El programa Anatomía de... ha repasado la biografía de Alfonso de Borbón y Dampierre, Duque de Cádiz, quien muere degollado el 30 de enero de 1989 a la edad de 52 años. Su inesperada muerte en un fatídico accidente de esquí en Colorado supuso "el final de una vida trágica de un hombre que aspiró al trono de España" y, de manera definitiva, "truncó todas sus aspiraciones reales".

Durante la emisión del formato, la periodista y escritora Pilar Eyre, especializada en casas reales, analizó la figura del duque asegurando que "tiene un lugar tan preponderante en la historia de los Borbones como Juan Carlos". Al ser ambos nietos de los últimos reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y primos hermanos entre sí, partían de una posición genealógica casi idéntica, hasta el punto de que "cualquiera de los dos hubiera podido ser rey de España".

Eyre describe la intensa y silenciosa competencia entre ambos utilizando una rotunda metáfora literaria, afirmando que "la rivalidad de ellos dos es una tragedia de Shakespeare, que es poco conocida". Según relata la experta ante las cámaras, este enfrentamiento político y personal cuenta con "todos los ingredientes de una historia brutal que durante muchos años figuró en todas las portadas de todos los periódicos".

Aunque su padre había renunciado a sus derechos sucesorios, el Duque de Cádiz nunca perdió la esperanza y creció con la férrea expectativa de poder reinar "totalmente". Para acercarse a su gran objetivo, la escritora señala que se valió de "la astucia o la casualidad de que se hizo muy amigo de la familia de Franco", llegando a convertirse en el mejor amigo del Marqués de Villaverde, el yerno del dictador.

El movimiento definitivo en esta meticulosa escalada de poder e influencias llegó cuando Alfonso se casó con Carmen Martínez-Bordiú a los 21 años, una unión que Mamen Mendizábal define directamente como "una jugada estratégica en la lucha por el trono". El peso institucional de este enlace era indudable, ya que Carmen no solo era la hija de la única hija de Franco y su nieta mayor, sino también "la nieta favorita de doña Carmen", cuenta Eyre.

Esto le otorgaba tal posición de privilegio y poder dentro de las élites del régimen que hasta sus propios hermanos "le llamaban la princesa". Esta mediática boda materializó "el sueño del Marqués de Villaverde y de todos los azules que lo apoyaban", quienes deseaban fervientemente "que Alfonso de Borbón fuera el heredero de la corona y que fuera rey de España".

La maquinaria de su entorno para posicionarlo en la jefatura del Estado fue tan incesante y persuasiva que "Alfonso de Borbón tuvo realmente opciones y la gente lo empezó a ver como un futuro también sucesor de Franco". Pilar Eyre reflexiona en el espacio de Mamen Mendizábal sobre las enormes consecuencias históricas y políticas que habría tenido su nombramiento, afirmando con suma contundencia que, de haber llegado a ser monarca, "el franquismo se alargaría ya entonces por los siglos de los siglos".

Sin embargo, a pesar de sus altísimas aspiraciones cortesanas, su vida personal y política estuvo siempre marcada por la fatalidad. Esta cadena de desgracias comenzó con el terrible y doloroso golpe de que "Francisco —su hijo mayor— murió en un accidente de tráfico", y culminó trágicamente pocos años después en las pistas de nieve de Estados Unidos, cerrando de forma abrupta uno de los capítulos más dramáticos, ambiciosos y desconocidos en la historia reciente de la monarquía española.

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