Málaga está viviendo un verano que debería hacer saltar todas las alarmas en el Ayuntamiento y en la Junta de Andalucía. Las playas malagueñas han sufrido varios episodios de contaminación durante los últimos meses y, en agosto, en plena Feria y en el momento de mayor afluencia turística, llegaron a ser seis las zonas del litoral con el baño prohibido por la presencia de E. coli. Dos ya han reabierto, pero cuatro continúan cerradas. Y lo más preocupante es que no se trata de un episodio aislado: este verano se han sucedido los problemas de contaminación y saneamiento en distintos puntos del litoral malagueño.
La lamentable imagen no cuadra con el discurso grandilocuente del PP, que habla de turismo de calidad. Mientras el Ayuntamiento presume de una ciudad atractiva para los visitantes y la Junta habla de récords en el sector, los malagueños y los turistas se encuentran con playas cerradas. Y mientras ocurre todo esto, Francisco de la Torre se pasea por la Feria como si nada y Moreno Bonilla sigue escondido.
Pero hay algo todavía más llamativo: el silencio del PP contrasta brutalmente con el escándalo que organizaron cuando tuvieron una oportunidad para atacar al Gobierno de Pedro Sánchez.
Conviene recordar lo ocurrido durante la pasada Semana Santa. Las incidencias ferroviarias que afectaron a las conexiones con Málaga se convirtieron en una auténtica ofensiva política del Partido Popular contra el Gobierno de España. Dirigentes populares alertaron de las consecuencias económicas para la provincia y llegaron a poner sobre la mesa cifras millonarias sobre las supuestas pérdidas que sufriría el turismo.
El mensaje era claro: el turismo estaba en peligro, la economía malagueña estaba en peligro y el responsable era Pedro Sánchez. El PP hizo cuentas. Calculó cuánto podían perder los hoteles, la restauración y los negocios vinculados al turismo. Todo servía para desgastar al Gobierno.
Pero ahora surge una pregunta incómoda: ¿dónde están esas mismas calculadoras?
Porque este verano Málaga ha sufrido varios episodios de contaminación. Seis playas llegaron a estar cerradas al baño en plena temporada turística y cuatro continúan actualmente afectadas.
¿Dónde están ahora los cálculos sobre cuánto dinero puede perder el sector turístico? ¿Cuánto dejan de ingresar los chiringuitos? ¿Cuánto afecta a hoteles y restaurantes? ¿Cuánto perjudica a la imagen de una ciudad que lleva años vendiéndose como destino internacional?
Ahora el problema no sirve para atacar a Pedro Sánchez. Ahora obliga a mirar hacia Málaga y Andalucía, ambas gobernadas por el Partido Popular.
Cuando las playas de Málaga aparecen cerradas por contaminación, el discurso cambia. Aparecen las explicaciones técnicas, la lluvia, los alivios de agua y las circunstancias excepcionales.
Pero el problema no empezó esta semana. En julio ya tuvo que cerrarse Pedregalejo y El Palo por la presencia de E. coli. En marzo se había prohibido el baño en una zona de Campo de Golf-Guadalmar por la misma bacteria y en mayo volvió a producirse una incidencia en esa zona después de una avería en la red de saneamiento.
Cuando un problema se repite, deja de ser una anécdota. Se convierte en un problema de gestión.
Málaga ha crecido enormemente y sus infraestructuras deben crecer al mismo ritmo. No basta con atraer más turistas, construir hoteles y presumir de récords. Hay que garantizar también que las redes de saneamiento puedan soportar ese crecimiento.
¿Cuánto está perdiendo Málaga? Esta es la pregunta que De la Torre y Moreno Bonilla deberían responder. Si el PP consideraba imprescindible calcular las pérdidas económicas provocadas por los problemas ferroviarios, ¿por qué no hace ahora el mismo ejercicio?
No hace falta inventar una cifra. Basta con hacer las cuentas.
¿Cuánto puede perder Málaga cuando buena parte de sus playas permanecen cerradas? ¿Cuánto afecta a los chiringuitos, hoteles, restaurantes y empresas turísticas? ¿Cuánto deteriora la imagen de una ciudad que pretende convertirse en uno de los grandes destinos internacionales?
¿Por qué aquellas calculadoras tan precisas de Semana Santa han desaparecido ahora?
La respuesta parece demasiado sencilla: cuando el problema afecta al Gobierno de España, el PP lo convierte en un arma política. Cuando afecta a sus propias administraciones, el problema desaparece del discurso.
Eso no es defender el turismo. Es utilizarlo políticamente. Y esto es lo que hace el PP. Moreno Bonilla y De la Torre han dejado de gestionar para desgastar a Pedro Sánchez y tratar de llevar a Feijóo a La Moncloa. Es lo único que les interesa y les importa.
Francisco de la Torre lleva años hablando de turismo de calidad. Moreno Bonilla hace lo mismo cuando presenta Andalucía como una potencia turística internacional. Pero el turismo de calidad empieza por garantizar lo más básico: playas limpias, agua segura, saneamiento adecuado e infraestructuras suficientes.
No sirve de mucho llenar Málaga de visitantes si después una parte de sus playas tiene que cerrarse por contaminación.
El propio Ayuntamiento reconoce que todavía queda camino por recorrer en la separación de las redes de aguas fecales y pluviales. Actualmente, según sus propios datos, el 55% están separadas y el objetivo es alcanzar el 70%.
Entonces, ¿por qué no aceleran ese proceso? ¿Por qué no convertir el saneamiento en una prioridad? ¿Por qué no poner todos los recursos disponibles para evitar que las playas vuelvan a cerrar?
El alcalde tiene derecho a disfrutar de la Feria. Pero también tiene la obligación de estar pendiente de los problemas de la ciudad que gobierna. No basta con estar en las fotografías cuando Málaga celebra. Hay que estar también cuando toca solucionar sus problemas.
Y Moreno Bonilla tampoco puede mirar hacia otro lado. Si el Gobierno andaluz considera estratégico el turismo, debería considerar estratégicas también las infraestructuras que lo sostienen.
Los malagueños no necesitan que su alcalde haga oposición al Gobierno de España. Necesitan que gobierne Málaga. Los andaluces no necesitan que Moreno Bonilla dedique su agenda a desgastar a Sánchez. Necesitan que afronte los problemas de Andalucía. Y el sector turístico no necesita más discursos. Necesita playas abiertas, agua limpia e infraestructuras modernas.
Y mientras tanto, las banderas rojas siguen apareciendo. Málaga no necesita gobiernos dedicados a buscar culpables. Necesita gobiernos dedicados a buscar soluciones. Porque gobernar no consiste en encontrar a quién echarle la culpa. Gobernar consiste en resolver los problemas de la gente.
Y este verano las playas de Málaga están dejando una pregunta demasiado incómoda para el Partido Popular: ¿cuánto tiempo más van a seguir haciendo política contra Pedro Sánchez mientras dejan sin resolver los problemas que afectan directamente a los malagueños y malagueñas?
Las banderas rojas no son solo un aviso en la arena. Son también el reflejo de una gestión cada día más nefasta del PP, que lleva demasiado tiempo mirando hacia otro lado.
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