubalcaba, más bien no. ¿Pero fue un batacazo lo que sufrió el candidato en el transcurso del debate, dirigido magistralmente por Manuel Campo Vidal? Si se repasa el cara a cara, cuesta entender el triunfo otorgado por la inmensa mayoría de medios de comunicación al presidente del PP y, en breve, salvo fenómenos sobrenaturales, presidente también del Gobierno de España.

Sobresaliente y suspenso
Pudimos comprobar, eso sí, claramente, que Rajoy sabe leer por si alguno lo dudaba. Como lector obtuvo un sobresaliente. Como polemista, un suspenso. Recitó lo ya sabido, eludió salirse ni un milímetro de la lección conocida y no aclaró cuál será su modelo económico y, sobre todo, social, si acaba gobernando. Rubalcaba estuvo bullicioso y jugó a la ofensiva, pero no remató con acierto algunas de sus ingeniosas jugadas. ¿Por qué, por ejemplo, no le recordó a Rajoy –cuando el líder de la derecha trataba de escabullirse de los matrimonios homosexuales haciéndose pasar por un progre- que el PP salió a la calle, beligerante, cogido de la mano de los monseñores, para protestar en una nutrida manifestación contra las bodas gays?

¿Viva la desigualdad?
¿Por qué, cuando Rajoy exhibió en varias ocasiones durante el programa de televisión, su fervor por la igualdad de los ciudadanos, Rubalcaba tampoco le recordó que, en cuanto a la igualdad, él escribió dos artículos en El Faro de Vigo, en el año 1983, siendo ya presidente de la Diputación de Pontevedra, alabando una vez al periodista franquista Luis Moure Mariño por su defensa de la desigualdad entre los seres humanos y otro –muy similar- a favor del ideólogo también franquista Gonzalo Fernández de la Mora que por aquel tiempo escribió un libro contrario a la igualdad”.

Las andadas más escabrosas
¿Por qué de hecho absolvió a Rajoy -ante millones de españoles que estaban atentos al debate- a la hora de referirse a la unidad frente al terrorismo, cuando el PP boicoteó el proceso de paz y estos días, sin ir más lejos, ha vuelto la derecha a las andadas más escabrosas tras el adiós a las armas de ETA? ¿Ha olvidado ya Rubalcaba el invento maligno del caso Faisán, urdido en Génova 13?

Ya no habrá otro cara a cara
Sin embargo, Rubalcaba, es cierto, lo puso contra las cuerdas con fuerza y regateándolo con astucia y a menudo. Pero no habrá ya otro cara a cara. Aznar exigió dos y los tuvo, año 1996. Rajoy hizo lo mismo en 2008. Ahora el PP sólo ha autorizado un debate. Lo más asombroso consistió en que semejante censura no fuera denunciada por el PSOE, que calló resignado ante tan flagrante recorte. ¿Por qué no aprovechó Rubalcaba anoche para, en el capítulo de la democracia, decir urbi et orbe que a la ciudadanía Rajoy le había hurtado un debate? En fin, que, a pesar de todo, faltan doce días para el 20-N. Nos queda, pues, votar. Y luego ya veremos.

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM