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El Gran Wyoming se prepara para despedirse de la televisión después de más de cuatro décadas de trayectoria y veinte años al frente de El Intermedio. A sus 71 años, el presentador ha anunciado su jubilación y pondrá fin a una carrera en la que ha conseguido convertir el humor, la irreverencia y la crítica política en sus principales señas de identidad. Desde los escenarios musicales de la Movida madrileña hasta las gafas negras de Caiga quien caiga y las noches de laSexta, el comunicador ha pasado buena parte de su vida poniendo en apuros al poder desde el entretenimiento. Ahora, con Gonzo preparado para recoger su testigo a partir de enero de 2027, llega el momento de repasar la trayectoria de uno de los rostros más reconocibles de la televisión española.
La noticia se conoció el pasado jueves 5 de noviembre y fue el propio Wyoming quien la confirmó horas después ante los espectadores de El Intermedio. Fiel a su estilo, el humorista anunció su retirada entre bromas: "Mi mayor aspiración en la vida ha sido tumbarme a la bartola sin hacer nada. Solo he tardado 71 años en conseguirlo". Su despedida será progresiva y no supondrá el final del programa, que continuará con Gonzo al frente. Una decisión que cierra cuatro décadas de carrera televisiva, aunque para conocer los orígenes de Wyoming hay que retroceder a una época en la que su futuro todavía parecía estar en los hospitales, y no delante de las cámaras.
Nacido en Madrid en 1955, José Miguel Monzón Navarro, su verdadero nombre, creció en el barrio de Prosperidad y estudió Medicina en la Universidad Complutense. Se licenció en 1982 y llegó a ejercer como médico, tanto durante el servicio militar como en distintos ambulatorios de la Seguridad Social. Trabajó, entre otros lugares, en Buitrago de Lozoya, aunque pronto descubrió que su futuro profesional iba a discurrir lejos de las consultas.
En una entrevista concedida a El País en 1990, recordaba con desencanto aquellas jornadas sanitarias, marcadas por las largas esperas y la imposibilidad de atender a los pacientes con el tiempo que consideraba necesario. La medicina le había interesado desde joven, pero las condiciones en las que la ejerció terminaron por alejarlo de ella. El diagnóstico fue bastante sencillo: prefería subirse a un escenario.
Y es que, mientras estudiaba y trabajaba como médico, Monzón ya había comenzado a construir su segunda vida. En 1978 formó parte de Paracelso, una banda de rock que se hizo un hueco en el circuito musical madrileño de finales de los setenta. Eran los años de la efervescencia cultural de la capital, cuando los escenarios musicales, las salas alternativas y el humor irreverente empezaban a abrirse camino en una España que todavía estaba aprendiendo a convivir con nuevas formas de expresión.
Tras la etapa de Paracelso, Wyoming formó junto al músico Maestro Reverendo un dúo cómico-musical que recorrió escenarios de toda España. Aquella mezcla de música, improvisación y provocación fue moldeando un personaje que terminaría encontrando en la televisión su principal escaparate.
De los escenarios a las gafas negras de Caiga quien caiga
Su llegada a la pequeña pantalla se produjo en los años ochenta. Pasó por programas de TVE como Silencio, se juega, Esto es lo que hay o En la cuerda floja, además de participar en formatos musicales como ¡Qué noche la de aquel año!, junto a Miguel Ríos. Poco a poco fue abandonando el papel de músico que aparecía ocasionalmente en televisión para convertirse en un presentador capaz de sostener un espacio con su propia personalidad.
En los noventa consolidó ese estilo con La noche se mueve, en Telemadrid, y especialmente con El peor programa de la semana, una propuesta creada junto a Fernando Trueba que llegó a La 2 en 1993. El formato mezclaba entrevistas, música y humor, pero su trayectoria terminó abruptamente apenas unos meses después.
En febrero de 1994, TVE decidió suspender una emisión del programa después de vetar la participación del escritor Quim Monzó, cuya presencia había generado recelos por una intervención anterior en TV3 relacionada con la infanta Elena. Los responsables del espacio se negaron a sustituir al invitado y la cadena acabó rescindiendo el contrato. La decisión de no renovar el formato, sin embargo, ya se había anunciado semanas antes por motivos económicos y de audiencia. Aquel episodio se convirtió en uno de los enfrentamientos más recordados de Wyoming con la televisión pública.
Sin embargo, su gran salto a la popularidad llegó en 1996 con Caiga quien caiga. Telecinco estrenó aquel mes de mayo un formato de origen argentino que combinaba actualidad, sátira y reporteros vestidos de negro que perseguían a los políticos con preguntas incómodas. Wyoming se convirtió en su rostro principal, acompañado por Javier Martín y Juanjo de la Iglesia, mientras colaboradores como Pablo Carbonell contribuían a construir una nueva forma de abordar la política desde el entretenimiento.
Las gafas oscuras, los trajes negros y las entrevistas a pie de calle terminaron convirtiéndose en señas de identidad de una televisión que comenzaba a tratar a los dirigentes con una irreverencia poco habitual. Caiga quien caiga convirtió el humor político en un fenómeno popular y demostró que había espectadores dispuestos a informarse mientras se reían de quienes protagonizaban las noticias.
Su primera etapa terminó en 2002, cuando Telecinco decidió no renovar el programa alegando razones económicas y de audiencia. La decisión sorprendió al propio Wyoming, que cuestionó los argumentos de la cadena. Habían pasado más de seis años desde su estreno y el presentador ya era una de las caras más reconocibles de la televisión española.
Su trayectoria, sin embargo, nunca se limitó a los platós. También se ha desempeñado como actor, músico y escritor. Participó en películas como El día de la bestia, de Álex de la Iglesia, y Torrente, el brazo tonto de la ley, de Santiago Segura. Publicó además libros como No estamos locos, ¡De rodillas, Monzón! y La furia y los colores, donde abordó distintas experiencias personales y su particular visión de la sociedad española.
Veinte años de sátira política en El Intermedio
El siguiente gran capítulo llegó el 30 de marzo de 2006, apenas tres días después del nacimiento de laSexta. Wyoming se puso al frente de El Intermedio, un programa que comenzaba a construir su identidad alrededor de una frase convertida con los años en marca de la casa: "Ya conocen las noticias, ahora les contaremos la verdad".
Lo que comenzó como un informativo satírico terminó evolucionando hacia un espacio que combina humor, actualidad política, entrevistas, reportajes y análisis. Wyoming encontró en El Intermedio el formato más duradero de su carrera, un lugar desde el que ha abordado cambios de Gobierno, escándalos de corrupción, crisis económicas y conflictos sociales, acompañado por un equipo de periodistas, guionistas y colaboradores que también han contribuido a definir el programa.
Durante estas dos décadas, el presentador ha consolidado una imagen pública estrechamente vinculada a la crítica política y a sus posiciones progresistas. Sus comentarios sobre los gobiernos, la derecha o la extrema derecha han provocado polémicas, mientras el espacio también ha desarrollado una importante labor informativa. Lejos de esconder sus opiniones, Wyoming ha construido buena parte de su personaje televisivo sobre esa combinación de sátira y posicionamiento.
Su carrera le ha valido numerosos reconocimientos, entre ellos tres premios Ondas, el último en 2025 como mejor comunicador, y el premio Joan Ramón Mainat de 2026 por su trayectoria. Un palmarés que acompaña a un presentador que, después de cuarenta años, ha decidido que ha llegado el momento de apagar los focos.



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