Hubo un tiempo en el que reunir a diez millones de espectadores frente al televisor no era una rareza. Los grandes formatos de entretenimiento, las series de éxito o los debates políticos alcanzaban cifras hoy inimaginables, y superar el 30% de cuota de pantalla era un objetivo al alcance de las grandes cadenas. Décadas después, el panorama audiovisual no tiene nada que ver. La televisión lineal ha perdido peso frente a un consumo cada vez más fragmentado, el espectador reparte su tiempo entre múltiples plataformas y dispositivos y las audiencias masivas son una excepción. Sin embargo, hay un contenido que parece inmune al paso del tiempo: el fútbol. Y, especialmente, cuando quien juega es la Selección Española.
La conquista del segundo Mundial de la historia por parte de La Roja no solo deja una nueva estrella en el palmarés del fútbol español. También vuelve a demostrar que, en una televisión completamente distinta a la de 2010, los grandes torneos de selecciones siguen siendo el gran acontecimiento capaz de reunir a millones de personas frente a una misma pantalla.
El contraste con el Mundial de Sudáfrica resulta inevitable. Aquel verano, Telecinco y Canal+ compartían las emisiones de una selección que acabaría tocando el cielo con el gol de Andrés Iniesta. La televisión vivía entonces una realidad muy diferente: la TDT acababa de implantarse, las plataformas de vídeo bajo demanda ni siquiera formaban parte de los hábitos cotidianos y el consumo lineal seguía siendo el centro del ocio audiovisual. En ese contexto, la final entre España y Países Bajos reunió a 14,58 millones de espectadores en Telecinco, cifra que superó los 15,6 millones si se suma la emisión simultánea de Canal+ y Canal+ Liga. La semifinal frente a Alemania también superó los 13 millones, mientras que los octavos ante Portugal, los cuartos contra Paraguay o la fase de grupos firmaron igualmente registros extraordinarios.
Dieciséis años después, la televisión juega otra liga. Las cadenas generalistas ya no concentran la atención de hace una década y media, las plataformas han multiplicado la oferta, el consumo bajo demanda ha cambiado los hábitos y las grandes audiencias son cada vez más escasas. Basta comprobar la parrilla diaria para entenderlo: hoy, un programa que supera el millón de espectadores o alcanza un 15% de cuota puede considerarse un éxito. En ese escenario, las cifras del Mundial 2026 adquieren una dimensión todavía mayor.
España comenzó el campeonato con 7,3 millones de espectadores en La 1 frente a Cabo Verde y rozó los ocho millones contra Arabia Saudí. El encuentro frente a Uruguay bajó hasta los 3,8 millones al disputarse de madrugada en España, pero a partir de las eliminatorias el interés no dejó de crecer. El duelo contra Austria reunió a casi diez millones de espectadores en La 1; los octavos ante Portugal superaron los once millones en el conjunto de RTVE y DAZN; los cuartos frente a Bélgica volvieron a situarse por encima de los diez millones y la semifinal contra Francia alcanzó los 14,6 millones entre todas las emisiones. La final frente a Argentina culminó esa escalada con una media de 15,4 millones de espectadores y un 86,3% de cuota entre RTVE y DAZN, mientras que la prórroga se disparó hasta los 16,6 millones y un 89,3% de share.
Más allá de la victoria deportiva, el torneo deja otra conclusión evidente: el fútbol sigue escapando a todas las reglas que rigen hoy la televisión. Mientras la mayoría de formatos han visto reducirse de forma drástica sus audiencias durante los últimos años, los grandes acontecimientos deportivos continúan movilizando a millones de espectadores y son prácticamente los únicos capaces de monopolizar la conversación pública durante horas.
No es casualidad que las emisiones más vistas de la historia reciente de la televisión española estén dominadas por la Selección. La tanda de penaltis de la semifinal de la Eurocopa 2012 entre España y Portugal continúa ocupando el primer puesto, mientras que la prórroga de la final del Mundial 2026 se ha convertido en la segunda emisión más vista de todos los tiempos si se tiene en cuenta el consumo conjunto de RTVE y DAZN. También figuran en ese ranking la final del Mundial de 2010, la final de la Eurocopa de 2012 o la semifinal de la Eurocopa de 2008, confirmando que los mayores fenómenos televisivos de las últimas dos décadas tienen un protagonista común: la selección española.
El fenómeno no se limita, además, a los partidos de España. Este Mundial también ha dejado grandes cifras para otros encuentros de máximo nivel, como la semifinal entre Argentina y Francia o el Brasil-Alemania de cuartos, que se situaron entre las emisiones más vistas del torneo, aunque a considerable distancia de los encuentros de La Roja. Una muestra más de que, pese a la fragmentación del consumo audiovisual, el fútbol conserva una capacidad de convocatoria que ningún otro contenido televisivo logra igualar.
Entre el gol de Iniesta en Johannesburgo y la segunda estrella conquistada en Nueva York con el tanto de Ferran Torres han pasado dieciséis años en los que la televisión ha cambiado casi por completo. Han aparecido nuevos competidores, han cambiado los hábitos de consumo y las grandes audiencias se han convertido en una rara avis. Pero hay algo que permanece intacto: cuando España se juega un Mundial, millones de espectadores siguen haciendo exactamente lo mismo que en 2010. Sentarse frente a una pantalla para compartir un acontecimiento que, al menos durante noventa minutos, sigue siendo capaz de desafiar todas las reglas de la televisión.
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