Lucía Etxebarría aseguraba estar dispuesta a hablar de "machismo" a través de su cuenta de X -anterior Twitter-. Sin embargo, y tras afirmar con acierto que "las mujeres podemos vestirnos como nos salga del mismísimo", terminaba escribiendo un hilo sobre el escote de Sarah Santaolalla. "Sabemos el mensaje que damos con una ropa o con otra", arrancaba, responsabilizando a las mujeres de cuestiones como la sexualización.
La escritora arrancaba el hilo comparando su apariencia con la de la analista política: "Si veis mis fotos de joven, yo tenía el mismo fenotipo de esta chica. Morena, cabello muy largo, ojos muy negros, mucho pecho, muy delgada. Yo sabía perfectamente cuándo debía de vestirme de una manera y cuándo de otra. Y sabía que tenía un tipo de cuerpo y de cara con el que era fácil que cualquier atuendo se sexualizara"
Así, Etxebarría asumía que ciertos cuerpos son inherentemente sexuales: "No es lo mismo llevar un escote así si eres rubia y plana que llevarlo si eres tetona y morena de ojos negros". Es decir, el problema ya no sería el escote, sino el propio cuerpo.
La colaboradora citaba entonces dos personajes de uno de sus libros que, a su juicio, "saben muy bien cómo deben vestirse": "Rosa sabe que para trabajar en donde trabaja no le conviene que se vea mucho su cuerpo, porque quiere que se la tomen en serio. Cristina sabe que debe vestir más o menos sexy en la barra, porque así consigue más propinas". Así, emplea uno de los mecanismos clásicos del machismo: desplazar la responsabilidad de los prejuicios o premisas machistas a la mujer, perpetuando esos 'si quieres que te tomen en serio, no deberías vestir así'.
Vamos a hablar de machismo.
— Lucia Etxebarria (@LaEtxebarria) July 2, 2026
Las mujeres podemos vestirnos como nos salga del mismísimo.
Pero sabemos el mensaje que damos con una ropa o con otra.
Abro hilo 🧵 sobre el escote de SantaOlalla pic.twitter.com/vY5mxnAAj1
"De la misma manera un hombre sabe que a la oficina tiene que ir de traje de chaqueta, pero que si sale de marcha por la noche se puede poner una camiseta ceñida, marcando músculo", trataba de justificar. Consciente de que le pueden "llamar antifeminista por señalar que el escote de esta chica no es adecuado a su discurso", sostenía que se debería al "nivel de delirio colectivo" alcanzado por la sociedad.
"Y eso no es feminismo. Es manipulación banal del discurso feminista clásico, que trataba de otras cosas muy distintas. El porqué ella ha decidido ponerse ese escote se me escapa ¿No tiene espejos en casa? Es un escote que sería perfecto para ir al Sonar, o al Sonorama o al Low festival", arremetía. Y daba una nueva lección: "Pero si vas a hablar de tu padre y de los grises con ese escote nadie te va a hacer ni p*** caso". De nuevo, condicionando la credibilidad intelectual de una mujer a su apariencia.
Por último, cerraba con otro 'paralelismo' con los hombres: "De la misma manera, si un hombre me estuviera intentando hablar de la necesidad de mantener la acusación popular en un contexto en que la fiscalía en España depende del ejecutivo, y lo hiciera con una camiseta de malla, probablemente yo tampoco me lo tomaría muy en serio".
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