Confieso que esta vez tenía depositadas muchas esperanzas en el verano. Avanzaba el mes de julio y nadie había bautizado a la estación ni al mes como “negro” en relación con la violencia de género. Y, como quiera que hemos pasado más de un mes viviendo en clave fútbol, ese espejismo había adquirido tonos muy vívidos.
Pero los espejismos, por reales que sean son eso, espejismos. Y la realidad se ha empeñado en recordárnoslo de la manera más dura posible. Así, en 24 horas, nos encontrábamos con el terrible balance de 4 mujeres asesinadas, 3 de ellas por violencia de género. Y el contador de la cifra de la vergüenza durante este año superaba ya las 30, anticipándonos que, de seguir así, el número de víctimas al acabar el año sería superior al del anterior, y el anterior. Intolerable.
Al hilo de esto, en estos días me han preguntado si el verano incrementa la violencia de género, así que hay que abordar la cuestión.
Sería cuanto menos frívolo pensar que el calor sea un factor determinante de la violencia machista, pero lo cierto es que es un dato objetivo que el número de víctimas mortales se incrementa en verano, y esto debe tener alguna razón. Así que vamos a analizarlas.
En primer término, en verano se incrementa la convivencia por las vacaciones. Y a mayor convivencia, aumentan las posibilidades de que el polvorín de una violencia de género latente estalle. Esto significa, no que las vacaciones veraniegas hagan que exista la violencia de género, sino que aumenta los factores de que esa violencia de género latente, que ya existía, se traduzca en uno o varios hechos concretos.
Otro de los factores a tener en cuenta es que la época estival es momento de repartir las vacaciones de los hijos e hijas, y tomar decisiones sobre el régimen de vistas. Y aquí los desacuerdos crean un caldo de cultivo donde la violencia de género se desarrolla a sus anchas.
Para acabar de cerrar el círculo, sabemos que el verano es época propicia para las rupturas de pareja, y también es un dato objetivo que ese momento es especialmente peligroso para las víctimas, porque es cuando se cometen gran parte de los asesinatos de género.
Analizado todo esto, la pregunta del millón sería por qué, sabiendo como se sabe que en verano se incrementan los asesinatos machistas, no se arbitran campañas como se hace para otras cuestiones de riesgo en el verano como los incendios o los accidentes de tráfico. Ahí lo dejo
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)
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