El título de estas líneas se hace realidad en muchas de las ciudades donde la privatización del espacio público, unida a la gentrificación y al impacto del turismo en la oferta de viviendas, convierte las calles, plazas y jardines en escenarios de todo tipo de eventos y negocios particulares que dificultan actividades tan inocentes como andar y pasear o, simplemente, sentarse en un banco a disfrutar a la sombra de un árbol.

Si la vivienda se ha convertido en un activo financiero en un mundo volátil e inestable (fundamentalmente, por los vaivenes de Trump), que impulsa la especulación de rentistas y grandes propietarios en perjuicio de la mayor parte de la ciudadanía, ahora es la calle, el punto de encuentro por antonomasia de la gente, la que se ha transformado en el espacio más codiciado por los intereses comerciales: terrazas de bares y restaurantes, eventos callejeros patrocinados por grandes marcas, pasarelas de moda, pruebas deportivas, soportes publicitarios, procesiones, concentraciones, botellonas, manifestaciones...

El frenesí por los eventos –y cuanto más exagerados, mejor– está llegando a situaciones tan insoportables que el cabreo de los vecindarios deriva ya en protestas ciudadanas. Al retorno de la Fórmula 1 en Madrid con su recorrido semiurbano, las denuncias de los vecinos en el entorno del Bernabéu por la programación casi diaria de eventos y macroconciertos con independencia de los partidos de fútbol, se suma ahora la cesión de plazas emblemáticas para fiestas privadas como ha ocurrido en Sevilla con la Plaza de la Vírgen de los Reyes, a los pies de la Giralda y la catedral, para la cena de gala de los veinte años de la revista "Escaparate" con la presencia del presidente de la Junta de Andalucía y el alcalde José Luis Sanz, que gobierna con el apoyo de Vox.

"las administraciones locales y autonómicas gobernadas por la derecha se declaran irresponsables de sus obligaciones y competencias y culpan de todo a Pedro Sánchez"

Hasta ahora, la sevillana Plaza Nueva, presidida por la fachada principal del Ayuntamiento, se había mantenido libre de veladores. Pero, cuando terminen las obras de remodelación en curso, se autorizarán las mesas de las terrazas de tres hoteles, entre los que se incluye el nuevo ubicado en la antigua sede de Telefónica.

Al consistorio sevillano no le basta que la Plaza de San Francisco, a la que da la otra fachada de su sede, esté ya plagada de mesas altas y bajas de restaurantes, bares de copas y cafeterías. 

La multiplicación de eventos y encuentros deportivos originan unos desplazamientos masivos que abarrotan las calles y zonas aledañas, las inundan de basura y destrozan el mobiliario urbano, entorpecen además el libre deambular de los vecinos y generan un ruido insoportable. 

Si para acceder a una vivienda asequible hay que irse a las afueras lejanas, ahora también la respuesta al peatón local será: "si quiere pasear, váyase al quinto pino." Lo más insufrible de todo esto es que las administraciones locales y autonómicas gobernadas por la derecha se declaran irresponsables de sus obligaciones y competencias y culpan de todo a Pedro Sánchez, el comodín de todas las excusas.

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