En los 90, Eli perdió a su marido y, en mitad de la vorágine de tristeza, conoció al conocido como 'Tío Toni'Antonio Garrigós Lucas, así se llamaba de verdad, disfrazó su persuasión de amor y solidaridad y la convenció, al igual que a otras tantos, de que iba a montar un albergue para ayudar a niños "de familias desestructuradas" necesitados de protección. Así, con donaciones de distintas personas, el líder espiritual levantó la masía de Vistabella del Maestrat (Castellón) en la que fundó su comunidad pseudorreligiosa: La Chaparra.

Eli fue una de las primeras en entrar junto a su hijo Antonio, de 15 años, quien se casaría con otra mujer de la secta. Fruto de este matrimonio nacerían Sara, Gabriel y su hermana pequeña, aún menor de edad. En aquella masía, los niños crecían en el País de Nunca Jamás; de hecho, eran llamados por Toni como los Guerreros de la luz, pero una vez que comenzaban a adentrarse en la adultez, la oscuridad se abría paso

Estas tres generaciones, Eli, Carlos, Sara y Gabriel, son los protagonistas de La Chaparra (Yo nací en una secta), la nueva serie documental de Movistar Plus+, dirigida por Elena Molina, que se adentra en la dura historia de los miembros que formaron parte de la secta del 'Tío Toni', quien, durante años, perpetuó distintos tipos de abusos hasta ser detenido, en una redada a la masía, en 2022. Garrigós era acusado de ser el líder de una "secta destructiva, con delitos de abuso contra menores y adultos", pero moriría poco después de entrar en prisión, antes de ser juzgado. 

Pregunta: ¿Cómo nace el proyecto? Es una historia muy reciente que aún sigue teniendo desarrollo judicial.

Respuesta: Esta es una de las cosas más importantes que tiene el proyecto y lo que a mí me fascinó. Era muy importante hablar del pasado, pero sobre todo también del presente. Lo que estaba pasando, porque ellos estaban aprendiendo a vivir fuera y eso era muy tremendo, pero muy valioso al mismo tiempo.

El proyecto nace de la productora en En Cero Coma. Marías Recarte y Rosaura Romero ya habían hecho varias cosas de sectas y es un tema que siempre les había interesado. Marías, que es la productora ejecutiva, estaba en contacto con Miguel Perlado, el psicólogo con el que contactó Carlos al salir y la primera persona que, de alguna manera, puso la palabra secta en el mapa, porque para ellos esa palabra no existía, era su casa, su vida y su entorno.

A través de Perlado conoció a Carlos, a Sara y luego a Gabriel, y empezaron a desarrollar el proyecto hasta que se incorporó Movistar Plus+. Ahí contactaron conmigo para la parte de realización y dirección, para darle forma a ese universo más visual.

Cuando los conocí dije ‘esto hay que contarlo’. Es una oportunidad muy buena para tratar el tema de la manipulación coercitiva y de los mecanismos que actúan para terminar formando parte de un grupo así porque estaba pasando en directo. Todo el tema de las sectas es un tema muy complejo, que también es difícil de abordar sin caer en ese morbo, en esa espectacularización.

No son frikis que se meten en una secta satánica, sin personas normales como tú y como yo

(P): Supongo que el evitar ese morbo era uno de tus objetivos principales, ¿cómo fuisteis desarrollando el proyecto para lograrlo?

(R): Una de las pautas alejarnos totalmente y, de hecho, no queremos que se entienda la serie como un true crime, como contar un suceso desde lo escabroso, lo morboso, sino al revés. Teníamos muy claro que tenía que ser una historia de personajes, muy cercana y, sobre todo, que acompañase en ese momento vital para ellos.

También, con el apoyo de Perlado, queríamos ayudar a los más jóvenes que habían estado siempre allí a decodificar todo lo que habían vivido y a detectar esos patrones que se dan para que vivas en una secta. Estamos muy acostumbrados a esa idea de sectas, todo muy mesiánico, y lo que me parecía muy interesante era como estaban aislados en una masía por la que podías pasar al lado.

Uno de los pilares del proyecto era explicar que no son frikis que se meten en una secta satánica y se visten y hacen no sé qué, son personas normales como tú y como, y que esto ocurre a lo largo de 30 años, se va forjando de una forma muy sutil. A medida que te van privando de libertad, de autoestima, toda la presión de grupo y los miedos van generando un grupo sectario que deriva en secta en torno a un líder, que termina aprovechándose totalmente de las personas que están viviendo ahí.

(P): ¿Crees que este documental ha tenido un punto terapéutico para ellos?

(R): Ellos están muy felices con que se estrene el documental y para mí no puede haber más felicidad que esa. Hubo días muy duros, pero también ha sido muy bonito, creamos una especie de familia. Para ello fue muy bonito tener ese grupo de apoyo, porque les recordaba a cómo estaban allí en lo que a pertenencia a un grupo se refiere.

Pudimos ir encontrando esos puntos, viendo cómo lo íbamos a contar y reflexionar todos. Para ellos, uno de sus miedos era que la gente pensara que son unos frikis o gente rara y que por eso les había pasado todo.

Crecieron en el país de nunca jamás y, de repente, la burbuja se pincha y tienes que empezar de cero

(P): ¿Qué ha sido lo más impactante del proyecto para ti?

(R): El darte cuenta de cómo podemos llegar a estar sugestionados. Cuando creces en tu casa con tu familia las cosas se hacen de una manera, imagínate eso extrapolado a todo un código ético y moral, a normalizar unas dinámicas, unos abusos no solo físicos. Pierdes tu agencia como persona y es un proceso tan invisible, disfrazado del estar acompañado, del cariño, de esa infancia idílica que tuvieron, porque ellos crecieron en el País de Nunca Jamás. Entonces, de repente, salir de ahí, que se te pinche la burbuja y tener que empezar de cero, se me pone piel de gallina.

Como directora, como ellos estaban muy acostumbrados a trabajar con ese mundo metafórico y simbólico, quería trabajar eso en la puesta en escena, pero trayéndolo a la realidad de fuera de La Chaparra para que les sirviera para ir desbloqueando los recuerdos y esas construcciones.

(P): A lo largo de los capítulos se muestran dos realidades muy claras, la de los niños y la de los adultos, la luz y la oscuridad. ¿Cuál fue la decisión más difícil para equilibrar esas dos miradas sin traicionar a ninguno?

Lo que había en La Chaparra era toda una idiosincrasia y un mundo, era una secta familiar y no había tanta gente, oscilaba entre 50 a 60 personas. Para entender la historia de los niños había que entender la de los adultos y viceversa. El caballo de batalla del Tío Toni era el 'todo por los niños' y, de hecho, todo empieza como una obra social, con esa idea de que la infancia es el futuro y que si creamos seres de luz, el mundo irá mejor.

El personaje bisagra todo esto es Carlos porque él entró con 14 años. Él era un adolescente y entró en esta dinámica. Cuando te hacías adulto ese mundo idílico ese mundo desparecía, tenías que trabajar para construir ese mundo idílico y ahí entraba la explotación laboral, la explotación económica. Tenías que darlo todo por esos niños que venían.

Gabriel cuenta muy bien ese paso. De ser el niño mimado, privilegiado, tenerlo todo a, de repente, jornadas de 16 horas portando leña. Pero como lo habías recibido todo al ser niño, tenías que entrar en la rueda.

El caballo de batalla de 'Tío Toni' era el 'todo por los niños'

(P): El caso sigue avanzando judicialmente. Recientemente, , la Audiencia Provincial dictó sentencia y condenó a cinco de los procesados, pero todos la han recurrido. ¿Crees que el hecho de que se publique ahora el documental puede influir de alguna manera?

(R): Hemos esperado a que saliera la sentencia para el estreno, para no interferir y dejar que la Justicia lleve su camino. Nosotros le ofrecimos a las otras partes si querían participar, pero no lo han hecho.

Otra de nuestras líneas era no acusar a personas concretas, sino intentar decodificar el mecanismo y que ellos contaran su experiencia y sus procesos. Obviamente, al contar la historia aparecen figuras que han estado involucradas, pero la intención de la serie en ningún caso es interferir en la Justicia, sino dar voz al hecho de que la manipulación coercitiva existe.

Sara siempre insiste en que ella necesitaba contar su historia para hacer pedagogía y activismo y que pueda servir a otras personas. Siempre utiliza la expresión “carne de cañón”. Durante el rodaje, un día, me dijo: tú podrías ser carne de cañón. Por eso, la intención es desmitificar esa idea de secta enorme y lejana y explicar que es algo mucho más cercano y factible. Hablando con el departamento de sectas de la Policía Nacional decían que después de la pandemia hubo un repunte muy grande de estos grupos.

La serie también reflexiona sobre la necesidad de pertenecer y de sentirnos acompañados, y sobre que si no construimos redes sanas, podemos caer en estas relaciones de dependencia y manipulación.

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