El psicólogo Víctor Amat vuelve a las librerías con una nueva propuesta en el que vuelve con su particular estilo directo y sin concesiones, Tras el éxito de 'Psicología punk', el autor publica 'Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible', un manual que invita a comprender las reglas del narcisismo contemporáneo para aprender a defenderse… y también a jugar mejor la partida.
En este libro, Amat plantea que vivimos en la era de la manipulación y que ignorar sus mecanismos nos deja en desventaja. Su nuevo libro no promete fórmulas mágicas ni autoayuda edulcorada, sino herramientas prácticas para reconocer cómo influyen los demás sobre nosotros y cómo usar ese conocimiento de forma consciente y ética en la vida cotidiana.
'Las 10 leyes para ser jordidamente irresistible': un manual para moverse bien en la 'era del narcisismo'
Pregunta: ¿Qué te llevó a escribir sobre los temas que abordas en este libro en concreto?
Respuesta: Por un lado, hace muchísimos años que yo hago formación en persuasión para los profesionales de la salud. Por otro, en mi consulta como psicólogo, he visto muchas personas que en el fondo se veían manipuladas por terceros, por parejas, por hijos o por padres. Veía que todas estas personas se sentían como víctimas de esta situación y que podían verse de alguna manera podían verse ayudados por todas esas técnicas de persuasión que yo estaba enseñando a los profesionales de la salud para que ayudasen a sus pacientes. ¿Y qué pasó? Me di cuenta de que lo que hacen utilizan los narcisistas y el resto de manipuladores de la realidad so las ismas que enseño a los profesionales de la salud. Así que de toda esta mezcla metida en una coctelera sale el libro.
P: En 'Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible' hablas de una sociedad muy centrada en las apariencias. ¿Crees que esto siempre ha sido así o que las redes sociales han hecho que hoy nos importen más que en otras épocas?
R: Yo creo que siempre ha sido así, pero es verdad que las redes sociales lo potencian a la estratosfera. Es decir, siempre hemos elegido a esas personas que parecían carismáticas o que parecían personas dignas de confianza. Pero claro, hoy en día, con las redes sociales y ese acceso, digamos, universal, donde todo el mundo puede ponerse ante una cámara, eso se ha potenciado mucho más.
P: Se habla mucho del narcisismo y de las personas narcisistas, incluso en medios y artículos divulgativos. ¿Crees que hoy hay más personas narcisistas que antes o que simplemente es un rasgo de personalidad que se ha vuelto más visible?
R: Lo que quiero contar en el libro es que vivimos, en realidad, en una piscina de narcisismo. Es decir, es como si nadáramos en una piscina de narcisismo porque, socialmente, en este momento de la historia, sí es verdad que hay muchísimas personas con rasgos narcisistas que están en, digamos, los estamentos de poder o en las grandes empresas, etcétera. Porque diríamos que son habilidades las de los narcisistas que son muy premiadas hoy en día. Entonces, nosotros podemos situarnos como víctimas frente a esa situación y decir: “Somos víctimas indefensas de gente así”. O podemos entender —que es un poco la propuesta revolucionaria del libro— que estamos todos en esta piscina y que, bueno, nos convendría a todos aprender a nadar. No se trata de que todos seamos campeones olímpicos, es decir, no se trata de que todos seamos manipuladores de manual, pero sí de que conozcamos la técnica para mantenernos a flote.
P: ¿Dirías que todos tenemos cierto grado de narcisismo y que, en mayor o menor medida, todos manipulamos y también somos manipulados?
R: Exacto, exacto. Es como, yo qué sé, como venir a vivir a España y que te moleste que te hablen español, y decir: “Esto está lleno de gente que habla español”. Y claro, en España se habla español, ¿no? Entonces, no hace falta hablar como Cervantes; podrías vivir en España perfectamente dominando, a lo mejor, 1.000 o 1.500 palabras. Pero sí es importante, por lo menos, manejar esas 1.000 o 1.500 palabras.
P: Si todos tenemos algo de narcisismo, ¿puede existir un narcisismo saludable? Y cuando alguien reconoce rasgos narcisistas en sí mismo, ¿qué puede hacer para gestionarlos mejor?
R: Todos tenemos un cierto rasgo de narcisismo, y el que dice que no tiene ningún rasgo narcisista es el más narcisista de todos. Entonces, si todos tenemos algo de narcisismo, ¿qué es lo que debería preocuparnos? Diríamos que el problema aparece cuando el narcisismo está orientado exclusivamente al beneficio propio. Es decir, el manipulador perverso es alguien que tiene la intención de beneficiarse siempre de las situaciones, mientras que un profesional puede usar las herramientas de persuasión para ayudar a los demás. En el fondo, el libro invita a esto: a que aprendas estas técnicas, primero para poder defenderte y detectar cuándo alguien quiere, de alguna manera, seducirte o manipularte, pero también para que tú puedas utilizarlas para el bien. Un médico, un profesor, un vendedor son personas que tienen cada día que lidiar, diríamos, con la necesidad de entre comillas manipular para bien a las personas, ¿no?
P: A la hora de convencer o influir en los demás de forma honesta, ¿qué es lo más importante? ¿Cómo puede ganar confianza alguien que siente que no sabe “venderse” bien?
R: Mira, en realidad el libro está diciendo algo que es poco obvio: que para manipular para bien hay que saber escuchar. Quizá lo que nos ha pasado en una cultura tan inmediata como la nuestra es que no escuchamos. Vemos a todos esos gurús de Instagram que nos dan consejos sobre cómo deberíamos vivir la vida, pero, en el fondo, lo más importante —lo que hace a alguien realmente persuasivo— es que sepa escuchar. Cuando uno escucha, sabe qué es lo que le duele al otro. Y cuando sabes lo que le duele al otro, puedes ayudar, ya sea para aliviar ese dolor o para aprovecharte de él.
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P: En el libro también mencionas la hipnosis. ¿Cómo llegaste a esta técnica y de qué manera ha influido en tu trabajo?
R: Bueno, yo era deportista profesional: fui boxeador profesional y luchador de artes marciales. Entonces descubrí la hipnosis para entrenarme. Quiero decir, yo tenía un entrenador que me ayudaba en el ámbito mental y fue así como conocí la herramienta de la hipnosis. ¿Qué pasó después? Que cuando dejé mi carrera como boxeador y me hice psicólogo, ya venía con una formación en hipnosis que me ha resultado muy útil en mi trabajo. Porque, en el fondo, la hipnosis no es más que una manera de hablar que lo que busca es sugestionar y persuadir, ¿no?
P: Para quien no lo tenga claro, ¿qué diferencias principales hay entre la hipnosis y la meditación?
R: La meditación, en el fondo, no debería tener un objetivo concreto. Uno medita para recuperar el contacto consigo mismo. Entonces, meditando tú intentas pues no apegarte a los pensamientos o dejarlos pasar para no identificarte con ellos. La hipnosis, en cambio, es un trabajo en el que sí hay un objetivo: quieres lograr algo concreto y lo que buscas es, digamos, optimizar tu cerebro para poder conseguirlo. Siempre dentro de lo posible para esa persona. Por ejemplo, yo mido un metro setenta; por mucha hipnosis que haga, nunca mediré un metro setenta y cinco, ¿no? Pero sí, si mido un metro setenta, a lo mejor puedo llevarlo con cierta elegancia.
P: ¿Cuál es el error más común que solemos cometer cuando intentamos persuadir o convencer a alguien?
R: El error es que dispensamos consejos sin haber escuchado a la persona, sin saber qué es lo que realmente necesita. Cuando tú escuchas a alguien, puedes saber qué cosas hay que escuchar para luego intentar convencerlo de lo que sea. Todos en la vida hemos dado consejos que los demás no siguen; es decir, todos tenemos amigos a los que les hemos dado consejos y no los han aplicado. Y ahí está el problema: que saltamos al consejo sin haber escuchado bien cómo la persona necesita recibir esa información.
P: En el libro afirmas que no hay que perseguir el cambio, sino la relación. ¿Cómo se conecta esta idea con tu teoría de los “universos paralelos”?
R: Lo prioritario es la relación. La persona persuadida es persuadida por alguien de su confianza. Por eso las estafas casi siempre vienen de personas que se han ganado tu confianza previamente. Y esto no solo ocurre con las estaas: alguien también puede curarse porque otra persona de confianza le prescribe bien un fármaco. Entonces, diríamos que que los universos paralelos es una siguiente fase y es, una vez tú has conseguido establecer ese vínculo de confianza con la persona, hay que ser capaz de pintar un futuro que sea, diríamos, interesante para la persona, ¿no? Hay que saber conectar muy bien con el deseo del otro y poderle pintar un futuro en el que el otro se ve de manera posible. A eso es a lo que yo le llamo crear un universo paralelo. Donde la persona puede de alguna manera irse separando de cómo ve la realidad en el momento presente para poderse enamorar de la idea de conseguir una cosa alternativa posible para ella.
P: Cuentas también la experiencia de tu negocio de gimnasios, que no salió bien. ¿Crees que el fracaso puede ser un impulso positivo para crecer o cambiar a mejor?
R: Yo creo que lo que intento decir ahí es que, a veces, hay que ser valiente para soltar algo que ya no te está dando el rédito que buscas. A mí me pasaba que el gimnasio no me iba bien y tenía que pedir préstamos, pero llegó un momento en que ya no podía pedir más. Sin embargo, como estaba tan enamorado de ese proyecto, me costaba mucho verlo con claridad. En eso se puede comparar, por ejemplo, con una persona que tiene una relación, entre comillas, tóxica. Desde fuera puedes verlo claro y pensar: “No puedo seguir con esta persona”. Pero, en cambio, no es fácil dejarlo. No es fácil soltar a alguien con quien has construido un proyecto, aunque sea un proyecto imaginario. Entonces, cuando uno persuade a los demás, también tiene que ayudarles a descubrir cuándo ha llegado el momento de dejar de hacer aquello que les causa dolor. Y luego está el fracaso. Obviamente, el fracaso siempre te enseña. Lo que pasa es que sus lecciones suelen verse a largo plazo; no son inmediatas.
P: Cuando un lector termine el libro, ¿qué te gustaría que se llevara o que cambiara en su forma de ver las cosas?
R: Lo que me gustaría es que la lectora o el lector le pierda el miedo a la manipulación y simplemente entienda cómo funciona para, primero, poder dejarse influir cuando le conviene —porque a todos, a veces, nos conviene que nos influyan, y no pasa nada—, pero hacerlo de manera consciente. No desde el engaño, sino desde la elección. Es como cuando vas a un fisioterapeuta y te dice: “Déjame tu pierna”, y tú se la dejas para que la manipule y te ayude. Sabes lo que está haciendo y aceptas ese proceso porque es para tu beneficio.
P. Desde tu perspectiva como psicólogo, ¿qué puede aportar un libro de psicología como este en comparación con acudir a terapia? ¿Qué debería esperar el lector de este tipo de obras?
R: Tú puedes leer un libro sobre dieta, pero el libro no te adelgaza: tienes que hacer la dieta. Del mismo modo, un libro nunca va a sustituir una terapia, pero sí te ofrece información. Y aquí hay una idea que es casi un leitmotiv en mi trabajo y en todos mis libros: mostrarle al lector o a la lectora que tiene información y que es su responsabilidad decidir qué hace con ella. Una vez tienes esa información, puedes decidir si vas a una psicóloga o no, porque ya sabes, más o menos, qué tipo de cosas puede aportarte. El gran problema de cierta autoayuda es que algunos grandes persuasores han vendido humo y han hecho creer a la gente que no necesita ayuda profesional externa. Ese es el gran error. En mis libros siempre digo: yo te explico cosas; luego, tú decides qué hacer con ellas.