Pilar Cebrián lleva más de una década contando conflictos desde dentro, lejos del plató y cerca del terreno. Corresponsal en Oriente Medio desde 2011, ha cubierto sobre el terreno algunas de las crisis más complejas de la región, desde la guerra en Siria hasta la expansión del yihadismo, un ámbito en el que se ha especializado a lo largo de su trayectoria. Ha trabajado en países como Israel, Iraq, Turquía o Egipto y ha construido su carrera a base de reportajes en primera línea, entrevistando incluso a combatientes yihadistas y testigos directos de los conflictos.
Ahora, como enviada especial de RTVE, ha vuelto a situarse en el foco informativo tras desplazarse a Líbano para cubrir la escalada de tensión en la región, en un momento marcado por la ofensiva israelí y el papel de Estados Unidos en el conflicto. Desde allí, su trabajo vuelve a poner sobre la mesa no solo la realidad de una zona en permanente inestabilidad, sino también el papel del periodista que informa desde el terreno, en un contexto donde la batalla por el relato es tan relevante como la que se libra sobre el mapa.
En esta entrevista con ElPlural.com, Cebrián analiza la situación actual en Líbano, explica cómo se vive el conflicto sobre el terreno y reflexiona sobre los retos de ejercer el periodismo en escenarios de guerra, donde la información, la propaganda y la desinformación conviven en un equilibrio cada vez más complejo.
Pregunta: ¿Cómo es tu labor como enviada especial?
Respuesta: Un enviado especial hace exactamente lo mismo que el corresponsal, pero suelen ser coberturas un poco más saturadas de información, es decir, suelen ser noticias, coberturas más relevantes, que implican un mayor trabajo y en el que prácticamente no hay descanso porque eres enviado para hacer esa cobertura puntual, que suele durar entre dos y tres semanas. Pero haces realmente las mismas funciones que haría un corresponsal: seguir la actualidad, informar desde el lugar, hacer reportajes, entrevistar a los protagonistas, a las víctimas, y dar esa cobertura para Televisión Española.
(P): Recientemente te hemos visto en el plató de La hora de La 1 informando sobre la última hora del conflicto en Oriente Medio, ¿cómo es trabajar con Silvia Intxaurrondo en este tipo de coberturas?
(R): Trabajar con Silvia es un placer, principalmente porque es una mujer muy informada. Es una mujer que conoce muy bien la región de la que, precisamente, estamos hablando estos días. Ella conoce perfectamente Oriente Medio, conoce perfectamente estas culturas, estos países y está muy a la orden del día.
Es una región muy compleja, en la que ocurren muchas cosas. Son poblaciones en las que hay una gran diversidad de minorías y grandes matices. Y Silvia es muy conocedora de estos matices. De hecho, en el programa se nota la profundidad con la que tratamos la política internacional.
Los periodistas tenemos que ir donde no hay nadie, tenemos que quedarnos para ser testigos
(P): Los periodistas sobre el terreno en momentos de conflicto sois esenciales para conocer la realidad de lo que está sucediendo, especialmente en una época en la que los bulos campan a sus anchas.
(R): La función del periodista en una guerra o en un conflicto es fundamental. El otro día un amigo mío me decía: 'cuando os tenéis que desplazar al sur del Líbano y sabéis que van a bombardar, ¿pero no cancelais el viaje?'. Y yo le decía que precisamente lo que tenemos que hacer nosotros es ir donde no hay nadie. Hay que informar de los lugares en los que no hay gente.
Los periodistas tenemos que quedarnos para ser testigos, que creo que es la palabra clave de lo que ocurre. Porque si nosotros no reportamos o no damos parte de lo que está ocurriendo, las partes contingentes podrían ir mucho más allá y podrían violar mucho más de lo que lo están haciendo ya las leyes internacionales o los límites que hay establecidos paradójicamente en las guerras.
(P): Después de anunciarse ese alto al fuego en el actual conflicto en Oriente Medio comenzaban a surgir las contradicciones entre si Líbano entraba dentro o no. Estando en el propio epicentro, ¿los periodistas también sufrís esta batalla por la información que disputan las partes?
(R): Realmente no, porque cuando estás en el sitio estás viendo que no están respetando ese alto al fuego y ya conoces que el Gobierno que hay en Israel se dedica precisamente a boicotear acuerdos.
Yo he vivido en Israel y a Benjamin Netanyahu, los socios de su propio partido, el Likud, le llaman el "ángel de la destrucción", "el ángel del boicot". Es decir, es un político que se dedica a interrumpir acuerdos. Cuando hay un alto al fuego, él hace lo posible por boicotearlo y porque se rompa, que es lo que está haciendo ahora precisamente.
Está bombardeando el Líbano, que es el patio trasero de esta guerra, el segundo frente en el que se enfrentan Israel e Irán. El pobre Líbano está siendo masacrado cuando su propio Gobierno o sus propias fuerzas armadas ya no están participando en esta guerra y Netanyahu lo bombardea porque sabe que eso va a provocar que se rompa el alto al fuego. Los compañeros que ahora están en Líbano han vivido una jornada con más de 250 muertos, 160 bombardeos. Una auténtica brutalidad.
Precisamente horas después de que se apruebe el alto al fuego, ya se entiende cuál es el mensaje y cuál es la intención. Entonces no se atiende tanto a esta divergencia de informaciones de si Líbano forma parte del alto al fuego o no, porque si no formara parte del alto al fuego no se habría bombardeado de una manera diferente a la que se ha estado haciendo. En Líbano en los últimos días han estado muriendo en torno a 10-15 personas al día, que es terrible, pero lo que vimos es un cambio. ¿Qué significa eso? Que sí, que Líbano formaba parte del alto al fuego.
Es muy complejo. Es una guerra nueva, pero también una prolongación de la guerra que empezó el 7 de octubre de 2003. Sabemos cómo ha estado bombardeando Gaza y cómo bombardeaba con más intensidad después de que se presentaran las partes a negociar. Cuando Hamás e Israel se reunían de forma indirecta en Qatar o Egipto, Israel bombardeaba más duro Gaza.
Líbano es el patio trasero de esta guerra. Es una nueva, pero también una prolongación de la que empezó el 7 de octubre de 2003
(P): Netanyahu ha vuelto a demostrar que es todo un experto en saltarse treguas, pero no solo en Líbano. El pasado miércoles, un dron israelí mataba en Gaza a un periodista del canal Al Jazeera. Desde el 7 de octubre de 2023, 210 periodistas han sido asesinados. ¿Os habéis convertido en un objetivo más?
(R): Sí, los periodistas nos hemos convertido en un objetivo más en las guerras. Ya no somos simples testigos, sino que se va a por nosotros. Esto lo empecé a ver en Siria, también en Iraq, y creo que juega un factor importante el tema de las redes sociales y lo rápida que es la información. Esto ha hecho que las partes contingentes quieran tener muy controlada la propaganda y por eso temen al periodista. Quieren tener controlada esa información y por eso van a por nosotros.
El caso de Israel es más claro. No nos han dejado entrar en la franja de Gaza desde que empezó la guerra en 2023. Yo estuve en la de 2014 y en la de 2012. Israel te daba un permiso y Hamás te lo daba también. Entrabas e informabas. Esta vez, desde el primer momento se rechazó esa opción. ¿Por qué? Porque no se quieren testigos dentro de Gaza, no se quería gente que pudiera hacer fotografías, entrevistar a víctimas o reportar lo que está ocurriendo.
¿Matar a periodistas? Es un mensaje claro de 'no queremos que contéis lo que estamos haciendo y no queremos que trasladéis imágenes de las masacres que estamos cometiendo'.
(P): En estos últimos días se han comentado mucho los volantazos de Donald Trump. Incluso pareciera que comienza a marcar distancias con Israel en algunas cuestiones. ¿Veremos como Donald Trump le da la espalda a Netanyahu?
(R): Estamos viviendo una legislatura de Estados Unidos en la que está gobernando 'Mr. Caos'. Trump está tomando decisiones sin ningún tipo de aprobación ni del Congreso ni de organizaciones internacionales como Naciones Unidas. Son fruto de la improvisación y de generar caos.
El otro día, un canal francés, Arte, decía que en estos momentos Donald Trump es el mayor agente desestabilizador del mundo, superando ya a Putin. Creo que no es del todo equivocado y que lo que está provocando es un escenario mundial todavía más incierto en el que nuestro aliado histórico fundamental, que ha sido Estados Unidos, está tomando decisiones que van en contra de nuestra seguridad y nuestros intereses, como por ejemplo esta guerra.
En las guerras, los periodistas ya no somos simples testigos, se va a por nosotros
Trump y Netanyahu ahora mismo tienen intereses diferentes, aunque no coincidentes. La obsesión de Netanyahu siempre ha sido atacar Irán y las grandes potencias lo han estado evitando durante décadas. Netanyahu, desde que fue embajador en Naciones Unidas, en su primer discurso ya habló del riesgo de la bomba nuclear iraní y ya mencionó que había que atacar Irán, pero ha estado esperando a tener en la Casa Blanca un presidente afín que le apoyara en esto. Y ha ocurrido con Donald Trump.
¿Donald Trump va a dar la espalda a Netanyahu? Creo que no. Le ha dado carta blanca y que le va a dejar hacer en Líbano lo que quiera. En Irán creo que no tiene tanta carta blanca porque los iraníes tienen un poder del escenario mundial mayor que el gobierno de Líbano, que es débil y está muy resquebrajado, además de arruinado por culpa de una recesión económica. La mayor que dicen algunos medios desde el siglo XIX en el mundo.
(P): En tus últimos pasos por Líbano has estado en hospitales del Sur, donde los niños están siendo las grandes víctimas, o en edificios completamente arrasados por bombas hebreas. ¿Cómo es estar en estos focos de dolor y destrucción para los libaneses?
(R): Es triste y desolador porque la sensación que he tenido en Líbano, habiendo cubierto muchos años Israel y Palestina, es que es una Palestina 2. Es un país en el que se puede matar y no hay consecuencias. Se puede violar su soberanía, adentrar tropas, requisar tierras y tampoco hay consecuencias. Se puede arrasar una capital, barrios enteros, matar a muchos civiles y no hay consecuencias.
Es una tristeza que se esté bombardeando un pueblo que ya está desangrado. Es un país que ha sufrido la guerra de Israel de 2024; la explosión de su puerto, con todo lo que las consecuencias, que tuvo en 2020; una recesión económica tremenda, con una inflación que ha llegado a ser del 200%; ha sufrido otras intervenciones militares israelíes como la de 1982 o la de 2006; sufrió su propia guerra civil en los años 90.
Por eso me recuerda a Palestina. Todavía no se ha recuperado de la guerra de 2024 y les vuelven a bombardear. Vuelve a haber una incursión terrestre en la que la población desplazada ha sido desplazada ya varias veces. En Beirut, había gente que me contaba que era la sexta vez que se movían a una nueva tienda de campaña. Es el patrón de Gaza.
Trump le ha dado carta blanca a Netanyahu en Líbano. (...) Es una tristeza que se esté bombardeando un pueblo ya desangrado
Su Gobierno es débil. Está recibiendo unas órdenes de Estados Unidos que no puede cumplir porque le dicen que para que Israel deje de bombardear, el Gobierno libanés se tiene que encarguar de desarmar a Hezbolá. Pero el ejército libanés no tiene esa fuerza para hacerlo. Ellos cuentan que son el patio de guerras ajenas. Están a merced por un lado de Estados Unidos, que para darles financiación les exigen que desarmen a Hezbolá, y por otro, en las poblaciones del sur, muchos que son reclutas de Hezbolá, reciben dinero de Irán para armarse o defenderse. Y, además, por otro Israel les dice que para que dejen de bombardear tienen que desarmar a Hezbolá también.
Al final, el ejército tampoco quiere enfrentarse con lo que ellos consideran su gente. Ellos consideran que los milicianos de Hezbolá, que son libaneses, son su pueblo y gran parte del ejército libanés es chií y no quiere abrir una nueva guerra civil. Es un pueblo atrapado entre dos partes que han lanzado una guerra.
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