La verdadera grandeza reside en quien aun pudiendo responder con soberbia, elige la empatía. Este tipo de grandeza no aparece en nadie de la noche a la mañana, posiblemente nazca en aquellos seres humanos que han conocido el verdadero sufrimiento a manos de otros y, aun así, elijen no infligir el mismo daño a nadie más. Esta semana Antonia dell’Atte ha demostrado que es una de esas rara avis que posee ese tipo especial de grandeza. Fíjate, la mujer a la que se ha pintado como una loca durante treinta años en nuestra televisión ha resultado ser un ser humano más evolucionado que la media.
Antonia denunció haber sido maltratada por su marido, Alessandro Lequio, en 1991. La España de 1991 no es la de 2026 y la violencia de género en 1991 no se trataba cómo se trata en nuestro país desde el año 2004. Antonia vivió el miedo primero y el ostracismo después. Acabó retirando la denuncia sin que se llegaran a juzgar los hechos. Años más tarde, cuando comenzó a levantar cabeza y llamo a su ex “maltratador” en televisión, este la demandó por derecho al honor. Demanda de la que Antonia se salvó porque, a pesar de haber retirado la denuncia de 1991, pudo demostrar que sus palabras respondían a la verdad.
Antonia pudo demostrar en sede judicial que llamar “maltratador” a su exmarido se ajustaba a cómo se había comportado con ella. Aportó en sede judicial una serie de cartas manuscritas donde el propio Alessandro admitía haberla maltratado. “Quisiera que no hubiera ocurrido nunca más, que nuestra relación siguiera virgen y no plagada de bofetadas y amenazas. Sin embargo, ha vuelto a suceder, en mi cabeza vuelven a la memoria todas las promesas (…) nada ha cambiado solo el hecho de que te he vuelto a pegar”. Estas palabras de Lequio otorgaron a Antonia la exceptio veritatis y por ende el derecho a llamar a su verdugo “maltratador”.
Aun así, y como pasa siempre en estos casos, su verdugo topó con quien le diera amparo, trabajo y un blindaje público de cara a la prensa. Ana Rosa Quintana, a través de su productora, y Telecinco actuaron como benefactores de la causa de Alessandro llegando incluso a dar orden, como Marta Riesco contó años después, de no cubrir declaraciones de Antonia en photocalls porque “está loca”. Primero te muelen a palos y luego construyen la narrativa de que estás loca, primero te destruyen físicamente y luego tratan de destruir tu imagen pública. Terrorífico, indecente y salvaje. Pero no solo en Telecinco y Unicorn ampararon a Alessandro: el papel de Ana Obregón fue clave.
Según cuenta ahora Ana Obregón, siempre ha defendido al padre de su hijo a cambio de nada y por el mero hecho de ser padre de su hijo. Esta defensa la llevó hasta a imputar a Antonia de forma pública un delito de falsedad documental y denuncia falsa. Ana llegó a decir sin despeinarse que Antonia había manipulado la denuncia de 1991 y que era falsa, comprando el marco ideológico que su exmarido había planteado de forma continuada durante tres décadas y convirtiéndose en parte de su brazo armado de forma pública. Antonia denunció y, antes de llegar a una condena, Ana ha preferido retractarse y disculparse públicamente con Antonia y su hijo, Clemente.
Es difícil no preguntarse si Ana ha mentido alguna vez más por Alessandro en estos 30 años. La después es: sí, Ana mintió anteriormente para ayudar a Lequio. El 8 de mayo de 1999, en el programa Crónicas Marcianas de Telecinco, Ana aseguró que Cayetano Martínez de Irujo había intentado introducir droga en el equipaje de Alessandro “para hundirle la vida”. Para entender el contexto de esta rocambolesca historia hay que entender que esta Vendetta llegaba cuando Cayetano tenía una relación con Mar Flores, expareja de Lequio. Aquella mentira de Ana terminó en una querella por injurias y calumnia por parte de Cayetano que podía acarrear a Ana hasta 5 años de cárcel.
Diez años después, en 2009, Ana convocó una rueda de prensa para desmentirse a sí misma y disculparse de forma pública con Cayetano. Con ese acuerdo Ana logó esquivar in extremis una condena. La misma jugada que ha llevado a cabo diecisiete años después. Lo que sigo sin comprender, volviendo a la disculpa de Ana a Antonia, es cómo puede una disculparse diciendo “yo no voy a entrar en si hubo maltrato o si no hubo maltrato”. Disculparse con Antonia debería pasar por validar su vivencia, por darle espacio a su dolor y dejar de minimizar su condición de víctima.
Acordándome llevo toda la semana de una portada de la revista Pronto de noviembre de 1994 que titulaba “Ana Obregón contrata un guardaespaldas para protegerse de Lequio”. ¿Alguien se querelló contra esta publicación? También me he acordado esta semana de que hace algo menos de un año, en noviembre de 2025, María Palacios salió en defensa de su marido en la revista ¡Hola! y Antonia anunció que demandaría a la gallega como había hecho con Ana Obregón. Nada más se supo de esas palabras de Antonia, seguro que pronto sabremos si esa demanda se materializó o si Antonia ha decidido abrazar sus victorias en lugar de buscar nuevas batallas. Esta semana el mundo está un poco menos manga por hombro.
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