Este lunes hemos conocido la sentencia del caso mascarillas. No voy a entrar en las penas al exministro de Tranportes, José Luis Ábalos, ni la de su exasesor, Koldo García, pero sí en la del conseguidor, el corruptor, Víctor de Aldama. En años de cárcel, cuatro y medio, se puede debatir si nos parece mucho o poco…pero en el hecho de que le suspendan la pena y, para colmo, se quede con la pasta no hay debate que valga. Es una metedura de pata del Supremo histórica. A Aldama la corrupción no solo le ha salido gratis, sino que, como dice Nacho Escolar, le sale a devolver.
Este señor se llevó una comisión de un contrato amañado de 3,7 millones (no lo digo yo, lo dicen sus señorías). La sentencia le impone una multa de 340.000 euros, 10.000 euros en 34 meses. A ver, que yo sé que los señorías son de letras, pero si a 3,7 millones le restas 340.000 euros, te quedan 3.360.000 euros de ganancia. 3,3 millones, yo hay mañanas, lectores, que no los gano (ironía modo on).
Vamos, que no hace falta ser matemático Marzal para ver que a Aldama la corrupción le ha salido más que rentable. Pero a eso hay que sumar que no va a entrar en prisión por una colaboración que ya me gustaría a mi saber cuál es. La pena, de chiste: un año de servicios a la comunidad, unos informes semestrales sobre su actividad y, faltaría menos, no volver a delinquir, son las condiciones para no pisar el hotel de las rejas. Inaudito es poco.
Hoy me decía una fuente sobre el asunto: “Acaban de crear una nueva doctrina en el Tribunal Supremo. Hasta dos grados por colaboración tardía (una vez que te investigan), y suspensión de pena hasta 4 años aunque no haya corroboraciones de lo que se diga, eso no importa según el Supremo”.
No puedo dejar de darle la razón a esta fuente. El Supremo, sin que se le caiga la cara de vergüenza a nadie, ha firmado una de las sentencias más lamentables que recuerdo. Pero mi fuente no es la única. El profesor de Derecho Constitucional e histórico de la judicatura española, Joaquín Urías, reaccionaba a golpe de tuit al poco de conocer la sentencia.
“Lo de que Aldama no entre en la cárcel apesta”, señalaba de manera contundente, convencido de que “el Supremo lo sabe” y de ahí que “dedique casi un tercio de la sentencia a justificar lo injustificable: una rebaja desproporcionada de pena y encima suspendida para que no entre a prisión”. “Huele fatal”, apostillaba, publicando el extracto de la sentencia en la que se defienden los motivos de la decisión.
De verdad que no sé si son conscientes del daño que han hecho a la lucha contra la corrupción. Ahora, después del masaje que le han dado a Aldama, han abierto la puerta a los corruptores a corromper a los políticos porque lo que importa, las consecuencia de esos actos, es ninguna. Vamos, que han abierto la puerta a la corrupción.
Esta sentencia es tremenda: tú roba, que si te pillan y dices que colaboras aunque no des papeles o acredites nada, te sale gratis en años de cárcel y encima te quedas la pasta. Pero encima abre la puerta a que otros imputados “larguen” sin pruebas, con el daño que eso hará a la presunción de inocencia. Tremendo es poco.
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