Hay nombres que no solo cuentan la historia, sino que la pisan. Diego Carcedo fue uno de ellos. El periodista ha fallecido este domingo en Madrid a los 86 años, según ha confirmado la Asociación de Periodistas Europeos, entidad de la que era presidente en su sección española. Se va una de esas figuras que ayudan a entender por qué el oficio, cuando se ejerce con rigor, deja huella.

Nacido en Cangas de Onís en 1940, Carcedo no fue un periodista de despacho. Fue, ante todo, un reportero. De los que están donde pasan las cosas. De los que llegan, miran y cuentan. Su trayectoria, estrechamente ligada a RTVE, no se explica sin esa mirada de campo que marcó toda su carrera, incluso cuando ocupó cargos de responsabilidad como director de los Servicios Informativos de Televisión Española o director de Radio Nacional de España entre 1991 y 1996.

Antes de eso ya había recorrido medio mundo. Desde sus inicios en La Nueva España y su paso por la agencia Pyresa, su carrera fue cogiendo vuelo hasta situarle en algunos de los escenarios más convulsos del siglo XX. Fue enviado especial en la llamada “guerra del fútbol” entre Honduras y El Salvador, cubrió la evacuación de Saigón en los últimos días de la guerra de Vietnam y estuvo en la Revolución de los Claveles en Portugal. También narró el golpe de Estado en Chile que derrocó a Salvador Allende.

En televisión encontró su gran altavoz. Programas como Los reporteros le permitieron recorrer más de un centenar de países y entrevistar a decenas de jefes de Estado y de Gobierno.


Reportero ante todo

Aunque acabó ocupando despachos, nunca dejó de ser reportero. Fue corresponsal en Portugal y Estados Unidos, delegado de la Agencia EFE en Nueva York y, durante más de una década, miembro del consejo de administración de RTVE. Incluso en sus últimas etapas profesionales siguió vinculado al análisis y al debate sobre el oficio, llegando a presidir el Comité de Expertos encargado de proponer la renovación del ente público en 2018.

A lo largo de su carrera recibió reconocimientos como el Premio Cirilo Rodríguez, la Antena de Oro extraordinaria o el Premio APEI. También dejó testimonio escrito en obras como Fusiles y claveles o Entre bestias y héroes, esta última galardonada con el Premio Espasa de Ensayo.

La capilla ardiente se ha instalado en el tanatorio de Majadahonda, en Madrid, y estar´abierta de 12:00 a 20:00 horas. Allí se despedirá a un periodista que apostó por lo esencial, mirar, entender y contarlo bien.

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio