Pedro Sánchez ha respondido a las amenazas de Donald Trump con una frase que lo deja claro: “La posición de España se resume en cuatro palabras: No a la guerra”. Así, sin rodeos. Sin medias tintas. No a la guerra. No al chantaje. No al miedo. Mientras otros miraban a Washington esperando instrucciones, el presidente del Gobierno dijo en voz alta lo que piensa la mayoría de este país.
Sánchez recordó algo que algunos parecen haber olvidado: “Hace 23 años otra administración de EEUU nos arrastró a una guerra en Oriente Medio. Desencadenó la mayor oleada de inseguridad que ha sufrido nuestro continente desde la caída del muro de Berlín”. Aquella guerra de Irak tuvo foto en las Azores y tuvo consecuencias. España aprendió. Y ahora no quiere repetir la historia.
“No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias”. Y también: “No se puede responder a una ilegalidad con otra porque así empiezan los grandes desastres de la humanidad”. No es retórica. Es sentido común. Es el sentido común español dicho en voz alta.
Porque España es un país de paz. No queremos misiles. No queremos bases militares extranjeras que se usen para la guerra. No queremos destinar el 5% de nuestro presupuesto a matar niños en Oriente Medio. Queremos hospitales públicos fuertes. Universidades dignas. Servicios sociales que funcionen. Gobiernos que mejoren la vida de la gente, no que la empeoren usando el humo de la guerra para tapar su fracaso.
Y Pedro Sánchez no estaba solo. Fue el primero en hablar claro, sí. Pero no estaba solo. Se han sumado al mensaje de moderación y respeto al derecho internacional países como Irlanda, Bélgica, Luxemburgo, Malta y Eslovenia. También han mostrado su rechazo a una escalada militar y a acciones contrarias al derecho internacional países como Noruega y Suiza.
El presidente francés Emmanuel Macron ha expresado su desacuerdo con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán, calificándolo de “fuera del derecho internacional”, e insistió en que Francia no fue informada ni participó en esa operación, llamando a retomar la vía diplomática antes que la escalada armada. Macron también advirtió contra un posible despliegue terrestre y defendió que cualquier solución duradera solo puede venir de la negociación, no de la guerra.
El primer ministro británico Keir Starmer aseguró que el Reino Unido no se suma a los ataques ilimitados de EEUU e Israel contra IránKeir Starmer aseguró que el Reino Unido no se suma a los ataques ilimitados de EEUU e Israel contra Irán. Su gobierno ha dejado claro que el uso de bases británicas, si ocurre, será solo en un contexto defensivo y no ofensivo. En el caso de Italia, Giorgia Meloni ha llamado a detener los ataques iraníes y ha subrayado que su gobierno no quiere una escalada, insistiendo en que hay que evitar que la crisis se extienda.
Fuera de Europa, Canadá ha pedido contención y respeto al marco legal internacional. No es un club de radicales. Es un grupo de democracias que saben que jugar con fuego en Oriente Medio siempre termina quemando a todos.
Incluso la Conferencia Episcopal española ha puesto en duda la legalidad del ataque sobre Irán. Cuando los obispos hablan de respeto al derecho internacional y prudencia, quizá conviene escuchar. No parece precisamente un alegato bolivariano.
Desde Alemania, el exministro verde Jürgen Trittin fue claro sobre Sánchez: “Un hombre valiente, con carácter y principios”. No es habitual que desde Berlín se lancen flores gratuitas. Y, sin embargo, ahí están.
Y tras las amenazas de Trump a España, la relatora de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, lanzó un mensaje directo: “Fuerza presidente Sánchez. Fuerza, querida España”. Cuando desde Naciones Unidas se anima a resistir presiones, es que algo importante está pasando.
Mientras tanto, ¿qué hacían Feijóo y Abascal? Comprar el relato de Donald Trump. Atacar al Gobierno de España por no participar en una guerra. Repetir que nuestro país debe “cumplir” con más gasto militar. Hablar de fiabilidad mientras aceptan que nos amenacen con aranceles.
Aquí empieza la crítica demoledora. Primero, la incoherencia. ¿Cómo puede alguien llamarse “patriota” si aplaude políticas arancelarias o diplomáticas de otro país que perjudican directamente a los agricultores o empresas españolas? Cuando Trump amenaza con cortar comercio o imponer castigos económicos, ¿eso es defender España? Si mañana los aranceles golpean al aceite, al vino o al acero español, ¿también será patriotismo?
Dicen que EEUU es el país con más suerte del mundo. Allá donde va a restaurar la libertad, encuentra petróleo. Y, curiosamente, el dinero siempre aparece en el entorno de Donald Trump. Luego el Tribunal Supremo le quita aranceles, sí, pero el ruido ya está hecho. La presión ya está lanzada.
Segundo, la dependencia ideológica. Feijóo y Abascal parecen más preocupados por encajar en la agenda internacional de la extrema derecha que por defender los intereses estratégicos de España en la Unión Europea. La UE ha salido en defensa de España frente a las amenazas. Ha dejado KO a Feijóo en el primer segundo del primer asalto. Lo ha retratado. Porque mientras Bruselas habla de proteger los intereses europeos, el líder del PP prefiere criticar a su propio país.
Trump no quiere aliados, quiere vasallos. Se mete con España, pero también con el Reino Unido cuando le conviene. Perdón, un aliado sí tiene: Netanyahu. Y el resto, a obedecer. Ese es el modelo que aplauden nuestros supuestos patriotas.
Tercero, el silencio cómplice. Lo que en otros contextos llamarían “humillación nacional”, cuando viene de Trump lo llaman “pragmatismo”. Si un presidente latinoamericano amenazara a España con sanciones por condenar un ataque militar, estarían pidiendo romper relaciones. Pero si lo hace Trump, bajan la cabeza y hablan de realismo.
Feijóo no nos mete en otra guerra como la de Irak porque no puede, no porque no quiera. Si dependiera solo de su voluntad política, ya estaríamos buscando casco y chaleco. ¿Y por qué no se van Feijóo y Abascal a Irán a combatir sobre el terreno y nos dejan en paz a los españoles? Si tan convencidos están, que den ejemplo.
La izquierda de nuestro país puede hoy ondear, con más fuerza que nunca, la bandera de España. Porque defender la soberanía nacional frente a presiones externas es patriotismo. Defender el derecho internacional es patriotismo. Evitar que nuestros jóvenes mueran en guerras ajenas es patriotismo.
Mientras tanto, Feijóo y Abascal ondean su amor por la bandera de Estados Unidos. Y llaman traidor a quien dice “no” a la guerra. Curioso concepto de patria: cuanto más gritan “España”, más sumisos son ante quien la amenaza.
Sánchez lo ha resumido con otra frase sencilla: “Desde España estamos en contra de este desastre, que los Gobiernos estamos para mejorar la vida de la gente, no para empeorarla”. No es radical. Es sensato. No queremos un 5% del PIB para tanques. Queremos listas de espera más cortas. Más becas. Más investigación. Más dependencia bien atendida. Más dignidad.
Quien se oponga a esto, que explique su alternativa. Que diga claramente que prefiere misiles a hospitales. Que prefiere quedar bien en Washington a defender a los agricultores españoles. Que prefiere la foto con Trump a la dignidad de España.
O estamos con la paz y el derecho internacional. O estamos con la escalada y el chantaje. Y en esta ocasión, España ha hablado claro: no a la guerra. Aunque a algunos les moleste no poder volver a hacerse la foto en las Azores.