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Opinión

Cospedal homenajea a un aviador franquista, premiado por bombardear Andalucía

Un escándalo aún mayor que el de las banderas a media asta

Manuel Francisco Reina
Imagen de archivo en la que se puede ver a la ministra visitando una tumba franquista junto a su marido y altos cargos del Ejército

Imagen de archivo en la que se puede ver a la ministra visitando una tumba franquista junto a su marido y altos cargos del Ejército

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A veces la vida nos pone por delante comparaciones no sólo odiosas, sino ilustrativamente pedagógicas. En plena semana santa despedíamos a la ex ministra socialista Carme Chacón, que se distinguió por hacer un trabajo excepcional y marcar diferencias con lo que otros ministros de defensa, todos varones hasta su caso, habían hecho. Una de las cuestiones por las que se distinguió, a pesar de la polvareda que levantase en su momento, fue el sacar de su ministerio cuestiones estrictamente religiosas que no correspondían a un estado moderno y acofensional-no laico como se empeñan algunos dirigentes políticos, que una cosa es que desprecien la Constitución y otra es que no la lean-. Lo más gráfico fue que las banderas no ondeasen  a media asta en el propio Ministerio o los acuartelamientos por la muerte de Cristo los Jueves y Viernes Santos. La actual ministra del PP, María Dolores de Cospedal, que no se dolía en prendas, y era de agradecer, en elogiar a la fallecida predecesora suya, no tardó, sin embargo, ni 24 horas en enmendarle la plana. Este hecho, que es significativo y porque es desdecirse con los hechos de lo dicho de palabra, y que ha suscitado preguntas en el Congreso de los Diputados, no me parece tan grave como otro gesto sucedido en los mismos días, que ha pasado desapercibido, y quiero poner sobre la mesa de debate.

Yo soy un firme defensor de la Semana Santa, como hecho cultural, al margen de las cuestiones personales de fe, que supone además un atractivo importante para todas las empresas de servicio y ocio turístico. Coincido en esto con otros progresistas defensores de las procesiones y este particular de arte en la calle que mueve a la devoción, como fueron Federico García Lorca, o Rafael Alberti, que refirió, con emoción, sus sensaciones al volver del exilio y que en la “madrugá sevillana”, los costaleros de la Macarena le dedicasen una “levantá al camarada Alberti”. Sin embargo, sí me parece grave que una ministra española como  María Dolores de Cospedal, y mezclándolo con las maravillosas procesiones de “Tronos Malagueños”-que es el término malacitano-, mezcle esta tradición con la visita de la tumba del aviador franquista  Joaquín García-Morato. Dice poco del talante democrático de una ministra española, pretendidamente moderna, que vuelve a traernos aires en los que la religión y la dictadura se unían.  Resulta especialmente sangrante cuando el piloto Joaquín García-Morato, fue premiado por la dictadura con el título de “Conde del Jarama”, por su participación como máximo participante en los bombardeos en el frente de Andalucía, y en especial sobre la malagueña ciudad de Antequera. 

Parece que la Ministra Cospedal no es sensible a la España no oficial del NODO, la España de niños muertos de hambre, de gente asustada y arrodillada frente a la custodia de la Procesión del Corpus Christi de Toledo entre un séquito de militares armados, la penuria y el subdesarrollo en los rostros de nuestros abuelos y padres, cuando se llevaba a un dictador bajo palio. Cospedal nos retrotrae a las declaraciones del señor Jaime Mayor Oreja, el ex ministro de Aznar, a propósito de la Ley de Memoria Histórica, cuando aseguró sin despeinarse, y al ser preguntado en una entrevista  “¿no considera pertinente condenar el franquismo?”: “No, por muchas razones. ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad?  Como voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles”. Para rematar aseguró que “Era una situación de extraordinaria placidez”.  Parece que aún el tema de asumir que en nuestra historia hubo un señor con el nombre de Francisco Franco Bahamonde, apoyado por otros muchos poderes fácticos, religiosos y de clase, que se erigió en dictador, derrocando un sistema democrático libremente elegido por la ciudadanía y llamado República, levanta muchas ampollas. Estaría bien que este PP, supuestamente re-centrado por Mariano Rajoy -que fuera compañero en los Ministerios de Aznar con Mayor Oreja-, aclarase de una vez si en su redireccionamiento entra por fin condenar la dictadura.

La Europa moderna y contemporánea a la que aspiran los políticos y pensadores del Partido Popular, sentenció  el 5 de julio de 2006, con  una condena masiva por parte del Parlamento Europeo, recalcando que la sublevación que dio paso a la Guerra Civil “fue un golpe de Estado franquista que derribó el régimen democrático de la República Española hace 70 años”. La mayoría de grupos políticos: socialistas, liberales, verdes, soberanistas y de la extrema izquierda, expresaron su condena a la dictadura.

El Partido Popular Europeo (PPE) delegó su representación en el español Jaime Mayor Oreja, que eludió cualquier referencia al franquismo, lo cual acabó siendo reprobado por los propios integrantes del PPE, al que pertenece el partido español, empezando por la alemana Merkel.

Todo habría pasado con menor trascendencia, aunque la tiene y mucha,  de no ser por la imprevista y apasionada defensa del franquismo que realizó el diputado de la extrema derecha polaca, Maciej Marian Giertych, en nombre de los “No Inscritos”, no se sabe muy bien en qué. Resultó una apología completa: "Gracias a la Iglesia española, al Ejército español y a Francisco Franco, el ataque comunista contra la España católica se pudo superar". Este comentario hizo que interviniera avergonzado el líder entonces del PPE, Hans-Gert Poettering, que se vio obligado a precisar: "todos los dictadores y los que apoyan los regímenes totalitarios, ya sean fascistas, comunistas o nacionalsocialistas, no están en condiciones de defender nuestros ideales". El resultado fue que el PP español y la extrema derecha europea fueron los únicos que no condenaron el franquismo, quedándose aislados dentro de su propio grupo europeo. Qué extraños compañeros de viajes... ¿o no? 

Al final, como dijo Belmonte, “se torea como se es” y, aunque se pretenda dar otra imagen, la ministra María Dolores de Cospedal obra con lo que lleva dentro. “Por sus hechos los conocerás”,  con las banderas a media  asta, mezclando la cultura y la devoción, con el devocionario de figuras tan reprobables, históricamente hablando, como el piloto franquista Joaquín García-Morato, que tuvo la gloria de sembrar de terror y muerte desde su avión las calles de Andalucía, contraviniendo el cristiano mandamiento de “No matarás”. 

Manuel Francisco Reina

Sobre el autor

Manuel Francisco Reina

El que faltaba

Manuel Francisco Reina es un escritor, periodista y crítico literario español. Desde joven demostró una gran pasión por la literatura y por la cultura en general, lo que le llevó a formarse académicamente en estas áreas.

Nacido en Cádiz en el año 1974, estudió Filosofía y Letras, especialidad en Filología Hispánica en la Universidad de Cádiz, y posteriormente cursó estudios de Grado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Fue cronista de Cultura del diario ABC y ha colaborado con La Vanguardia, Diario de Cádiz, Babelia, Zero o GQ.

En su trayectoria profesional destaca su colaboración con diversos medios de comunicación y publicaciones culturales. Actualmente es colaborador de opinión del diario digital ElPlural.com, donde es firma fija de opinión cultural y política en la sección “El que faltaba” desde el año 2015.

Anteriormente, fue titular de la sección “La Verdad del Cuento” en la que publicó artículos y reportajes sobre cultura, desde mayo de 2008 hasta mayo de 2010. También es miembro de la Academia de Artes Escénicas de España, lo que refleja su compromiso con la cultura y las artes escénicas en particular.

Entre sus últimas publicaciones destaca el poemario Servido en frío, que le valió el Premio Jaime Gil de Biedma de Poesía, otorgado por la Diputación de Segovia. Igualmente fue relevante La princesa Paca, co-escrito junto con Rosa Villacastín y publicado en el año 2014, libro del que posteriormente se hizo una adaptación para la televisión en cuyo guion colaboró el propio Reina.