El presidente de Ford Europa ha desembarcado en Valencia con todo el aparato de la solemnidad corporativa y ha regresado a su despacho sin despejar ninguna de las dos incógnitas que mantienen en vilo a una factoría herida. Ni cuándo empezará a rodar el ansiado modelo multienergía —antes eléctrico puro, ahora contemporización sobre ruedas— ni qué papel jugará Geely en Almussafes, en el caso de que se llegue a un acuerdo con el fabricante chino.

Ford Amussafes, un drama de despachos

La agonía de Ford Almussafes ha dejado de ser una cuestión de eficiencia productiva para convertirse en un drama de despachos donde la realidad de la planta y las promesas de Detroit circulan por carriles opuestos. Durante décadas, Valencia ha sido el estandarte de la flexibilidad en el mapa global de la marca, pero hoy se encuentra atrapada en un limbo estratégico que roza la falta de respeto hacia una de las plantillas más competitivas de Europa. La adjudicación de la plataforma eléctrica, que en su momento fue vendida como el salvoconducto definitivo para la supervivencia del centro, se ha transformado en un espejismo que no termina de materializarse en las líneas de montaje.

Una senda muy errática y tardía

​La responsabilidad de esta parálisis apunta directamente a la cúpula directiva. Mientras el CEO mundial, Jim Farley, pregona una visión de futuro basada en la 'libertad de elección' y la rentabilidad, la ejecución en suelo europeo es errática y tardía. La reciente visita del nuevo presidente de Ford Europa, Jim Baumbick, a las instalaciones valencianas esta misma semana, ha seguido el guion de la ambigüedad corporativa: palabras alentadoras sobre un "papel fundamental" en la transformación de la compañía, pero ni una sola concreción sobre los modelos 'multi-energía' prometidos. Es inadmisible que el futuro de miles de familias dependa de una retórica que parece más diseñada para calmar a los mercados que para dar carga de trabajo real a las naves de Almussafes.

Demasiados titubeos y ninguna solución

​Desde una óptica crítica, la gestión de la marca está resultando letal para el tejido industrial español. Ford está utilizando a Valencia como un colchón de reserva mientras resuelve sus propios titubeos sobre qué dirección tomar en el mercado europeo. Se exige a los trabajadores sacrificios constantes, recortes y una flexibilidad infinita, mientras Detroit se reserva el derecho de posponer inversiones esenciales de manera unilateral. No se puede liderar una industria con luces cortas ni con promesas que caducan antes de ser publicadas.

Almussafes necesita certezas y volumen de fabricación

Almussafes no necesita visitas de cortesía ni discursos de directivos que aterrizan para reiterar una apuesta que no se traduce en unidades fabricadas. Si el presidente de Ford Europa y el propio Farley quieren ser creíbles, deben dejar de gestionar el declive mediante parches como los ERTE -que pagamos los ciudadanos- y asignar de inmediato el volumen necesario para que la factoría recupere su ritmo. Lo contrario no es solo una mala estrategia empresarial; es una deslealtad hacia una región que ha cumplido con creces su parte del contrato, mientras la marca parece más interesada en sus balances financieros que en honrar sus propios compromisos industriales.

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