Algo que llama la atención cuando se comienza la tercera o cuarta partida de Spectacular: nadie habla. No porque el juego aburra, sino por lo contrario. Todo el mundo está tan metido en su propio parque, tan pendiente de lo que va a llegarle dentro de cuatro turnos, que la mesa se queda en silencio. Es una sensación poco habitual en un juego familiar de media hora y explica bastante bien qué clase de propuesta es esta.

El diseño lo firman los hermanos noruegos Eilif y Åsmund Svensson, que publicaron la edición original en 2024 a través de su propio sello, Chilifox Games, con ilustraciones de Gjermund Mørkved Bohne. En España lo edita Tranjis Games, que nos ha cedido el ejemplar con el que hemos jugado cerca de diez partidas, sobre todo a tres y cuatro jugadores.

La premisa es la que sugiere la portada. Cada persona construye una reserva natural para acoger especies vulnerables y en peligro de extinción: recibe animales nuevos, los alimenta, fomenta su crianza, amplía cada hábitat y levanta torres de observación desde las que los visitantes puedan admirar al leopardo de las nieves o al pangolín. Debajo de ese envoltorio hay un puzle de drafteo cerradocolocación de losetas y dados con más frentes abiertos de los que aparenta.

Ficha técnica

Diseño Eilif Svensson y Åsmund Svensson
Ilustración Gjermund Mørkved Bohne
Editorial Tranjis Games (edición en castellano). Original de Chilifox Games
Jugadores 1 a 6
Duración 30 minutos
Edad A partir de 10 años
Mecánicas Colocación de losetas, colocación de dados y draft simultáneo con rotación
Dependencia del idioma Mínima: reglamento y apéndice
Precio recomendado 34,95 euros

Quince turnos y dos decisiones cada uno

La partida dura dos rondas: ocho turnos la primera y siete la segunda. Quince en total, y todo el mundo juega a la vez. En cada turno se eligen exactamente dos elementos, que pueden ser una loseta o un dado. Uno sale del tablero de reserva que tienes delante, un pequeño soporte con aspecto de mercado compartido que va rotando hacia la izquierda al final de cada turno. El otro sale de tu reserva personal, con la que arrancas la partida. Después se colocan los dos en tu parque y se pasa el tablero al vecino.

Las losetas llevan un color de hábitat —verde, azul, gris o amarillo— y uno de los dieciséis animales del juego. Pueden ir a cualquier hexágono vacío, sin necesidad de tocar una loseta previa y sin obligación de encajar colores. Ahí el juego es generoso.

Con los dados, que representan el alimento, se pone estricto. Cada dado debe ir sobre una loseta de su mismo color. Las losetas de cría, indispensables para activar el hábitat, solo admiten valores de 1 o 2. La casilla del animal estrella, que es distinta en cada tablero, solo admite un 6. Y los seises no se pueden colocar en ninguna otra parte hasta que hayas construido al menos una torre de observación. Para levantarla hay que completar un círculo con tres fragmentos del mismo color repartidos entre losetas adyacentes.

Hay un detalle que conviene explicar porque es donde se deciden las partidas de Spectacular. Cada área de hábitat suma el valor de todos sus dados y multiplica ese total por la cantidad de dados que haya sobre losetas de cría dentro de esa misma área. No por su valor: por su cantidad. Un hábitat sin ninguna cría con dado vale cero puntos, por muchos animales que acumule. A eso se suman las torres, que puntúan la suma de los tres dados que las rodean, y la variedad de especies, que escala de forma acelerada: 21 puntos con doce animales distintos, 30 con trece, 40 con catorce y hasta 80 si se completan las diecisiete.

El reglamento incluye además un modo objetivos opcional —desaconsejado para las primeras partidas— y un modo en solitario con condiciones propias: superar los 200 puntos y completar dos de los tres objetivos.

El truco de los dados bajos

Lo mejor del diseño es lo que hace con el azar. En cualquier juego de dados uno aspira a sacar valores altos. Aquí no. Como las losetas de cría solo aceptan un 1 o un 2 y son las que multiplican, los dados bajos se convierten en los desencadenantes de toda la puntuación. Eso obliga a alternar la búsqueda de valores altos con la de los más bajos, y da variedad a un gesto que de otro modo sería mecánico. No cuesta interiorizarlo, pero si no le das prioridad te puede costar un montón de puntos.

Las torres de observación merecen atención parecida o incluso mayor que los hábitats. Son un acumulador de puntos decisivos y exigen planificar la conexión de losetas muy concretas varios turnos antes de que la ocasión llegue.

Donde el juego se pone exigente es en el número de capas que hay que vigilar a la vez. Hábitats, torres, variedad de especies y, si se juega con ellos, objetivos. Cuatro frentes abiertos y solo dos elementos por turno para atenderlos. Nos parece riqueza, no sobrecarga, aunque obliga a una gestión de la frustración importante: hay que asumir cuanto antes que no se va a llegar a todo y que la partida consiste en priorizar.

Las fichas de trabajo, cinco por jugador, son un power up permiten alterar el valor de un dado en más o menos uno. Son enormemente útiles, porque son la vía para fabricar el 1 que te falta en una cría o el 6 que necesitas junto a una torre. Su problema es que se pasan por alto: cuesta meterlas en la cabeza las primeras veces y es fácil terminar la partida con la mitad sin usar.

La primera ronda es puro andamiaje

Aquí está la reserva más clara que le ponemos al diseño. Al terminar la ronda 1 hay una puntuación intermedia por los dados conectados a la entrada del parque, pero en nuestras partidas ha resultado prácticamente residual. La primera mitad se juega para preparar el terreno de la segunda y montar los combos que sí van a puntuar. Quien espere que ese corte a mitad de partida genere una carrera se va a llevar una decepción.

El cierre, en cambio, llega en el momento justo. La primera vez que juegas puedes tener la sensación de no haberte enterado del todo, de no haber sabido cuadrar la estrategia. Al hacer el recuento sueles descubrir que sí lo habías entendido, y eso despierta una necesidad inmediata de pedir una revancha. Sobre todo por que descubres que has participado en un juego con mayor profundidad de la que pensabas, pero la partida no ha durado tanto como creías.

Juego de tablero • Tranjis Games

Spectacular

Un juego de colocación de losetas y dados en el que construyes tu propia reserva natural para preservar especies en peligro. Alimenta a los animales, fomenta su cría y levanta torres de observación en partidas simultáneas de media hora para hasta seis jugadores.

👥 1–6 jugadores ⏱ 30 min 🎓 +10 años 🎲 Familiar
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La partida más silenciosa de la estantería

El sistema de rotación de tableros permite anticiparse. Estás pendiente de lo que viene incluso cuatro turnos por delante y ese cálculo es, para nuestro gusto, el principal atractivo del juego. Pero es también su mayor enemigo, porque implica estar muy metido en tu propia partida.

La interacción verbal es casi nula. No hay pique, no hay broncas. Al contrario: intentas mantener cara de póker y no llamar la atención para que a nadie se le ocurra fastidiarte la jugada. Entre la concentración, los turnos simultáneos y ese intento de pasar desapercibido, la partida transcurre prácticamente en silencio.

Al pasar el tablero al vecino tampoco se calcula gran cosa. Por lo general prima lo que necesitas tú antes que el boicot al rival. Y con tantas opciones sobre la mesa —aun sabiendo que hay más dados que posiciones donde colocarlos— se genera una ansiedad muy concreta: la de saber que no llegas a todo. Ahí es donde se desencadena la estrategia y donde el juego suple la ausencia de turnos alternos.

Sobre el papel, existe una capa adicional: con objetivos en juego, un rival que deja pasar sistemáticamente ciertos valores está delatando su plan. En la práctica se nos ha escapado. Hay ya demasiados aspectos evidentes que vigilar como para andar leyendo indirectas.

Cómo se comporta según el número de jugadores

La simultaneidad hace que la duración apenas se mueva. Media hora o tres cuartos es lo habitual, y ni siquiera explicando las reglas por primera vez se pasa de la hora. Tampoco hizo falta nombrar a nadie capataz: quien más ha jugado marca el paso al principio y poco más. Hay algún descuadre puntual, aunque con un matiz propio del juego simultáneo: un error de otro puede pasar desapercibido, igual que resulta más fácil hacer trampas sin que nadie lo note. Allá cada uno.

A cuatro jugadores nos parece el punto ideal. Los dados pasan ante ti un número suficiente de veces como para poder planificar, y la tensión de tener más rivales alrededor se mantiene equilibrada. A cinco o seis el tablero apenas te vuelve, así que la previsión desaparece y todo se vuelve más táctico, con un plus de ansiedad al saber que las oportunidades no van a repetirse.

La cara asimétrica de los tableros personales aporta lo suyo: obliga a estar aún más pendiente de las reservas que llegan e introduce incertidumbre sobre lo que van a escoger los demás. Los seis animales estrella distintos, en cambio, no llegan a notarse. Habría que jugar mucho y repetir contrincantes para que elegir tablero de arranque generase fricción real.

Producción: muchos dados y unas cajitas que lo cambian todo

La caja viene muy llena —96 dados, 24 torres, más de un centenar de losetas— y aun así la producción está bien cuidada. La portada es una apuesta segura para el lineal: contrapicado de la torre, colores saturados y un impacto central muy fuerte, en la línea de lo que Tranjis viene haciendo con títulos como Ecos del Tiempo o Entropy.

Los cuatro colores de hábitat se leen perfectamente y mantienen sintonía con el bioma que representan. No hay problemas cromáticos ni de reconocimiento. Las losetas de cría no dibujan crías, sino el mismo animal con un corazón, y nos parece un acierto: simplifica y, sobre todo, facilita el conteo de variedades al final de la partida, que es prácticamente lo último que se mide y lo que puede desencadenar la victoria.

La pega está en las torres, unos tokens cilíndricos muy básicos que podrían tener bastante más detalle. Se entiende la decisión viendo la cantidad de dados que incluye la caja y el esfuerzo de producción que se llevan las losetas de animales.

Mención aparte para el sistema interno de cajitas organizadoras, diez en total. Es todo un acierto y una tranquilidad para los maniáticos del orden, pero además reduce muchísimo el tiempo de montaje: repartir una caja por jugador según cuántos vayan a ser resuelve buena parte de la preparación. En cuanto a espacio, una mesa de centro se queda corta a cinco o seis jugadores; hace falta mesa de comedor para estar a gusto.

El apéndice con información sobre las dieciséis especies no lo leyó nadie en nuestras partidas, seguramente porque no era el perfil de jugadores, pero se agradece. En una época marcada por lo que abrió Wingspan, cualquier gesto que refuerce la idea de que los juegos de mesa también son cultura suma, y puede funcionar muy bien con los pequeños de la casa.

¿Para quién es Spectacular?

Encaja con quien disfruta del eurogame ligero y medio, del estilo de Catán, Azul, Carcassonne o Harmonies, concede importancia al apartado visual y prefiere que su juego no sea un abstracto pelado. Es de esos títulos que se sacan cuando viene gente nueva a casa, y en nuestro caso ha salido a mesa bastante más que la media de lo que jugamos.

Tiene además una virtud poco publicitada. En grupos donde hay jugadores que eternizan su turno y matan el ritmo, aquí no hay dónde esconderse: la rotación de tableros y el juego simultáneo empujan a todo el mundo al mismo paso.

Le encajará peor a quien busque conversación, pique y confrontación directa. Spectacular es un juego de mesas concentradas, no de mesas ruidosas. Y quien quiera una capa extra de exigencia tiene el modo objetivos esperando, aunque con el básico funciona de sobra.

Nuestra valoración

ESTÉTICA Y ARTE
8,5

Portada de impacto y cuatro hábitats que se leen sin esfuerzo en cualquier mesa.

MECÁNICA DE JUEGO
9,0

Los dados bajos mandan. Cuatro frentes abiertos y solo dos elecciones por turno.

RITMO Y FLUIDEZ
9,0

Media hora sea cual sea la mesa, sin entreturnos y con un cierre que pide revancha.

INTERACCIÓN
6,5

Se juega casi en silencio. Prima tu parque sobre el boicot y el pique no aparece.

REJUGABILIDAD
8,0

Sale a mesa más que la media, aunque los seis animales estrella apenas diferencian.

PRODUCCIÓN
8,0

Cuidada pese al aluvión de dados. Las torres se quedan en cilindros sin detalle.

VALORACIÓN FINAL
8,2

Una hermosa aventura animal sin tiempo para retomar el aliento.

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