Ir al contenido principal
Opinión

La casa de Lorca en Granada, abandonada y deteriorándose

El pésimo acondicionamiento y conservación de la casa Museo está provocando incluso desmayos en visitantes y cierres temporales

Manuel Francisco Reina
Imágenes del deterioro de la casa de Lorca en Granada

Imágenes del deterioro de la casa de Lorca en Granada

Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Hace ya un par de años, la alarma sobre el mal estado de conservación de la Casa-Museo de Federico García Lorca en la Huerta de san Vicente, saltaba a palestra en unos cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid en El Escorial. Los Poetas en Nueva York, conmemoraban con sus alumnos y ponentes el 75 aniversario de la publicación póstuma de Poeta en Nueva York y, entre lo debatido, aparecieron unas fotos sobre el precario estado de las más querida y vivida casa del poeta de Granada. Cuando estaban corriendo ríos de tinta por la inauguración del Centro Lorca, y todas sus farragosas vicisitudes, ya por fin solucionado por las gestiones de la Consejería de Cultura, Ayuntamiento, la familia, y una entidad bancaria, nadie parecía prestar atención al estado de lo que realmente la gente quiere ver cuándo va a Granada: su casa, su piano, su escritorio, que sufren deterioro por humedades y falta de una conservación adecuada.

El entonces investido Consistorio, del PP, nombrado con el apoyo del candidato de Ciudadanos a la Alcaldía, y su insigne representante de Cultura, que también poseía las atribuciones de Patrimonio, Don Juan Manuel García Montero,  al que no le temblaba el pulso para echar piedras sobre el tejado de la Fundación y en especial contra su presidenta, Laura García Lorca, no parecía atender las necesidades de restauración de la carpintería de la casa, para arreglar los muebles, para instalar la climatización, que no existe, con oscilaciones térmicas que van de los 40 grados en verano a bajo cero en invierno, incumpliendo todas las leyes establecidas de garantías museísticas, patrimonio y conservación.

La dejadez del Ayuntamiento para con la Huerta de San Vicente era tan manifiesta que no existía un presupuesto para conservación. La recaudación del museo, que en las temporadas de verano es bastante sustanciosa, alrededor de unos 60.000 euros según sus propias cifras, en lugar de revertir en el propio museo, la gestionaba una empresa que municipal que se creó con cometidos deportivos, llamada GEGSA. 

Ya en 2013 hubo que realizar una intervención de urgencia sobre el tejado de la casa, por una cuestión de goteras, que tuvo como consecuencia la inundación de la misma, y el deterioro por agua de los muebles y enseres personales del poeta, en especial de su piano y de la alfombra original que estaba bajo el mismo, que hubo de ser retirada, sin que nadie haya dado cuenta de su restauración ni ubicación actual.

Resultaba incomprensible que, piezas que serían admiradas y cuidadas en otros espacios museísticos del mundo, como la guitarra de Federico, con la que tocaba flamenco para sus amigos y componía algunas de sus canciones populares, así como varios de sus juguetes infantiles y parte del mobiliario, dibujos, y enseres domésticos de la casa estuviesen embalados en cajas y amontonados en un trastero, según nos cuenta quien sí pudo tener acceso, por ser integrante de la corporación, el entonces Portavoz del Grupo municipal socialista de Granada, Francisco Cuenca, hoy alcalde de la ciudad tras la dimisión de su antecesor, el popular José Hurtado Torres, tras ser implicado en el “caso Nazarí”. Cuenca hizo punta de lanza de esta cuestión, que muchos apoyamos incluso desde los medios, pero que, desafortunadamente, un año después sigue en condiciones similares.

Antonio Salguero, Secretario General de la sección Sindical de UGT en el Ayuntamiento de Granada, ha denunciado el pésimo acondicionamiento y conservación de la casa Museo, que está provocando, desde julio, desmayos en visitantes, algunos con necesidad de reanimación según constan en las intervenciones de emergencias, y cierres temporales.  

A esto se añade la polémica por las obras en el antiguo Hotel Montecarlo, donde se enfrentan las posturas de Ian Gibson y el profesor Castillo, frente a los técnicos de cultura. Yo particularmente, soy partidario de la preservación de todos los espacios lorquianos, y de la creación de una ruta Lorca en Granada, como ejercicio de inclusión y patrimonialización de su trascendencia. Muchas ciudades del mundo, con autores menores, han hecho de sus figuras relevantes fuente de estudio y riqueza.

Frente al problema administrativo del consistorio Granadino, habría que tomar medidas de urgencia, tal vez conjuntas entre Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Cultura pues el deterioro de la casa dela Huerta va in crescendo hasta un punto de vértigo: grietas estructurales en paredes y cerramientos; en tejados y cubiertas; en algunos lugares como el propio dormitorio del poeta cabe una mano por algunas de estas hendiduras; la ya citada inexistencia de una climatización, evidencian un incomprensible abandono que ponen en riesgo la pervivencia de tan simbólica casa, lugar de peregrinaje de amantes de la obra y la figura del poeta más universal de las letras españolas, con perdón de Cervantes.  

Piezas únicas están en peligro, como el cuadro que regaló Rafael Alberti a Lorca al conocerse, que está sobre la cama de éste, piezas de un enorme valor sentimental, biográfico, como su piano o su escritorio, y otras, inexplicablemente descartadas y mal conservadas en un trastero. Lo cierto es que nadie puede entender la razón de esta inacción, pues el actual alcalde anunció que en mayo se emprenderían los acondicionamientos, e hizo de la reivindicación lorquiana causa propia, empezando por devolver al salón de alcaldes del consistorio, e hizo bien, el retrato de Fernández Montesinos, cuñado de Federico, asesinado cuando el alzamiento militar en Granada.

Federico García Lorca es, sin lugar a duda, el más insigne hijo de Granada, y el más reconocido autor de las letras españolas. El que más resonancias internacionales suscita. Ni Lorca, ni Granada, ni los amantes de su obra, merecen ni deben permitir que por cuestiones menores se deje perder un legado que nos pertenece, patrimonial y sentimentalmente, a todos. Lorca es nuestro “muerto Simbólico”. Una madrugada de un día como hoy, un 18 de agosto, fue fusilado. Su casa es la de los oprimidos del mundo, la de los triste y sensibles, es la casa de la poesía que habita en nuestros corazones, pero eso no es óbice para seguir maltratando sus vestigios físicos. 

Manuel Francisco Reina

Sobre el autor

Manuel Francisco Reina

El que faltaba

Manuel Francisco Reina es un escritor, periodista y crítico literario español. Desde joven demostró una gran pasión por la literatura y por la cultura en general, lo que le llevó a formarse académicamente en estas áreas.

Nacido en Cádiz en el año 1974, estudió Filosofía y Letras, especialidad en Filología Hispánica en la Universidad de Cádiz, y posteriormente cursó estudios de Grado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Fue cronista de Cultura del diario ABC y ha colaborado con La Vanguardia, Diario de Cádiz, Babelia, Zero o GQ.

En su trayectoria profesional destaca su colaboración con diversos medios de comunicación y publicaciones culturales. Actualmente es colaborador de opinión del diario digital ElPlural.com, donde es firma fija de opinión cultural y política en la sección “El que faltaba” desde el año 2015.

Anteriormente, fue titular de la sección “La Verdad del Cuento” en la que publicó artículos y reportajes sobre cultura, desde mayo de 2008 hasta mayo de 2010. También es miembro de la Academia de Artes Escénicas de España, lo que refleja su compromiso con la cultura y las artes escénicas en particular.

Entre sus últimas publicaciones destaca el poemario Servido en frío, que le valió el Premio Jaime Gil de Biedma de Poesía, otorgado por la Diputación de Segovia. Igualmente fue relevante La princesa Paca, co-escrito junto con Rosa Villacastín y publicado en el año 2014, libro del que posteriormente se hizo una adaptación para la televisión en cuyo guion colaboró el propio Reina.