El plató de Malas Lenguas se ha convertido en un auténtico polvorín al analizar el último e inesperado giro en el caso del desahucio de Maricarmen. El anuncio de que la anciana de 87 años podrá recuperar su hogar tras la insólita marcha atrás de la empresa propietaria desató un encendido debate que rápidamente derivó en un choque frontal de posturas. La mecha la encendió la colaboradora Arantxa Sánchez, quien no dudó en atribuir todo el mérito de la resolución al alcalde de la capital, lanzando de paso un dardo al Ejecutivo central: "Bravo por Almeida que gracias a él, y no a Pedro Sánchez, Maricarmen va a poder volver a su casa".
"Que recojan el chiringuito y todas las litronas"
Esta audaz afirmación desató instantáneamente las risas generalizadas de sus compañeros de mesa. El plató al completo reaccionó con visible estupefacción ante el intento de la colaboradora de colgarle la medalla del rescate al regidor madrileño. Sin inmutarse por las sonrisas y la incredulidad del resto de analistas, Sánchez continuó con su intervención alabando que desde Cibeles apuestan por "menos propaganda y más hacer cosas".
Tras afear a la izquierda que "cuando hay que gobernar no lo hacéis", Sánchez exigió el desalojo inmediato de la histórica protesta: "Y los de la Puerta del Sol que vayan recogiendo el chiringuito y todas las litronas que han dejado por el suelo y se vayan a su casa okupa".
La defensa contractual de Urbagestión: "¿Le pasamos por la guillotina?"
Las palabras de Sánchez provocaron la estupefacción del resto de la mesa. Cuando se le interpeló sobre qué había hecho exactamente el regidor madrileño para revertir la situación, la tertuliana justificó que "Almeida ha negociado con el fondo buitre o este grupo Urbagestión".
El punto de mayor fricción llegó al intentar excusar por qué el Ayuntamiento no paralizó el lanzamiento antes de que ocurriera. "Pero porque hay que cumplir unos contratos y llevaba 20 años de prórroga de un contrato", defendió Sánchez, que en un tono vehemente llegó a equiparar a la empresa con un particular para legitimar sus acciones legales: "Si en vez de Urbagestión el dueño es Manolo Pérez, ¿qué hacemos? ¿Matamos a Manolo Pérez, le pasamos por la guillotina? Porque él también tiene derecho. Y la empresa Urbagestión también tiene derecho, no por ser una empresa no los tiene".
De verdad, yo creo q la llevan para reírse de ella…🤦🏻♂️ pic.twitter.com/7VzjVBVtQB
— Davizz66 🔻 (@recuncho34) September 29, 2026
Santaolalla zanja el debate: "Han reculado por su imagen"
La réplica no se hizo esperar y llegó de la mano de su compañera Sarah Santaolalla, que desmontó punto por punto el relato institucionalista de Sánchez. "¿Y por qué no lo hizo antes de que la echaran?", cuestionó en un primer momento, subrayando que si el alcalde realmente tuviera el poder de solucionarlo de un día para otro "lo podría haber hecho hace mucho tiempo, porque Maricarmen lleva pasando un calvario 10 años".
Santaolalla rechazó tajantemente que la empresa o el Ayuntamiento fuesen los benevolentes salvadores de la historia: "Realmente quien ha permitido, porque se ha rendido ante la presión popular que Maricarmen vuelva a su casa, es Urbagestión, no Almeida". Para la analista, la única causa real de este cambio de guion ha sido la histórica movilización en las calles de Madrid. "Hasta que no han salido el Sindicato de Inquilinas y los ciudadanos de esta ciudad a protestar, acampar, a denunciar y a señalar al poder político y empresarial, aquí no ha pasado nada", argumentó con firmeza.
Lejos de creer en la buena voluntad del fondo, Santaolalla acusó a la compañía de actuar por mero interés corporativo tras verse expuesta y retratada mediáticamente. "Hasta que no se ha dicho los nombres de Urbagestión, la empresa se ha señalado a las dos personas responsables, aquí no ha pasado nada", recordó la colaboradora, advirtiendo de las verdaderas intenciones de la compañía: "Lo que ha pasado es que cuando se ha señalado y se ha denunciado, esta gente ha reculado por su imagen. Y solo lo han hecho por ellos, para poder seguir comprando pisos a precios muy baratos y especular".
La analista cerró su contundente exposición con una frase lapidaria sobre los grandes tenedores que arrancó el silencio de la mesa: "Porque a mí, qué quieres que te diga, rentistas, ninguna pena".
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