Ser madrileño no es fácil. Vivir en una España dentro de España tiene ventajas, pero sobre todo constituye una larga lista de obligaciones. Isabel Díaz Ayuso, gerente de este pedacito de cielo hormigonado, lo ha descubierto por las malas. La revelación de sus tejemanejes inmobiliarios ha desdibujado su impostado macarrismo barrial y ha dejado al descubierto a la rica de medio pelo que soñaba con un ático en la capital.
La obsesión por los pisos altos ha fulminado el discreto encanto burgués del que se revestía Lady Chamberí y las cañitas que otrora dejaban un regusto cañí en su paladar se impregnan estos días del no menos tradicional sabor del asfalto, característico de derrapes. Jamás nadie brindará por la libertad en la terraza de 200 metros cuadrados que la Comunidad de Madrid iba a decorar cuidadosamente para las visitas ni vomitará alegría en ninguno de los cinco baños preparados para el personal.
Los afterwork nunca coronarán el número 35 de la calle General Martínez Campos y barriles sin pinchar deberán rodar en busca de un nuevo hogar. Quizá enfrente, donde la presidenta cuenta con otro inmueble en propiedad; o a diez minutos de distancia, si es que su pareja, acechada por el tiburón de Hacienda, confiscador de bienes, no ha vendido antes el duplex (piso más ático) en el que ambos residen y un cuadro de Mahou acaba apoyado entre dos cubos de basura a la espera de una nueva familia.
No todo está perdido. El traslado de la fiesta puede provocar que amigos de la prensa y del partido se pierdan por el camino, pero Ayuso deberá confiar en que la oferta de ‘2x15 más un chupito’ y el desparpajo de su experimentado relaciones públicas vuelvan a guiar al rebaño hasta la puerta. Y una vez allí solo queda negarlo todo, incluso la verdad. Solo así podrá evitar que aquellos con acento texano que la alzaron le den ahora la extremaunción.
Hay mucho que dejar atrás (dos áticos, uno de 483 m2 y otro de 206 m2, y un piso de 211 m2), pero es la única manera de que el tiempo monetizado pase favorablemente. Una pena errante injusta para una figura que se ha desvivido por acabar con la crisis de la vivienda de los madrileños apellidados Díaz Ayuso: expulsada de los bares que usaba de oficina, como el maestro de Úbeda. Desahuciada de las oficinas con pretensión de bar. Cañeros a media asta.
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