La guerra judicial alrededor de Pasapalabra ha reabierto uno de los grandes debates de la televisión española. La reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre el uso del mítico Rosco y la posterior adquisición de esa prueba por parte de Mediaset han provocado una oleada de teorías sobre el futuro de Antena 3. Muchas apuntan en la misma dirección: que sin él, la cadena podría perder fuelle e incluso ver amenazado su liderazgo.

Sin embargo, los datos de audiencia y, sobre todo, la cronología real del ascenso de Antena 3 cuentan una historia muy distinta. Porque el llamado 'efecto Pasapalabra' nunca fue inmediato. Ni Telecinco se hundió automáticamente al perder el formato, ni Antena 3 empezó a liderar gracias únicamente a su llegada.

La primera prueba está en los números de Mediaset. Telecinco cerró 2019 -su último año con Pasapalabra- con un 14,8% de cuota de pantalla. En 2020, ya sin el concurso, apenas perdió dos décimas. Y en 2021, su segundo año sin el formato, incluso subió hasta el 14,9%, manteniendo además el liderazgo anual. Si la pérdida de Pasapalabra hubiese sido la causa directa del desplome posterior de la cadena, el golpe habría sido inmediato. Y no lo fue.

La cronología de Antena 3 desmonta todavía más esa teoría. Cuando Pasapalabra aterriza en la cadena de Atresmedia en mayo de 2020, lo hace sobre una televisión que ya llevaba tiempo construyendo una estrategia para convertirse en líder. La cadena ya dominaba los informativos y tenía fortalezas muy claras tanto en sobremesa como en prime time.

En la tarde, La ruleta de la suerte, Antena 3 Noticias y las ficciones diarias como Puente Viejo o Amar es para siempre mantenían una gran solidez. En horario estelar, Vicente Vallés comenzaba a recortar distancias con Pedro Piqueras, El Hormiguero era ya una referencia consolidada y formatos como Tu cara me suena, La Voz o las grandes series de la cadena funcionaban como auténticos pilares de audiencia.

Es decir, Pasapalabra no llegó para levantar una cadena hundida. Aterrizó en una Antena 3 que ya estaba creciendo y que tenía una estrategia global perfectamente definida, y el concurso fue una pieza más dentro del engranaje.

La propia evolución lo demuestra. Antena 3 no lideró como cadena hasta agosto de 2021 y tampoco lo hizo de manera estable hasta noviembre de 2021. Es más, durante meses, Pasapalabra ni siquiera consiguió imponerse de manera clara en su propia franja. Hubo numerosas ocasiones en las que Sálvame Tomate consiguió superar al concurso de Roberto Leal, demostrando que el trasvase del formato no había provocado un vuelco inmediato en las tardes televisivas.

Ahí aparece otro momento clave en la cronología: julio de 2021 y el estreno de Tierra amarga. La serie turca terminó de dar la estocada a un Sálvame cada vez más desgastado y permitió a Antena 3 hacerse definitivamente con el control de la tarde. Ese sí fue uno de los movimientos decisivos dentro de la estrategia de Atresmedia. Cuando esa pieza terminó de encajar, Antena 3 comenzó realmente a liderar. No por un único programa, sino por una suma de fortalezas perfectamente coordinadas.

Desde noviembre de 2021, ese liderazgo se ha convertido en una hegemonía. Si las cifras continúan como hasta ahora, Antena 3 va camino de cerrar en junio su quinta temporada consecutiva como líder de audiencia y acumula ya 21 meses seguidos en primera posición. Durante estas cinco temporadas, la cadena ha mantenido una audiencia muy estable, moviéndose entre el 12,5% y el 13% de share

Un programa, por sí solo, puede impulsar o reforzar determinados resultados, pero no determina la trayectoria global de una cadena. Telecinco es probablemente el mejor ejemplo de ello. En estos años de derrumbe, la cadena ha contado con formatos capaces de firmar cuotas muy similares -o incluso superiores- a las de Pasapalabra, como La isla de las tentaciones o Supervivientes, emitidos además de forma recurrente varias veces por semana. Y, sin embargo, la dinámica global de la cadena ha seguido cayendo en picado, arrastrando incluso a esos propios programas que en otros contextos habrían sido considerados éxitos incontestables.

En televisión, la diferencia entre liderar o no liderar no la marca un formato aislado, por muy potente que sea, sino la construcción de un ecosistema completo de programación: informativos sólidos, estabilidad en las franjas clave, productos que se refuercen entre sí y una estrategia capaz de adaptarse sin perder coherencia.

Por eso, más que hablar de un 'efecto Pasapalabra', los datos apuntan a otra cosa muy distinta: la consolidación de un modelo de televisión que ya venía creciendo, que supo reforzarse en el momento adecuado y que, desde noviembre de 2021, ha conseguido mantenerse prácticamente inalterable.

En ese contexto, Pasapalabra no fue el origen del liderazgo, sino una consecuencia más de una estrategia previa. Y quizá ahí esté la clave de todo: en televisión, los éxitos no cambian las tendencias por sí solos, solo las acompañan cuando la dirección ya está tomada.

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