Hace unos días leí una viñeta en la que aparecía un cabeza rapada que había escrito una pintada en una pared que decía: "Los inmigrantes nos quitan el trabajo". Junto al cabeza rapada un señor que leía sorprendido la pintada le respondía: "Si te da miedo que una persona que llega a España sin papeles, sin conocer a nadie y sin saber el idioma te quite el trabajo, es que no debes tener mucha confianza en ti mismo". El miedo, y sólo el miedo, es la clave del crecimiento de la extrema derecha en España y en Europa.

Las camisas apretadas de Abascal, para que se noten las largas horas que dedica al gimnasio, no son más  que una bandera con la que ondea su miedo. Es un aviso, un semáforo con el que intenta evitar que nadie más fuerte que él, casi cualquiera, se le acerque y descubra su extrema debilidad. En realidad no tiene miedo a los inmigrantes (sabe que son necesarios), ni al aborto (ya está fuera de plazo), ni a que le ocupen su suntuosa  vivienda (España ocupa uno de los últimos puesto de Europa en ocupación de propiedades), ni a que le obliguen a hacerse musulmán (ya lo fueron sus antepasados), a lo que tiene miedo es a cualquier cambio que pueda afectar su estatus, porque él mejor que nadie es consciente de que la alineación de astros que se produjo para que lo consiguiera, difícilmente se volverá a repetir.

Abascal tiene terror a que alguien con menos escrúpulos y más inconsciente que él (aunque eso pueda parecer imposible de encontrar) le quite un ápice de protagonismo en el extremo de la extrema derecha y la aparición de un descerebrado como Alvise le quita el sueño, como buen cobarde que es, desde las elecciones europeas. Por eso ha iniciado este simulacro de ruptura con el PP, con el que quiere engañar a sus votantes haciéndoles creer que no tiene miedo a perder poder político por defender sus "ideales".

Es una jugada arriesgada, ya ha habido algunos miembros del partido, como el único consejero que tenía Vox en el gobierno extremeño, que se niegan a dejar el puesto y el sueldo, sabedores de que difícilmente se volverán a ver en otra igual. Con los días no es descartable que se unan a este movimiento otros altos cargos de Vox. Son muchos los que, cada uno según sus limitadas capacidades, piensan que Abascal por defender su puesto de líder del facherío español, pone en riesgo no sólo la capacidad económica del partido, sino también su supervivencia política. Si no se han manifestado aún en masa en contra de la medida de Abascal es, seguro que lo han adivinado, por miedo. Siempre el miedo.

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