Después de más de tres décadas cocinando en televisión, Karlos Arguiñano sigue manteniendo intactas algunas de las normas que han marcado siempre su forma de entender la cocina. Más allá de las recetas o del humor con el que acompaña cada programa, el chef vasco lleva años aplicando una filosofía muy concreta detrás de las cámaras de Cocina abierta de Karlos Arguiñano.

La confesión se produjo durante una de las últimas emisiones del espacio en Antena 3, mientras preparaba una receta de chuleta de lomo Villeroy con ensalada de pasta crujiente. En mitad de la elaboración, Arguiñano quiso detenerse unos segundos para explicar el criterio que intenta seguir con muchos de los productos que aparecen en su cocina televisiva.

"Yo procuro que todo lo que cocinemos sea de origen España, lo procuro", aseguró el cocinero ante los espectadores. Una frase sencilla, pero que rápidamente terminó llamando la atención al revelar una de las líneas que lleva años intentando mantener en el programa. El chef fue incluso más allá al hablar concretamente de la carne que utiliza en sus recetas. "Prefiero cocinar con carne de origen español en nueve de cada diez ocasiones", añadió, reivindicando así el producto nacional y la calidad de la producción española: "Así me quedo más tranquilo y damos trabajo a nuestros productores".

No es la primera vez que Arguiñano hace una defensa pública del producto de proximidad o de los productores españoles. A lo largo de los años, el cocinero ha convertido esa cercanía en una de las señas de identidad más reconocibles de su programa, alejándose del tono elitista o inaccesible que a veces domina otros formatos gastronómicos.

La confesión sobre el origen de los alimentos también ha servido para que muchos espectadores entiendan mejor la coherencia que el cocinero ha mantenido durante décadas en televisión. No solo en las recetas, sino también en la imagen que proyecta delante de las cámaras: una cocina cercana, familiar y muy ligada a las costumbres del día a día.

Detrás de esa aparente sencillez también existe una férrea manera de trabajar dentro de la producción del programa. De hecho, recientemente también salió a la luz otra de las grandes normas que el cocinero lleva años imponiendo en sus grabaciones en Atresmedia. Según explicó su hijo Joseba Arguiñano, Karlos Arguiñano evita completamente las jornadas maratonianas de grabación y siempre ha defendido una producción organizada y compatible con la vida personal. Una filosofía que obliga al equipo a trabajar con horarios muy medidos y grabaciones perfectamente estructuradas.

Esa filosofía basada en la cercanía, los ingredientes reconocibles y la defensa del producto nacional también se refleja en los datos de audiencia. Cocina abierta de Karlos Arguiñano lleva años convertido en una de las piezas más sólidas de las mañanas de Antena 3, funcionando como uno de los pilares de una franja que la cadena domina habitualmente junto a La ruleta de la suerte. El programa mantiene una audiencia especialmente fiel y estable, algo poco habitual en televisión diaria después de tantos años en emisión. 

Precisamente esa combinación entre tradición, rutina televisiva y una cocina muy ligada al día a día explica que Arguiñano siga siendo, décadas después, uno de los rostros más fiables de la televisión española. Lejos de reinventarse constantemente o seguir tendencias pasajeras, el cocinero parece haber encontrado hace tiempo la fórmula que mejor le funciona: recetas sencillas, humor, cercanía y una defensa muy clara de aquello que considera importante. Entre ello, una regla que lleva aplicando en silencio desde hace años y que ahora ha terminado saliendo a la luz.

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