La historia de la televisión de nuestro país tuvo un antes y un después con la llegada de la televisión privada. Muchos años antes de que La Séptima empezase a dar sus primeros pasos, en 1990, Antena 3, Telecinco y Canal Plus+ ampliaron la oferta audiovisual española, rompiendo el monopolio que TVE tenía desde el inicio de sus emisiones regulares a finales de 1956. 

Pero lo cierto es que el aterrizaje de la televisión comercial en España comenzó dos años antes. El 25 de enero de 1988 nació Canal 10, la primera cadena privada de la historia española. Este proyecto fue impulsado por conocidos del sector como José María Calviño, director general de RTVE entre 1982 y 1986 y padre de la exvicepresidenta del Gobierno, Nadia Calviño, que encontraron una forma de poder emitir dentro del marco normativo existente en aquel momento.  

Para ser más exacto, aunque sus emisiones fueron en abierto durante dos meses, lo cierto es que Canal 10 fue un canal de pago satélite que se emitía desde Londres (Reino Unido) a través del satélite IntelSat 5, llegando incluso a acuerdos con pequeñas redes locales de televisión de pago para su emisión. Este planteamiento recuerda mucho al que tuvo durante su existencia en España Canal+, que llegó a formar parte de su accionariado. 

Esta cadena de televisión tampoco estaba operativa en todo el territorio nacional. Además de pagar el alta, las cuotas mensuales y contar con una parabólica orientada y su correspondiente receptor, solo los espectadores de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao podían consumir su oferta televisiva, caracterizada por la ausencia de anuncios comerciales. De hecho, su primer hito fue la retransmisión televisiva de la película Kramer contra Kramer sin cortes publicitarios, aunque, posteriormente, también tuvo series, documentales, retransmisiones deportivas y programas musicales y de variedades.

Su quiebra llegó solo 7 meses después

Una vez pasados los dos meses en los que emitió en abierto, en abril de 1988, Canal 10 se convirtió en una cadena de pago, lanzando una campaña promocional protagonizada por la actriz Bo Derek, que hacía un claro guiño a su película 10, la mujer perfectaEs más, también se promocionó en los grandes periódicos nacionales y en la propia RTVE bajo el lema Apúntense al 10

Los costes para apuntarse y suscribirse a Canal 10 no eran muy económicos para aquella época. Aunque la instalación del receptor y de la antena era gratuita, inicialmente, el telespectador que quisiera ver esta cadena tenía que hacer un pago inicial de 15.000 pesetas (90 euros), más de 266 euros si tenemos en cuenta la conversión de moneda y la inflación desde entonces. A ello, también había que sumarle una cuota mensual de 3.500 pesetas (21 euros), unos 62 euros en la actualidad. 

A partir de ahí, todo fue cuesta abajo y sin freno para este proyecto audiovisual debido a diversos factores, como las escasas suscripciones que tuvo en sus primeros meses de vida o la llegada de las nuevas televisiones autonómicas. A ello también se le sumó que, en abril de 1988, el Congreso de los Diputados aprobó la ley de televisión privada, que contó únicamente con los votos favorables del PSOE, ya que el resto de partidos como Alianza Popular (predecesor del PP) rechazaba este modelo audiovisual, algo impensable en la actualidad.

Solo días más tarde, el Gobierno de Felipe González iniciaba el proceso de adjudicación de las licencias privadas, haciendo que la tormenta perfecta estuviese a punto de descargar sobre Canal 10. En mayo, la televisión luxemburguesa CTL (ahora conocida como RTL) salió del proyecto y, posteriormente, la cadena internalizó su producción en un intento por controlar los gastos. 

En septiembre, Canal 10 suspendió las emisiones después de que los Estudios Molinare, compañía de Londres que se encargaba de su continuidad, se negase a facilitarle los servicios necesarios para su emisión hasta que su empresa matriz, Film Success S.A., pagase la deuda correspondiente a los últimos meses de alquiler.

Después de un mes de culebrón en el que se levantaron solicitudes de quiebra y su junta de accionistas se querelló contra su principal socio (Enrique Talarewitz) por "mala gestión", en octubre de 1988, 22 acreedores de la empresa matriz de Canal 10 presentaron una solicitud de suspensión de pagos, estimando una deuda de cerca de 850 millones de pesetas (5,1 millones de euros), lo que equivaldría a más de 15 millones de euros a valores actuales teniendo en cuenta la variación del IPC. 

Las criticas también llegaron desde Andorra

El culebrón no se quedó ahí. Una de las accionistas, la Caixa Andorrana de Seguridad Social (CASS), presentó una demanda de embargo por importe de 1.200 millones de pesetas contra el empresario Enrique Talarewitz. En este sentido, hay que destacar que esta acción se produjo meses después de que, en febrero de 1988, el Consell General de les Valls (Parlamento andorrano) mostrase su disconformidad con la política inversora de esta entidad parapública al considerar que no debía comportarse como un holding financiero, pidiendo la creación de una comisión asesora para dichas inversiones, según informó El País en su día. 

Es más, el foco de estas críticas se centró especialmente en la inversión de 150 millones de pesetas de la época (lo que serían 2,6 millones de euros en la actualidad) que realizó la CASS en Canal 10, lo que también se tradujo en una participación accionarial del 15% en el proyecto audiovisual. 

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